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DESDE EL SUR

El uso de la ropa (una manifestación semiótica)

ÁNGEL NÚÑEZ SOBRINO / ESCRITOR   | 16.02.2020 
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La ropa señala, con mucha frecuencia, la procedencia social, pero, sobre todo, el momento actual en que se produce, la "atmósfera" de los tiempos en que aparece. Parece increíble que lo que cubre la piel tenga múltiples funciones y códigos. El hecho de vestirse no posee una corresponencia exacta con lo que se es realmente; con frecuencia la ropa se la usa como directa apariencia para marcar una diferencia y una distinción, y señala así una pretensión. El aparentar para subir de categoría y de status conduce a la pretensión, que constituye uno de los motores sociales más potentes de fingimiento, vanidad y aceptación por parte de los demás con una finalidad concreta.

También es verdad que vestirse de una determinada manera señala un aspecto psicológico de cada cual. Cada cual se estudia a sí mismo en el espejo. El estudio del tipo físico individual influye, claro, en el modo de ropa que se ha de llevar, y esto se nota más en las ciudades, por la abundacia de los escaparates, que en los ambientes rurales, en que la obediencia de lo que aparece en las ferias se dirige a lo común y abundante en los tejidos en serie. En la moda existe el vestido real y el vestido dibujado.Y con ello el milagro y el proceso de la creación en sus modos y momentos correspondientes : la ocurrencia, la idea, el uso, el sentido práctico, el añadido, la aportación, el acierto, la necesidad... Lo que nos lleva a algo tan interesante como las décadas y sus ropas, y las décadas y sus modas, y con ello el estilo, la mirada y la memoria. En Galicia tenemos la enorme obra textil de Adolfo Domínguez y la labor de Jorge Vázquez, el nuevo director creativo de Pertegaz. Y en Francia a la eterna Coco Chanel.

El pasillo de los que exhiben la moda en la pasarela ofrece siempre un espectáculo de belleza. Ellas y ellos provocan la admiración, el lenguaje y la fama. Los antecedentes materiales son el papel y la tela. También la fotografía y las revistas de moda; Vogue es un emblema. ¿Cuál es la función del vestido? Primordialmente usarlo y lucirlo. Lo acompaña también un grado de vanidad y la necesidad de aprobación de los otros desde el buen gusto. Pero no todo pertenece a la vanidad, que puede tener un grado legítimo. Muchas personas encuentran en la adquisición de ropa alivio o solución a su soledad, crisis personal o frustraciones. Viene entonces, psicoanalíticamente, una manera de compensación, e, incluso, una manera de neutralización. Detrás del uso de la ropa existe un hedonismo; pues el hecho de ir a ver ropa; entrar en una tienda y permanecer allí un tiempo a muchas mujeres les encanta, y saltan a la tienda siguiente. ¿Es acaso la suavidad de las telas que les recuerda a la caricia humana, a lo cálido y afectivo, pero también a lo sensual?. No me extrañaría nada. He aquí una manifestación de buen signo.

En la ropa no es tanto la frecuencia de lo que se lleve, que es una manera de aprobación por parte de los consumidores, como también las marcas concretas. Como cosa mítica no admiten análisis; ahí están como ejemplo Gant, Calvin Klein y Tommy Hilfiger, etc; sino que se conciben como única unidad, como nombres propios de prestigio y como referencias del deseo. ¿Hemos pensado alguna vez en la experiencia psicológica del estreno de una prenda de moda?. Su semiótica es una clara integración en la sociedad.

El buen momento económico de la moda conecta con la calidad del material textil. El vestir a la moda relaciona al sujeto que la usa con la actualidad, en todos los sentidos, con estar ligado a una aprobación social desde la dimensión de lo correcto. Bienvenida la ropa: esa "cons­trucción" que tanto tapa y protege al cuerpo, como lo resalta desde ese "lienzo" adaptado y anatómico que es el traje. Con la moda en los escaparates viene la excitación de los sentidos y la apetencia hacia una adquisición. La moda no es una manera permanente de exhibición, ni tampoco evolutiva. Es una manifestación de inventivas, de ocurrencias de tijeras, tizas y papeles que podrían quedar bien en un cuerpo concreto, y en todos los cuerpos en general, y donde el detalle, el patrón de costura, y la talla exacta contribuyen a su éxito.

La proyección de afecto hacia determinada ropa con frecuencia se explica por las vivencias gratas que se han tenido con ella. Funciona como un grato perfume del recuerdo; sin excluir lo bien que queda en un cuerpo y el ostentar colores que nos son preferidos. Los vestidos antiguos en los museos y en los frescos italianos constituyen una reserva para conocer mejor la Historia, y en concreto la Historia del Arte. La ropa es signo y sujeto del lenguaje cotidiano. La ropa y la moda llevan camino de ser una transformación indefinida. La ropa y la moda disponen ya de un libro magnífico desde 1967: Systéme de la Mode, de Roland Barthes. En la biografía de cada cual sí existen los fotos con aquella moda que ya no volverá, porque está en un tiempo que ya nos pasó. Prosigamos nuestro vestir con acierto.