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Pazo de Vilane: la pyme que revitalizó la Galicia vaciada con sus huevos camperos

Hace 25 años una familia de origen gallego afincada en Madrid volvió a su Pazo agrícola en la comarca de A Ulloa, Lugo (legado familiar desde el XVIII) para emprender una gran aventura empresarial y lanzar al mercado español un producto inexistente hasta entonces: los huevos camperos.

Pazo de Vilane empezó con 50 gallinas en 1996 y en 2021 ya suma 190.000. Un cuarto de siglo más tarde, sigue siendo pequeña y sostenible, como prefieren sus fundadores, pero sus huevos de campo están en todas las grandes superficies de España y en más de 150 comercios de proximidad de Madrid y Galicia.

Lugo es la provincia gallega menos poblada y una de las menos desarrolladas desde el punto de vista económico. Frente a las pujantes ciudades del llamado Eje Atlántico - Vigo, Pontevedra, Santiago y A Coruña- la Galicia interior se defiende del envejecimiento de la población (una de las más avejentadas de Europa, con una media de 58,9 años) y trata de encontrar ideas que detengan el inexorable éxodo de sus jóvenes.

En 1996 este panorama era semejante, o incluso peor. La comarca de A Ulloa estaba en franca decadencia. Al igual que el bello conjunto cultural histórico Pazo de Vilane, formado por varias fincas y un edificio recogido en el Catálogo del Patrimonio Cultural de Galicia, que había pertenecido a los Varela-Portas desde el S. XVIII.

Lejos de seguir las tendencias empresariales de finales de los 90, es decir, la inversión en el sector inmobiliario, industrias cementeras o proveedoras de la construcción, o incluso en start ups de Internet (que por entonces despegaba tímidamente en España) la familia decidió volver a su Lugo natal para poner en valor las tierras del Pazo.

Los comienzos no fueron fáciles porque Pazo de Vilane introdujo un concepto único y totalmente novedoso para el consumidor: los “huevos de casa” (como se conocían en Galicia) o huevos camperos de gallinas criadas en libertad, producidos como se hacía antaño. Había que explicar al consumidor por qué ese concepto era revolucionario, y los beneficios que aportaba.

El enfoque era totalmente contracorriente: las gallinas, en vez de encerradas en jaulas dentro de naves, sin ver jamás la luz del sol ni respirar aire puro (como el 100% de la producción avícola de entonces), pasarían las horas de luz pastando en los verdes prados del Pazo lucense, y se criarían con una alimentación esmerada y bajo exhaustivos protocolos de bienestar animal.

Hoy día muchas empresas siguen estos criterios, pero entonces todo este plan de negocio sonaba a auténtica utopía. ¿Una producción 100% sostenible y rentable?

«Desde el principio vimos claro que nuestro producto debía ser honesto, esto es, que ofreciera lo que prometía. Pastoreo diario de las gallinas en amplios prados verdes, cuidados exhaustivos en los gallineros proporcionados por los mismos granjeros, granjas pequeñas, lotes reducidos de gallinas... Y eso es lo que hemos hecho desde 1996. No nos hemos dejado tentar por cantos de sirena, ni hemos crecido a costa de sacrificar el modelo. En eso consiste la verdadera sostenibilidad: en crecer sin comprometer los recursos del futuro, permitiendo el arraigo de la gente en su tierra», apunta Piedad Varela-Portas, cofundadora y directora de Comunicación y RSC de Pazo de Vilane.

«Comenzamos vendiendo los huevos por la comarca, llamando a las puertas de cada pequeño comercio de la zona. Pero un año después, los centros de El Corte Inglés de Vigo y La Coruña entendieron nuestra visión: un producto natural, con auténtico sabor, presentado en una caja cuidada y de bonito diseño, totalmente diferente al de las demás marcas de huevos... Ese fue el gran salto. Desde ahí se nos fueron abriendo poco a poco más puertas: el resto de centros Corte Inglés de toda España, Alcampo, Carrefour, DÍA, Gadis, Eroski, Sánchez Romero, BM... y paralelamente, íbamos creciendo en nuestra red de comercios de proximidad».

Pazo de Vilane hoy forma parte del comprometido tejido industrial de la Comarca de La Ulloa, donde están afincadas otras pequeñas empresas que tratan de crecer en la Galicia vaciada: Jim Sports, Alibós (exportadora de castañas), las numerosas queserías adscritas a la DO quesos de Arzúa-Ulloa, o las fábricas artesanas de panes de la Ulloa...

Según el servicio de información empresarial Ardán, La Ulloa es una de las comarcas gallegas donde más ha crecido la riqueza de sus empresas entre 1996 a 2015. Sin duda, Pazo de Vilane, con sus 48 empleados actuales, una producción de 4.200.000 docenas o cajas de huevos camperos en 2021, y 7 millones de facturación, ha contribuido mucho a este gran hito.

21 jul 2021 / 14:00
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