Crisis del coronavirus

Los neurólogos avisan: “Uno de cada cinco pacientes con COVID grave sufre trombosis"

Profesionales detallan los síntomas y los factores de riesgo asociados a la trombosis venosa cerebral, el “infrecuente” tipo de ictus que ha puesto en el punto de mira la vacuna de AstraZeneca

María de la Huerta

La Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés) reconoció el miércoles un “posible vínculo” entre la administración de la vacuna de AstraZeneca frente al COVID y los infrecuentes —y escasísimos— casos de trombosis, en su mayoría de los senos venosos cerebrales, detectados en varios países de Europa, incluido España. Según el dictamen de ese organismo comunitario, que analizó un total de 86 episodios de ese tipo reportados hasta el 22 de marzo entre millones de dosis administradas en todo el continente (de los cuales 18 acabaron en fallecimiento), la “elevada efectividad” para salvar vidas del suero de la farmacéutica anglosueca supera a los riesgos. Concluye, por tanto, que la posible aparición de coágulos sanguíneos debe incluirse como un efecto secundario “muy raro” de la vacuna, y respalda, de nuevo, su uso, dejando en manos de los estados el criterio para distribuirla entre la población. En nuestro país, la recibirán los ciudadanos de entre 60 y 69 años. Al menos, hasta nueva orden.

Pero ¿qué es la trombosis de los senos venosos cerebrales? ¿Por qué se produce este trastorno? ¿Con qué frecuencia se da entre la población en general? ¿Cómo se manifiesta? ¿Hay ciudadanos más predispuestos que otros a sufrir esa afección? La doctora Mar Castellanos, jefa del Servicio de Neurología del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) y coordinadora del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (SEN), detalla, a continuación, en qué consiste este “tipo de ictus” que, insiste, es “muy infrecuente”, y cuyo síntoma más característico es “un fuerte dolor de cabeza”, que “no remite con la analgesia habitual” y que “se intensifica cuando el afectado se recuesta”. “Si, además, se acompaña de otros signos de afectación neurológica, como pérdida de fuerza o de sensibilidad, alteraciones de la visión e, incluso, crisis epilépticas, es importantísimo alertar a los servicios de emergencias y acudir a Urgencias con la mayor brevedad”, subraya.

El “tipo de ictus” más frecuente, especifica la doctora Castellanos, es el isquémico, que se produce al taponarse una arteria o, en un porcentaje muchísimo menor de casos, una vena. La trombosis venosa cerebral es, de hecho, “una entidad muy poco frecuente”, y apenas representa “un 0,5% de todos los infartos cerebrales”, reitera la responsable de Neurología del Chuac, quien describe que la función de las venas es “drenar la sangre”, es decir, “sacarla de la circulación del cerebro, en este caso, hacia la circulación sistémica en general para que se oxigene”. “Si se taponan las venas, el sistema de drenaje no funciona bien y la sangre queda retenida en el cerebro que es, por así decirlo, una ‘caja estanca’, sin capacidad de expandirse, al estar rodeado por el cráneo. Esto provoca, en primer lugar, dolor de cabeza”, señala. Un dolor de cabeza “persistente”, que “no responde a la analgesia habitual”, y de mayor intensidad al acostarse, porque en esa posición “aumenta la presión sobre el cerebro”.

El dolor de cabeza es, no obstante, un síntoma “muy frecuente e inespecífico”, por eso la doctora Castellanos insiste en que “hay que preocuparse” cuando “no responde” a la medicación y se acompaña de los otros síntomas anteriormente referidos.

Partiendo de la base de que la trombosis venosa cerebral es una afección “muy infrecuente”, la jefa de Neurología del Chuac apunta que este “tipo de ictus” se suele producir cuando existen procesos de base que generan un aumento de la coagulación sanguínea. Por ejemplo, “el consumo de anticonceptivos orales, el embarazo o el puerperio, la existencia de infecciones locales o a nivel sistémico, la deshidratación (en el caso de los niños), traumatismos cerca de la zona donde se produce el trombo o determinados tipos de tumores y enfermedades hematológicas” que, en general, aumentan el estado protrombótico del paciente.

La doctora Castellanos señala que, en las últimas semanas, ella y sus compañeros de especialidad han recibido “muchas consultas” de pacientes “preocupados” a raíz de la alarma generada tras la paralización temporal de la vacunación con AstraZeneca, hace poco más de dos semanas, al detectarse los primeros casos de trombosis de los senos venosos cerebrales en ciudadanos que habían recibido la inyección. “Aunque apenas un par de días después la EMA respaldó la administración de ese suero y la vacunación se retomó, muchos pacientes, sobre todo aquellos que sufrieron algún episodio de trombosis venosa con anterioridad —ya no cerebral, muy infrecuente, sino, por ejemplo, en una pierna—, nos consultaron cuestiones como si convendría que recibiesen otra marca de vacuna”, explica la experta, quien incide en transmitir a todos ellos, y a la población en general, un mensaje tranquilizador.

“Es verdad que se han comunicado casos de trombosis venosa cerebral en ciudadanos que se han vacunado con AstraZeneca, pero el motivo por el cual se generó esa alarma es que la farmacovigilancia está funcionando muy bien. Todos los medicamentos que llegan al mercado y se empiezan a utilizar de manera habitual están sometidos a un proceso de farmacovigilancia. En los ensayos clínicos, cuando se detectan posibles efectos adversos, se reportan, pero hay que tener en cuenta que esas pruebas se realizan en un número limitado de pacientes. Obviamente, no es lo mismo administrar un fármaco, el que sea, a 30.000 personas que hacerlo a varios millones. Si en el ensayo clínico se detectaron dos o tres casos de un determinado efecto secundario, aunque haya sido muy poco frecuente, al aplicar el medicamento a la población en general se van a producir más”, sostiene la doctora Castellanos. “En el caso de las vacunas frente al COVID, se da la circunstancia, además, de que se está inmunizando a muchísima gente en muy poco tiempo. En otras campañas de vacunación, los posibles efectos adversos no se acumulan en un periodo tan limitado”, agrega.

Al ponerse en marcha, “como tiene que ser y se hace siempre”, un sistema de farmacovigilancia “muy activo” y estar llevándose a cabo, además, una “vacunación masiva”, la posibilidad de detectar posibles efectos adversos, “y de hacerlo rápido”, es “muchísimo más alta”, subraya la jefa de Neurología del Chuac. “El número de casos de trombosis reportados es muy pequeño en comparación con la cifra total de vacunaciones. Y, desde luego, es mucho menor que la tasa de incidencia de trombosis venosa cerebral en la población en general, que ya de por sí es muy poco frecuente”, resalta.

“Uno de cada cinco pacientes con COVID grave sufre trombosis"

“Hemos tenido pacientes que ingresaron por un ictus y a los que, posteriormente, se les diagnosticó, además, COVID”, advierte Mar Castellanos, jefa del Servicio de Neurología del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) y coordinadora del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (SEN), quien insiste en que “está claramente descrito” que uno de los posibles efectos de la infección causada por el SARS-CoV-2 es el aumento de trombosis. “Uno de cada cinco pacientes con COVID grave sufren trombosis. No solo a nivel cerebral, también en otras localizaciones. Tanto es así que, en fase aguda, a los pacientes hospitalizados se le suele iniciar tratamiento anticoagulante”, explica la doctora Castellanos, para reiterar, a continuación, su mensaje tranquilizador con respecto a la inmunización con AstraZeneca. “Con todo el revuelo que se ha montado en torno a esta vacuna, parece que nos estamos olvidando de que el COVID es una infección grave en un porcentaje nada desdeñable de casos, y de que una de las complicaciones que estamos viendo en los pacientes en los que la enfermedad cursa peor son, precisamente, las trombosis”, incide la responsable de Neurología del complejo coruñés, quien recuerda que el objetivo de la vacunación es “que si un paciente se infecta por COVID, pase esa infección lo más asintomática posible”. “Y, en cualquier caso, que no sufra un trombo, ya que la posibilidad de que eso suceda es mucho mayor con la infección (por lo menos hasta la fecha y con los datos que tenemos hoy) que por haberse vacunado con AstraZeneca”, remarca. La doctora Castellanos destaca que la vacunación frente al COVID, y en concreto el suero de AstraZeneca, están siendo sometidos a un “escrutinio absolutamente exhaustivo”. “Se han puesto en marcha numerosos registros, a nivel europeo y en otras partes del mundo, para detectar posibles casos de trombosis en ciudadanos que han recibido la inyección, y determinar si existe un perfil concreto de pacientes a los que, por el motivo que sea, no se debiera administrar. Tanto es así, que en esta última semana se ha descrito ya un extraño trastorno de coagulación, denominado ‘Vipit’, por sus siglas en inglés (síndrome de Trombocitopenia Protrombótica Inmune Inducida por la Vacuna), que se produce con estos fenómenos protrombóticos en relación con la vacuna de AstraZeneca”, apunta la responsable de Neurología del Chuac, quien especifica que, al parecer, ese inusual fenómeno es debido a “una probable susceptibilidad de los afectados que desencadena una reacción inmune exagerada” frente a esa inyección en concreto. “Una reacción inmune desorbitada, parecida a la que puede generar un anticoagulante de uso habitual, como la heparina, en determinados pacientes”, señala.