Los poderes públicos, protagonistas en la exhumación de una fosa común

El Gobierno y la Xunta siguen con un trabajo en Vilagarcía las labores que hasta ahora hacían asociaciones privadas
Exhumaciones
Xaime Leiro
La pala sacando tierra en presencia de los técnicos en el cementerio de Vilagarcía.

“Estamos satisfeitos”. Con esa apreciación el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), Lourenzo Fernández Prieto, define el comienzo de los trabajos de exhumación de una fosa común en Vilagarcía en la que los poderes públicos toman el relevo de las labores que hasta ahora hacían asociaciones de carácter privado y además lo hacen siguiendo un modelo diseñado en Galicia en 2008 en línea con lo que marca Naciones Unidas.

Estos trabajos parten de un programa de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática del Ministerio de la Presidencia que desarrollan las comunidades autónomas. En el caso de Galicia, fue la Consellería de Cultura la encargada de formar el equipo multidisciplinar de expertos para ejecutar la iniciativa.

El equipo está formado por historiadores, arqueólogos, antropólogos forenses y la unidad de Medicina Xenómica. Además de Fernández Prieto están el arqueólogo e investigador de la USC, José Carlos Sánchez Pardo, el médico forense del Imelga Fernando Serulla Rech y el catedrático de Medicina Legal de la USC, Ángel Carracedo Álvarez.

Fernández Prieto pone en valor que el protocolo que se aplique ahora sea el mismo modelo diseñado en Galicia en el año 2008. En aquel entonces, asociaciones privadas llevaran a cabo trabajos de exhumación en el Val Miñor en línea con lo que marca Naciones Unidas.

Con ese modelo que establece lo que hay que hacer y que ya se aplicó con anterioridad en países como Guatemala, Yugoslavia, Colombia, Alemania o El salvador, entre otros, se pretende identificar los restos de 18 personas asesinadas por el franquismo en Vilagarcía entre 1936 y 1937 y enterradas de manera irregular en una fosa común en el cementerio municipal.

Aunque los trabajos comenzaron ya el pasado miércoles, este fin de semana todavía no habían sido localizados los restos en la zona en la que se creía que estaban en función de las investigaciones previas realizadas.

“Todo me fai sospeitar que se poideron colocar nichos enriba” de dónde estarían los restos humanos, apunta Fernández Prieto.

Esa labor de ocultación es algo habitual en este tipo de enterramientos, abunda. “Pasaron 85 anos e o rastro do asesino vaise borrando”, precisa, bien cambiando los restos de sitio, pasando carreteras por encima o quedando los cuerpos sepultados debajo de pantanos, entre otras muchas fórmulas. De hecho, en Crecente, donde está previsto que el equipo haga su segundo trabajo, de los tres cadáveres dos se cree que quedaron debajo del río cuando se hizo el pantano.

El catedrático compostelano insiste en las tareas de “difuminación” de quienes llevaron a cabo los asesinatos ya que desde 1936 en numerosos casos se movieron irregularmente.

Según Fernández Prieto, en todo caso, en los cementerios estarían sólo el 40 % de los asesinados, ya que otros muchos fueron enterrados en las cunetas de las carreteras en las que eran fusilados u otros lugares.

El catedrático compostelano considera que con esta iniciativa se busca “pechar un ciclo moi complicado” de la historia, “dignificando” a las víctimas y poniéndoles una placa como en Alemania o buscando otras fórmulas. Se trata de considerar estos espacios como “lugares de memoria democrática”, zanja el profesor.

Tras Vilargarcía y Crecente el equipo excavará una fosa en Aranga, en la que se enterró a muchos coruñeses. El programa se prolongará durante cuatro años.