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Linaje Caballero-Avalle. Visita y recuerdo a una casa gallega de abolengo

El pintor Juan Zúñiga Caballero nos abre las puertas de las residencias de su familia en Vigo para conocer y desgranar la historia y la memoria de su parentela. Una de las casas gallegas de mayor tradición y raigambre

ROMÁN PADÍN OTERO  | 29.06.2008 
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Tanto el padre como la madre de Juan Zúñiga forman parte de conocidas familias de la provincia de Pontevedra. En concreto, la madre, Gloria, pertenece al linaje de los Caballero-Avalle, una estirpe que tiene orígenes remotos en el héroe romano Lisidas, quien se asentó en Galicia fundando los antecedentes de la Casa Infantada de Fiolledo y que data sus anales desde el siglo XI.

 El nombre latino evolucionó hacia el apellido Listas y cuenta la historia de la casa que en el siglo XI, bajo el reinado de Alfonso VI, el antepasado de la estirpe Álvaro de las Listas hizo una petición al Rey. Y siendo gravoso lo que el noble pedía a su señor, que no era sino que intercediese por otro cortesano injustamente deshonrado, el Rey, que se encontraba en Asturias en el valle de la Sierra, miró al infinito y exclamó: ‘‘¡Ah valle, a lo que me obligas!’’. Desde entonces los descendientes del solar de Fiolledo se llamaron Avalle.

En el siglo XIV, la casa se emparienta con los Sotomayor y, en generaciones sucesivas, con los Marrán, Sarmiento, Pereira de Castro, Altamira y Mariño de Lovera. Tras el fallecimiento en 1915, sin descendencia directa de Manuel Avalle Pereira de Castro, sus mayorazgos y patronatos de las casas de Fiolledo, Marrán, Salceda de Caselas y Reboreda pasaron a su sobrino, el notario Abel Caballero Avalle. Padre de Indalecio Caballero y Moure, primogénito y sucesor de los títulos de la casa, quien se casó con Gloria Quinteiro Alonso.

Del matrimonio nacieron siete hijos, entre ellos Gloria, la madre de nuestro anfitrión.

Gloria, licenciada en Educación Física, se casó en el año 1955 con Francisco Javier Zúñiga Antón, procurador de los tribunales y relevante miembro de la sociedad ponteareana. En el día de la festividad del Pilar contrajeron matrimonio en la Parroquia de San Miguel, en el ayuntamiento de Ponteareas. Fue un acontecimiento social que ocupó páginas de los periódicos de la época.

Tras la luna de miel en la capital de España, el matrimonio pasó parte de su vida conyugal en esa villa, lugar de residencia de numerosas familias ilustres propietarias de pazos, que a lo largo del siglo XIX trasladaron sus residencias al núcleo urbano, haciendo de la villa ponteareana una de las más bonitas de Galicia. Más tarde, al principio de los años setenta, el matrimonio se trasladó a Vigo, donde actualmente reside Gloria y varios de sus hijos.

La casa familiar del padre en Ponteareas era una sólida y monumental casona del siglo XVII, con un gran portón coronado por una peineta barroca con patio interior y solana, que pasó a ser propiedad de la familia en las primeras décadas del siglo por compra del bisabuelo Antón.

La casa familiar materna era la llamada de los Caballero, en los jardines de la Giralda. Se trataba de una preciosa construcción con alzado elegante de aires secesión coronada por una enorme mansarda.

Del enlace nacieron cinco hijos: Francisco Javier, Senén, Abel Xaime, Carlos Manuel y Juan. Los estudios de la Educación Primaria y formación de juventud, los realizaron los niños en el colegio de los Jesuitas y también en el Labor y en el Alba. Todos los hermanos siguieron las tradiciones de estudios que heredaron tanto de la rama materna como paterna. Siguieron la costumbre de las letras y la judicatura propias a las familias de ambas ramas y las artes más vinculadas a la familia materna. Pues estudiaron leyes, marina mercante, económicas, entre otras materias. Abel Xaime se especializó además, entre otros campos, en el de la teología y, Juan completó su formación licenciándose en Bellas Artes.

El padre de Juan, su abuelo y otros miembros de la familia tenían formación jurídica y desarrollaron actividades relacionadas con la administración y gestión legal. En lo que respecta a la tradición artística de este clan, es imprescindible mencionar al tío abuelo de Juan, el célebre escultor Alfonso Quinteiro, autor, entre otros, del monumento al Padre Fray Rosendo Salvado en Tuy.

La tradición y abolengo de los Caballero-Avalle les vincula a varios señoríos, grandes casas palaciegas y títulos de índole religiosa. El pazo de Fiolledo es una de las propiedades vinculadas a la estirpe familiar. La casa, que está cargada de historia, es en la actualidad propiedad de una rama de la familia de nuestro anfitrión, Juan, y de ella se conservan por todos gratos recuerdos e innumerables fotografías. Vinculado al pazo se encuentra el título del señorío de Fiolledo y su mayorazgo.

Otra de las casas de la familia es el precioso pazo de Salceda, una edificación a la que se vincula además el título de señor de Salceda.

La casa de Reboreda, solar de los Pereira de Castro, otorgaba el señorío homónimo y, en fin, el señorío de Marrán correspondía también a otras tierras de la familia. Así pues, cuatro señoríos confluían en el primogénito de esta saga, que en la actualidad es Juan Carlos Caballero, primo de nuestro anfitrión.

A parte de estas distinciones correspondía también al primogénito el título de Patrono Presentero. Se trata de una dignidad religiosa vinculada a los señoríos que otorgaba la facultad de nombrar párrocos y construir iglesias en las parroquias comprendidas en sus tierras.

 

 

La continuación con Indalecio Caballero y Gloria Quinteiro

El páter familias en el siglo XX es el abuelo de Juan, Indalecio Caballero y Moure, un conocido hombre de leyes y relevante personalidad en la vida social de la provincia de Pontevedra, quien, tras sus estudios en El Escorial y posterior formación jurídica, desarrolló distintas actividades profesionales, entre las que se destacaron la de depositario del Ayuntamiento de  Ponteareas y diversas actividades mercantiles y jurídicas. Su hermano Abel destacó en la carrera castrense y tuvo cinco hijos de su matrimonio con Manola Álvarez. Ellos son los padres del ex ministro y actual alcalde de Vigo, Abel Caballero Álvarez.  

Su mujer Gloria Quinteiro, la abuela de Juan, es una dama conversadora, locuaz y encantadora que vive en el centro de Vigo rodeada de los recuerdos de toda una vida y con el cariño de una familia tan destacada en amplios y variados campos. Es ella misma la memoria viva de una saga. Al charlar con ella y ver los álbumes familiares, va desgranando los recuerdos del siglo de viva voz. En su narración relaciona las casas que se vinculan a la familia. Menciona las decoraciones que en ellas engalanaban los salones. Destaca aquí un bonito conjunto de muebles de estilo Renacimiento y allí una colección de jarros de cerámica de Manises ricamente decorados con florcillas y pajaritos.

También narra cómo la propiedad de Fiolledo, donde ella y su marido pasaban muchos veranos, fue arrasada por varias circunstancias, como las Guerras Carlistas. Como anécdota me cuenta que la historia, quizás apócrifa, evoca que para apagar fuegos en los incendios carlistas se usó el vino producido en la finca que se almacenaba en las bodegas de la casa.

En la capilla de la propiedad había derecho de enterramiento y se coronaba el templo por un gracioso campanario y los blasones de la casa. Entre otros recuerdos familiares, me destaca con cariño Gloria el hecho de cómo fue retratada por su hermano Benjamín Quinteiro, en una efigie de busto con manto que representaba una alegoría de la plegaria.

También su otro hermano artista, Alfonso, la retrató en diversas ocasiones captando todo su encanto y elegancia.

 

Artistas y creadores en el ámbito de una gran familia ponteareana

La brillante capacidad artística también ha sido generosa con Gloria Quinteiro, quien realiza de una manera amateur –lo que yo me atrevo a calificar– una de las más encantadoras obras de arte contemporáneo sólo dedicadas al disfrute privado. Ella tiene en su casa, que está decorada con un estilo peculiar, una fantástica casa de muñecas que ella misma ha hecho a lo largo de décadas, además de una colección de dibujos en álbumes, que son como pequeños bocetos de diseñador, que serían la pieza reina en cualquier bienal de arte contemporáneo. ¡A veces hay talentos que sólo se dedican a su entorno familiar!

Dos de sus hermanos, Benjamín y Alfonso, son destacados artistas. El primero, fallecido en la Guerra Civil española, realizaba unas esculturas realistas de inspiración clasicista y aires art decó de líneas puras y sólida presencia. El segundo, Alfonso, sí pudo desarrollar una brillante carrera como escultor de obras monumentales para espacios públicos. Y destacó también como retratista en la realización de efigies de busto de impecable estilo figurativo y como excelso pintor de retratos, en los que igual que en la escuela clasicista española del XIX, representa la carne con trémula y vivaz pasión. También interesantes pintoras realistas de la familia son  Dolores y Blanca Caballero.

Juan Zúñiga Caballero es el último de los miembros de la saga dedicado a las Bellas Artes. Formado en la Facultade de Pontevedra y habiendo perfeccionado su interés por la gran pintura en museos de toda Europa, es un celebrado pintor realista que tiene la capacidad de representar el universo contemporáneo con la austeridad de los bodegones españoles y el vigor de los retratos de academia. Un digno representante de una saga axial en Galicia.