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¿Te empeñas en cambiar a los demás?

    ¿cuántas veces has intentado cambiar a otra persona en lo que hace o dice?

    Por ejemplo: tu pareja se cambia de ropa, y tiene por costumbre dejarlo todo tirado. Por más que has inventado mil y un trucos para hacérselo fácil y ponga cada cosa en su sitio, no lo consigues.

    ¿Sabes porque ocurren estas cosas? Pues, porque con frecuencia no tenemos en cuenta algo muy importante, y es que nadie cambia si no quiere por mucho que nos empeñemos. Perderás fuerzas y energía buscando un cambio que no sucederá, a menos que la persona quiera cambiar.

    Lo que sí es seguro es que solamente puedes hacer cambios en ti mismo.

    “Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo”.

    León Tolstói

    Te invito a reflexionar sobre este cuento,

    Un rey caminaba por un pueblo rocoso, se enfadó y dijo: “quiero que maten todas las vacas y que alfombren todo el pueblo”. Se juntaron los sabios del lugar y le dijeron: “muy bien, rey, tenemos que matar diez mil vacas, curtir todo el cuero y en diez años tendremos alfombrado todo el reino para que nuestro rey no se lastime”. Entonces, un bufón le pidió permiso para decir algo y el rey accedió: “¿por qué no matan una vaca, le sacan el cuero y le hacen unos zapatos al rey?

    Pero ¿Por qué pretendemos cambiar a otros? Porque siempre será más fácil intentar que los otros cambien que hacerlo nosotros mismos. Por otra parte, cuando una persona no conoce más mundo que aquel en el que vive, intentará que lo externo encaje con su manera de pensar. Defiende que las cosas son como piensa porque son las únicas que conoce y, además, le asusta salir de su zona de confort.

    Te invito a que pienses si alguna vez han intentado cambiarte a ti. ¿Cómo te sentiste? ¿Cambiarías solamente porque alguien te lo pidiese? ¿Por qué entonces quieres cambiar a otros?

    El cambio de uno mismo es posible, el ajeno ¡es incierto!, porque la otra persona cambiará solamente si quiere.

    ¿Qué podemos hacer entonces?

    No le digas al otro lo que tiene que hacer o dejar de hacer. Dile lo que te hace sentir aquello que hace o no hace. Recuerda que el otro no es adivino y si no le hablas de tus sentimientos no puede saberlo.

    Ejemplo: “Cuando tú haces o dices...X...yo me siento....Y”.

    Cuando hablas desde lo que te pasa a ti, sin atacar al otro, el mensaje se recibe de manera diferente, aunque no es garantía de que la otra persona vaya a cambiar.

    Si quieres consultar tu caso puedes hacerlo en consulta@otiliaquireza.com. Estaré encantada de poder ayudarte.

    05 ago 2021 / 01:00
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