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La escultora Vinnie Ream, en el Capitolio

    en el verano del pasado año la Cámara de Representantes del Congreso de los EE. UU. aprobaba por mayoría el traslado de una docena de estatuas que forman parte de la colección de esculturas del Capitolio, compuesta por un centenar de obras situadas en diferentes puntos del edificio y de las que 35 están expuestas para la contemplación, desde hace siglo y medio, en el Salón Nacional de las Estatuas, un espacio semicircular de grandes dimensiones que incluye dos plantas.

    Las obras objeto de esa retirada representan a personajes del bando de los confederados de la Guerra de Secesión Americana. La decisión se producía a raíz del estado de opinión creado en el país a partir de las protestas contra el racismo y de los incidentes que llevaron a un nuevo debate sobre el pasado colonial y esclavista americano. El cambio incluía la colocación de las obras en otro destino, bien en los museos de los estados de origen de los representados o en los centros museísticos dependientes de la Fundación Smithsoniam de Washington D.C.

    Remontándonos a los orígenes, la histórica colección se fue creando por las donaciones de los estados correspondientes, en la medida en que se fueron incorporando territorialmente y el conjunto escultórico se amplió, en su variedad incluyó nombres destacados de la historia americana. Esa noticia, y todo lo que ha sucedido recientemente en el Capitolio, me llevó a recordar los comienzos de la colección y a una de las primeras escultoras testigo de sus inicios: Lavinia Ellen Ream Hoxie (1847-1914), conocida como Vinnie Ream, autora de dos destacadas obras que se encuentran en ese recinto institucional: la primera dedicada a Abraham Lincoln y la segunda denominada Sequoyah, en honor al nativo americano del mismo nombre, creador del alfabeto cherokee.

    Vinnie Ream es, sin duda, una de las grandes precursoras en el campo de la escultura y sus inicios en la profesión sucedieron a una edad temprana. Fue la primera mujer artista en recibir un encargo oficial del gobierno de los EE. UU. y, a pesar de su juventud, esa cuestión no sería impedimento ya que pronto destacó por sus habilidades para el modelado y la música. Formada en el taller del escultor Clark Mills, en la capital estadounidense, colaboró en la realización de retratos y bustos de políticos y dignatarios, por esas circunstancias se introduce en los círculos influyentes de la ciudad.

    Su temperamento, creatividad y carisma enseguida le proporcionan notoriedad. Era entonces una joven que trataba de abrirse paso en el mundo de la escultura, cuestión complicada en una sociedad extremadamente estricta y para la que ya demostraba grandes dotes y habilidades; fruto de esas relaciones y oportunidades surge la petición oficial del encargo de un busto que representaría al entonces presidente Abraham Lincoln. La escultora tuvo la ocasión de visitarle a diario, ganándose su confianza, y él posaría para ella media hora al día, durante los que serían los últimos cinco meses de su vida.

    Gracias a esa experiencia recibió en 1866, por parte del Gobierno, el encargo de una obra más ambiciosa que reflejaría la imagen del presidente Lincoln, esta vez a tamaño real. La escultura se realizaría en mármol blanco de Carrara y, para la concreción de ese fin, la artista se trasladó a París y Roma con el objetivo de profundizar en el tratamiento del material y en el conocimiento de la escultura clásica.

    En el viaje, acompañada por su familia, portó un boceto en yeso de lo que sería la futura escultura. En el tiempo que permaneció en Europa frecuentó el taller del artista Léon Bonnat, llevando a cabo los retratos de Franz Lisz y Gustave Doré. Una vez terminada la obra regresó a Washington y en 1871 la monumental estatua, en pie y levemente inclinada la cabeza en la que sorprende la expresión reservada y adusta del rostro, fue colocada en la rotonda del Capitolio.

    Entre otras obras de la escultora sobresalen las dedicadas a los generales Ulysses S. Grant y George A. Custer. Es especialmente notable la pieza monumental de carácter público que recuerda al almirante de origen español David Farragut, que da nombre a la plaza situada en el centro de Washington, cuyo encargo en 1881 obtiene mediante concurso público.

    La última de las realizaciones de Vinnie Ream, Sequoyah, modelada en bronce entre los años 1912 y 1914, adelanta por su intencionalidad los principios a favor del pasado americano y de sus culturas autóctonas. Es remarcable el reconocimiento de la escultora en vida y su entrada en 1909 en el International Council of Women. El Smithsoniam American Art Museum nos aporta desde sus colecciones la imagen de esta mujer, pionera por excelencia, a través del retrato (c.a. 1870) pintado por Georges Peter Alexander Healy.

    08 feb 2021 / 00:00
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