Fundada hace ocho siglos a la par que el Convento de San Francisco, la Biblioteca Franciscana guarda unos 80.000 libros de fondo antiguo, una familia de 72 incunables (impresos antes o de 1501), que ahora acaba de crecer y otras obras postincunables (1501- 1520), parte del legado de un rincón compostelano al que se hace tras serpentear por medio edificio que tuvo imprenta propia y cuya biblioteca exige recorrer un camino laberintico, premiado con el legado que allí se cobija, donde igual hay cartas del confesor de Emilia Pardo Bazán, que esa preciada colección de 76 incunables, “incluyendo el hallazgo de estos cuatro sin registrar, ni catalogar”, aclara antes de describir esos cuatro volúmenes descubiertos, o, mejor dicho, tres, ya que dos aparacen hermanados.