La Praza de Cervantes, antes conocida como Plaza del Campo, por su primitiva ubicación fuera del primer perímetro amurallado, como Plaza del Pan, por una de sus funciones de abastecimiento pues era lugar de mercado, o de San Benito, por la iglesia que la preside y que se remonta al siglo X, se acabó incorporando al interior urbano tras la ampliación de la cerca en tiempos del obispo Cresconio en el siglo XI. Fue sede del Ayuntamiento, adonde se trasladó a finales del siglo XVI y donde iba a permanecer por espacio de dos siglos. La plaza, en realidad un rectángulo y un triángulo, que se erigen como lugar de encuentro de los dos grandes ejes norte-sur y este-oeste que vertebran la urbe, está centrada en la actualidad por una fuente decimonónica rematada por un busto de Cervantes, que es lo que da el nombre a este espacio.

Se trata de un buen ejemplo de que los nombres de las calles de una ciudad se vinculan de diversas maneras con su historia.