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|| nosotros y cía ||

Un gigantesco y apestoso retrete medioambiental

Tengo sentimientos y sensaciones contrapuestos, y hasta diría que contradictorios tras la celebración de la COP26, que acaba de finalizar en la ciudad escocesa de Glasgow.

Por cierto, ¿saben lo que significan las siglas COP?

Conference Of the Parties o Conferencia de las Partes, en español. Es decir, la reunión anual auspiciada por la ONU de los 196 países más la Unión Europea que conforman las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

Y aunque su celebración sea anual, la verdad es que solo tenemos conciencia de algunas de ellas, como la de Kyoto, París, y esta reciente en Reino Unido.

Una de las más importantes fue la COP 3, la de Kyoto, donde por primera vez se manifestó una conciencia global de problema. Se marcaron objetivos para una reducción del 5 % de las emisiones netas de gases de efecto invernadero para los principales países desarrollados y en transición.

¿Y qué se hizo desde aquel ya lejano 1997?

Muy poco, o nada, ciertamente. Eso sí, mucha palabrería y buenas intenciones.

Así nos va, con un cambio climático imparable que empezamos a sufrir en toda la Tierra con desastres medioambientales y millones de muertes anuales a causa de la contaminación y los eventos meteorológicos adversos.

En 2015 se celebró otra de esas cumbres del clima que iban a marcar un punto de inflexión. Fue la COP 21, la del Acuerdo de París, cuando se acordó el objetivo de reforzar la respuesta a la amenaza del cambio climático manteniendo el aumento de la temperatura mundial en este siglo muy por debajo de los 2 grados centígrados sobre los niveles previos a la industrialización, y proseguir los esfuerzos para limitar aún más el aumento de la temperatura a 1,5 grados centígrados.

¿Y?

Pues lo mismo de antes. Que seguimos igual, con nuestros gobernantes, los anteriores y los que vendrán echándose las manos a la cabeza sin tomar las decisiones estratégicas y coyunturales que puedan permitir a nuestros nietos vivir en un mundo algo más habitable.

Eso sí, en esta COP se ha prometido muchísimo dinero, billones de dólares, hasta lo indecible para poder desarrollar esas políticas que permitan frenar la emisión de gases de efecto invernadero, cambiar nuestra manera de concebir y vivir el mundo y, ya en un ensueño, no solo frenar, sino disminuir el aumento de la temperatura media.

Hasta 450 entidades financieras mundiales decidieron poner a disposición de todas esas políticas nada menos que 130 billones de dólares, unos 112 billones de nuestros euros, con un objetivo principal de propiciar la descarbonización del planea.

Sí, dinero no falta. Ahora solo queda que se emplee convenientemente. Al menos, por favor, que se emplee.

Porque los ciudadanos queremos, pero voluntad en nuestros políticos no veo otra que aparecer en una foto de líderes todos satisfechos bien comidos y dormidos y engrandecidos por la unión frente al desastre climático.

Bueno, unión relativa. Ya saben que ni Rusia, ni China, ni India, tres de los mayores contaminadores estuvieron en la COP, y ya me dirán ustedes que esperan de negacionistas como Bolsonaro o López Obrador y otros muchos.

En definitiva, no me creo nada. ¡Qué pena!

Y sí, no sé cuántos países y marcas automovilísticas (bueno, sí lo sé: 30 países y 6 grandes constructores de vehículos) pactaron dejar de producir vehículos de combustión en 2035. ¡Qué bien!

Pero luego ves a los mandamases llegar a Glasgow en aviones privados; Boris Johnson viajó hasta Londres para una cena privada con amigos en un jet en plena cumbre. Ninguno utilizó el tren o un transporte ecológico.

¿Que se marquen objetivos?, fenomenal; ¿qué se pongan ingentes cantidades de money, money, money, como decía Liza Minelly en Cabaret, maravilloso.

Pero ahora veremos cuántos países mutan sus políticas medioambientales, invierten en un futuro mejor y más limpio, natural y menos contaminante, porque no sé si ustedes lo saben, pero ningún acuerdo compromete a nada.

¡Qué impotencia!

Estaremos nosotros entre esos mil millones que sufrirán calor extremos si la temperatura sube 2 grados.

¡A ver si espabilamos!

|| las claves una a una ||

1 Entrevista, Qué bien comencé la semana, disfrutando de la entrevista que Pablo Motos le hizo el lunes a Isabel Díaz Ayuso en El Hormiguero. Hay que ver las tablas de esta chica, con que facilidad se desenvuelve en las distancias cortas, medias y largas. Una luchadora nata.

2 El follón. El presentador y productor volvió a hacer gala de su habilidad para de vez en cuando brindarnos uno de esos momentos estelares y actuales. Porque la situación entre la dirección del PP y la presidenta madrileña es de crisis en toda regla.

3 Tercero en discordia. Yo a José Luis Martínez-Almeida, al que estoy convencido que enfrentar artificialmente con Ayuso, lo veo como un poco títere ahora. Porque si alguien es consciente del poderío de doña Isabel en la Comunidad de Madrid, ese es él, y no le veo tan necio como para defenestrarse del cómodo y bien ganado puesto de alcalde.

3 Miedo. ¿No será que hay miedo en la dirección al crecimiento personal y político de una gran líder?

|| Lo mejor

difícil Esta es una de esas semanas en las que lo mejor vuelve a ser el tiempo, a falta de noticias más o menos agradables que me vengan a la cabeza y sean dignas de estar en esta microsección. ¡Qué sol más rico! Y por lo menos continuaremos con esta situación de estabilidad hasta el viernes de la semana que viene si la física no nos desmiente.

¡Gracias, anticiclón de las Azores!

y Lo peor ||

hedor El visto bueno del magistrado Enrique Arnaldo para el Constitucional ha puesto de manifiesto la poca altura política y la inapreciable ética de socialistas y populares. Los segundos los propusieron, los primeros lo permitieron. Eso sí, dicen que con la nariz tapada. No sean hipócritas, voten no y dejen sus conciencias tranquilas. ¿Qué se oculta tras este apestoso y nauseabundo acuerdo?

|| La foto de la semana ||
De crisis a crisis y tiro porque...

Por la alcantarilla macroeconómica se fueron todos nuestros sueños. Cuando parecía que salíamos de la crisis de 2008, aparece como de la nada una pandemia que da al traste con un futuro que empezábamos a vislumbrar de nuevo. Adiós a la producción, al desarrollo, a nuestra paz y nuestra convivencia. Todo se muestra de color gris y nuestras cuentas se visten de luto. Los PIB de todos los países de hunden, los índices industriales se desploman y los precios se disparan hasta límites insospechados. El pasado mes de octubre los precios eran un 5,4 % más elevados que un año antes, y todo por culta de las energías (electricidad, gas, hidrocarburos) y especuladores. Por si fuera poco, el Gobierno miente como un bellaco desalmado y prepara el recorte de las pensiones en varios flancos, computo global, edad de jubilación o nuevas cotizaciones. ¡Y nuestros jóvenes sin trabajar!

14 nov 2021 / 01:00
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