El Correo Gallego

Xacobeo

Fumata negra en hostelería y comercio por un negocio ruinoso

La visita papal dejó telarañas en las cajas registradoras//A media tarde muchos restaurantes cerraron

VÍCTOR FURELOS SANTIAGO   | 07.11.2010 
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V.F.
Una de las cocineras del Galeón de A Raíña ve el traslado del Papa desde el aeropuerto ante la falta de clientes
FOTO: V.F.

"Xa lle dixen ó vendedor de Coca Cola que non veña nin esta semana nin a que ven". Esa frase de un hostelero resume a la perfección la sensación que dejó la visita papal. Restaurantes y bares se prepararon ante la avalancha que se esperaba. Compraron más mercancía de la habitual. Las autoridades habían cifrado en 200.000 el número de visitantes que llegarían a la ciudad. Pero ni de lejos.

A primera hora de la mañana los quejidos provenían de la plaza de abastos. Los puestos que abrieron coincidían en calificar el día como un sábado pobre. Un aspecto desolador demostraba que esas palabras no eran ninguna invención, aunque para ser sinceros hay que aclarar que las ventas del viernes fueron superiores a las habituales gracias a quienes temieron circular ayer en coche.

Y de la plaza al comercio. Comprar en cualquiera de las tiendas de la cadena Zara en Santiago era sencillo. Ni empujones, ni peleas por hacerse con una prenda. Lo mismo sucedía en otras cadenas textiles que también notaban la falta de clientela. El Ensanche no era una excepción. A las flojas ventas en el comercio se sumaba la estampa de una larga fila de taxis a la espera de usuarios.

Poco antes de comer, y ya con el papa, Benedicto XVI, en la ciudad, no resultaba complicado saborear un aperitivo. Locales de reconocida fama como la Taberna do Bispo, con Ernesto Montes al frente, contaban con un espacio que la mayoría de los días le falta. Lo mismo sucedía en El Patio, en donde la polaca Evelina Zaremba había trabajado toda la noche para servir sobre todo tapas a base de tortilla y tostas calientes, pero ni una sola ración. El Galeón de A Raíña también mantuvo abiertas las puertas toda la noche aprovechando la libertad de horario que se había concedido. El pago a camareros extras no se vio compensado con las ventas.

Después de una mañana en la que la decepción se adueñaba de comerciantes y hosteleros, llegaba la hora de comer, en la que había puestas muchas esperanzas, pero no se cumplieron las expectativas. Restaurantes como A Barrola, que contabilizó 8.500 clientes en un magnífico agosto en su local de la calle de O Franco, había comprado más mercancía de la habitual pero no le dio salida ni a la mitad. Y lo mismo sucedió en establecimientos de las afueras. Los anuncios sobre las dificultades para el tráfico en la ciudad y alrededores atemorizaron a todo el mundo.

Otros empresarios como Germán González, que dirige El Celme do Caracol, A Casa do Medio y Los Caracoles en la emblemática calle de A Raiña, señaló que no se cumplieron para nada las expectativas. De hecho, decidió cerrar alguno de los establecimientos a las cuatro de la tarde por falta de clientes.

Y qué decir de las tiendas de recuerdos. Muchos se preguntan que harán ahora con las banderas del Vaticano y las camisetas con la imagen del Papa que le sobraron. En Trasnos, Chus Vázquez, hablaba de la falta de gente, mientras que en plena plaza de Platerías, la propietaria de Argalladas, Sonia Freire, reconocía que apenas había tenido un puñado de clientes.

Más policías que visitantes, mucha mercancía que apunta al congelador, bocadillos a la basura, recuerdos de la vista papal al almacén... El único consuelo se centra en esperar que la promoción de la ciudad con esta visita sea un negocio de futuro. Es la única esperanza que le queda a comerciantes y hosteleros tras una jornada nefasta en la que la inversión para nada se corresponde con la recaudación.

[ los restaurantes y comercios ]

Javier Alfonso

Propietario de Mabe Moda

"En el Ensanche fue uno de los sábados más flojos del año a nivel de ventas y de asistencia de clientela"

Germán González ^

Popietario del Ceme do Caracol

"Crearon muchas expectativas sobre la visita del Papa que al final no se cumplieron para nada"

José Noya

Propietario de A Barrola

"Muchos clientes habituales marcharon de la ciudad y el número de visitantes no es el esperado"

Chus Vázquez

Propietaria de Souvenirs Trasnos

"Abrimos muy temprano y compramos más mercancía de la normal para vender menos que nunca"