Vinculada al “camino francés”, la principal ruta de peregrinación jacobea, la Rúa de San Pedro desemboca en la Porta do Camino o Puerta Francigena y recibe su nombre del homónimo monasterio allí emplazado hasta bien entrado el siglo XIX.

Se trata de un buen ejemplo de que los nombres de las calles de una ciudad se vinculan de diversas maneras con su historia.