ALERTA DE LOS EXPERTOS
¿Por qué cada vez más jóvenes sufren insomnio?
El uso del teléfono móvil en la cama, con su efecto hiperactivador, es uno de los principales saboteadores del sueño, según advierte el doctor Larrosa

El teléfono móvil es responsable de muchos episodios de insomnio / Freepik

Dormir mal se ha convertido en uno de los grandes problemas de salud silenciosos del siglo XXI, una auténtica epidemia especialmente entre adolescentes y jóvenes. Lo que antes parecía algo puntual hoy es una realidad cada vez más extendida y preocupante, como alertan los expertos. Ya no se trata solo de acostarse tarde: hablamos de un deterioro global de la calidad y la cantidad de sueño. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los jóvenes deben dormir entre 7 y 9 horas al día.
El doctor Óscar Larrosa, neurofisiólogo clínico y especialista en Medicina del Sueño con 27 años de experiencia, lo resume con claridad: "El término más correcto es hablar de un aumento de la mala calidad y cantidad de sueño". Y explica a este periódico que este fenómeno se sostiene sobre tres pilares: el insomnio, las alteraciones del ritmo biológico circadiano (el reloj interno que regula el sueño y la vigilia) y el llamado "síndrome de sueño insuficiente", lo que se traduce en dormir menos de lo necesario pese a tener la oportunidad de hacerlo.
Larrosa, acreditado por la Federación Española de Sociedades de Medicina del Sueño (FESMES) y actualmente en ejercicio en MIP Salud (Madrid) y Neuroekin (Vitoria), advierte de que el problema "no es nuevo, pero sí se ha agravado tras la pandemia de la COVID-19, que marcó un antes y un después en muchos hábitos de vida".
Una sociedad que no deja dormir
El ritmo de vida acelerado, las exigencias académicas, laborales y sociales, la presión por el futuro y la incertidumbre constante tienen un impacto directo en el descanso. "A dormir no se debe ir a pensar en asuntos pendientes o a intentar descansar", señala el doctor Larrosa. "Para dormir bien hay que llegar descansado previamente, porque si no, el sueño no aparece o es de mala calidad".
A todo esto se suman factores muy presentes en la vida de los jóvenes: el uso masivo de pantallas, el consumo de sustancias estimulantes y ciertos cambios biológicos propios de la adolescencia, que hacen que el cuerpo tienda naturalmente a dormirse más tarde, chocando de frente con los horarios sociales y escolares.
El móvil en la cama: un enemigo silencioso
El uso nocturno del teléfono móvil es uno de los grandes saboteadores del sueño. Aunque se suele hablar mucho del efecto de la luz de las pantallas sobre el cerebro, el doctor Larrosa recalca que el principal problema es otro: el efecto hiperactivador mental.
"Las pantallas nos conectan con mensajes, noticias y redes sociales que tienen un componente adictivo y activador. Mucha gente usa el móvil en la cama para distraerse de sus preocupaciones, pero ocurre justo lo contrario: se activan más". explica. Aunque existan filtros de luz o modo nocturno, no siempre son suficientes, sobre todo cuando la pantalla se usa en la cama y a oscuras.
La recomendación es clara: limitar su uso, programar un tiempo concreto y evitar que esté pegado al horario de sueño.
El círculo vicioso dle estrés y la ansiedad
La ansiedad, el estrés académico y laboral y los problemas emocionales tienen un impacto muy alto en el sueño. Y lo más peligroso es que se crea un círculo vicioso: dormir mal aumenta la ansiedad y empeora el estado de ánimo, y esa ansiedad a su vez empeora todavía más el sueño.
"La mala calidad de sueño puede cronificarse y, a veces, es lo último en mejorar incluso cuando ya se ha solucionado el problema que la provocó", advierte el especialista.

El insomnio afecta a dos millones de españoles / Freepik
¿Se duerme menos o se duerme peor?
La respuesta es: ambas cosas. La hiperactivación mental y la ansiedad hacen que aumente el tiempo despierto en la cama y que el sueño sea más superficial y fragmentado. Además, el consumo de alcohol u otras sustancias -incluso solo los fines de semana- empeora notablemente la calidad del descanso.
Además, cada vez es más frecuente el sueño insuficiente voluntario: jóvenes que recortan horas de dormir por ocio, pantallas o estudio, convencidos de que "ya dormirán después". “Es una mala estrategia biológica incluso en gente joven, aunque crean que a ellos les afecta menos", afirma Larrosa.
Un problema de salud pública
Las cifras hablan por sí solas. En España, más del 80% de los jóvenes entre 18 y 35 años presenta algún síntoma relacionado con el insomnio, y alrededor del 13% sufre insomnio crónico (problemas para conciliar el sueño durante tres noches a la semana durante más de tres meses).
Entre los adolescentes, la cifra se eleva hasta un 52,4% duerme menos de las 8 horas mínimas recomendadas, y un 38% declara tener mala calidad de sueño. Además, en esta etapa el cuerpo tiende fisiológicamente a ser más "nocturno", lo que choca con horarios escolares muy tempranos, especialmente en centros donde las clases empiezan a las 8 de la mañana. Y las consecuencias son claras, advierte el experto:
- peor rendimiento académico
- problemas emocionales
- dificultades en la vida social.
Dormir mal se paga muy caro
A corto y medio plazo, los síntomas más habituales son cansancio, dolor de cabeza, irritabilidad, problemas de atención y memoria, somnolencia diurna, falta de motivación, bajo rendimiento, impulsividad y mayor riesgo de errores y accidentes.
A largo plazo, el problema es aún más serio. Dormir mal de forma crónica favorece el envejecimiento prematuro, las alteraciones metabólicas (como sobrepeso o diabetes), los problemas inmunitarios y los trastornos cognitivos y emocionales, como ansiedad o depresión. "Aunque sean jóvenes, la factura biológica para el futuro siempre está presente", recalca el doctor Larrosa.
¿Basta con ir al psicólogo?
No siempre. El especialista insiste en que primero hay que descartar causas biológicas o médicas, que a veces son sutiles y pasan desapercibidas. Por eso, lo ideal es una evaluación inicial en una unidad o consulta de Medicina del Sueño. Si se detecta que el origen es principalmente psicológico o de hábitos, entonces "la intervención de un psicólogo especializado en trastornos del sueño es fundamental".
¿Cuándo el insomnio deja de ser algo puntual?
El insomnio se convierte en un verdadero trastorno cuando afecta al rendimiento diario y al estado emocional, y especialmente cuando se cronifica. Se considera insomnio crónico cuando dura más de tres meses y ocurre la mayor parte de los días.
Dormir mal no es un lujo que podamos permitirnos perder. Es una necesidad biológica básica, y descuidarla en la juventud es hipotecar seriamente la salud del futuro.
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