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Entrevista. Sector audiovisual

Juan Manuel Guimeráns, presidente de Spain Film Commission (SFC): “Películas como 'La bola negra' demuestran que en España podemos producir al máximo nivel mundial”

Zoom Out, el estudio impulsado por Spain Film Commission para medir el impacto económico, social y territorial del audiovisual en España, dibuja un sector en plena expansión cuyo efecto alcanza a numerosos ámbitos de la economía.

Rodaje de una escena de la película "La bola negra"

Rodaje de una escena de la película "La bola negra"

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Cecilia Vega

Para entender qué hay detrás de este crecimiento, cómo se traduce en empleo y actividad en los territorios, qué papel juegan los incentivos y cuáles son los retos para consolidarlo, hablamos con Juan Manuel Guimeráns Rubio, presidente de Spain Film Commission.

El avance del estudio Zoom Out refleja que la producción de cine y televisión en España ha alcanzado una nueva escala económica: el gasto directo pasa de 3.930 millones de euros en 2022 a 5.680 millones en 2025, aproximadamente un 45 % más. ¿Qué ha ocurrido en estos años para que el sector haya experimentado un crecimiento de esta magnitud?

El crecimiento es extraordinario, incluso corrigiendo el efecto de la inflación de estos últimos años. No conozco otro sector económico relevante en nuestro país que haya tenido un crecimiento de esta magnitud. Y no es una opinión: son datos.

Hay factores que ya estaban presentes en el ecosistema audiovisual español: las localizaciones, el clima o la propia industria local. Pero todos ellos han mejorado mucho. Cada vez hay más formación, las productoras españolas son más sólidas, las que prestan servicios a producciones internacionales tienen mejores equipos y son más solventes, y también las administraciones cuentan con equipos técnicos y oficinas vinculadas al sector que han ido creciendo y mejorando.

A eso hay que sumar dos elementos muy importantes. Por un lado, el Spain Audiovisual Hub, que situó al audiovisual como un eje estratégico dentro del Plan de Recuperación y se tradujo en distintas políticas públicas, tanto nacionales como territoriales. Y, por otro, la mejora de los incentivos fiscales. De hecho, el salto más importante se produce precisamente en 2023, coincidiendo con la entrada en vigor de una modificación del Impuesto sobre Sociedades que mejoró esos incentivos.

También ha aumentado la demanda de contenidos audiovisuales. Y si aumenta la demanda, aumenta la oferta. Todo eso ayuda a explicar este crecimiento.

Juan Manuel Guimeráns Rubio, presidente de Spain Film Commision

Juan Manuel Guimeráns Rubio, presidente de Spain Film Commision / Santi Burgos

Impacto más allá de los rodajes

Viendo estas cifras, ¿podemos hablar ya del audiovisual como una industria estratégica para la economía española al mismo nivel que otros sectores que tradicionalmente hemos considerado motores económicos del país?

Hay que poner cada sector en su contexto. El turismo, por ejemplo, representa más del 10 % del PIB español y genera cientos de miles de empleos, por lo que, en comparación, el audiovisual tiene una dimensión más modesta. Pero eso no significa que no sea igualmente estratégico.

El audiovisual aporta además dos valores muy singulares. Uno es su enorme capilaridad: es un sector muy permeable y su actividad llega a muchos otros ámbitos económicos. Más de la mitad del impacto que genera la producción audiovisual se produce en sectores ajenos a la producción propiamente dicha, como la hostelería, la restauración y muchos otros servicios.

El otro elemento es su efecto a largo plazo. Una producción audiovisual puede seguir proyectándose, generando recuerdo, visitas e interés por un territorio décadas después de haberse realizado. En ese sentido, para mí no hay ninguna duda de que el audiovisual tiene que ser un sector estratégico para un país como España.

La producción de cine y televisión alcanzó los 5.680 millones de euros de gasto directo en 2025.

El estudio estima que la producción audiovisual sostiene unos 68.000 empleos equivalentes a tiempo completo y que más de la mitad del empleo asociado se genera fuera de las propias productoras.

Sí, yo siempre digo que hay que quedarse a ver los títulos de crédito de las producciones. Esa es probablemente la mejor prueba del impacto multisectorial que tiene el audiovisual.

Al principio aparecen el equipo artístico y el equipo técnico, pero si seguimos mirando encontramos servicios de hostelería, restauración y alojamiento, servicios legales, médicos, construcción, electricidad... En el estudio que presentamos hace dos años se analizaba un caso concreto y, si no recuerdo mal, aparecían más de treinta sectores económicos no directamente vinculados a la producción audiovisual que se beneficiaban de ella.

Eso demuestra hasta qué punto el impacto de un rodaje va mucho más allá de quienes trabajan directamente en la película o la serie.

Serie 'Malaka' en Balneario de los Baños del Carmen

Rodaje de la serie "Malaka" en Balneario de los Baños del Carmen / RTVE

Precisamente esa capacidad para movilizar proveedores, alojamientos, transporte, servicios profesionales o empresas locales hace especialmente interesante la dimensión territorial del audiovisual. El avance de Zoom Out ofrece por ahora la fotografía nacional, mientras que el estudio completo incorporará próximamente el análisis regional. ¿Hasta qué punto se está repartiendo este crecimiento por España y qué esperan que revele ese desglose territorial?

Podemos decir que la actividad audiovisual llega a toda España. Hoy es muy difícil encontrar una provincia o una isla que no pueda hacer una relación de decenas e incluso centenares de producciones audiovisuales realizadas en su territorio. En España se rueda en todo el país.

Otra cosa es que ese crecimiento se reparta por igual. Todavía no tenemos el dato del impacto económico desglosado regionalmente, pero lo tendremos en cuestión de semanas. Lo razonable es esperar que, de manera coherente con el crecimiento nacional del volumen de producción y de su impacto económico, haya también crecimiento en todas las regiones.

Lo que no sería previsible es un reparto igualitario, porque las condiciones de partida no son las mismas. Las comunidades tienen distinta dimensión, población o extensión, tampoco cuentan con los mismos incentivos y hay algunas que han hecho una apuesta especialmente intensa por el audiovisual. Todo eso acabará reflejándose en los datos.

La producción audiovisual sostiene 68.000 empleos equivalentes a tiempo completo. Hay que quedarse a ver los títulos de crédito porque son la mejor prueba del impacto multisectorial del audiovisual.

¿Qué necesita hoy una ciudad, una provincia o una comunidad autónoma para dejar de ser simplemente una buena localización y convertirse en un territorio capaz de atraer producciones y, sobre todo, de conseguir que una parte importante del gasto y del empleo permanezca allí?

Yo señalaría tres factores fundamentales. El primero es conocer el sector, y para eso hacen falta profesionales. Siempre recomiendo a los territorios contar con film commissions o film offices, porque permiten disponer de profesionales que sepan qué necesitan las productoras y que, además, salgan a buscarlas. Hay que estar en mercados, encuentros y hacer promoción porque este es un mercado muy competitivo.

El segundo factor es contar con industria local. El gran rodaje internacional llama muchísimo la atención, pero normalmente es algo puntual y no se puede vivir únicamente de eso. Lo importante es disponer de técnicos, profesionales y productoras locales o regionales. Las televisiones públicas autonómicas, por ejemplo, son muy relevantes porque generan demanda, mantienen equipos trabajando y funcionan incluso como espacios de formación.

Cuanta más industria local exista, más fácil será que una producción que llega de fuera deje valor en el territorio, porque no tendrá que desplazar todos sus equipos y proveedores.

Y el tercer factor es económico. Los incentivos importan. Canarias es un ejemplo muy claro, igual que el País Vasco o Navarra. Otros territorios, como Madrid, Cataluña o Andalucía, compiten con mucha fuerza por tener una industria ya muy consolidada. Y cuando no se puede competir fiscalmente, existen otras herramientas: fondos de apoyo a la producción, ayudas o facilidades en determinados servicios. Lo fundamental es que las productoras perciban que llegan a un territorio que les facilita el trabajo, no solo a un lugar con buenas localizaciones.

Rodaje de la serie "Un asunto privado"

Rodaje de la serie "Un asunto privado" / Manuel Fernandez-Valdes

¿Qué nos dicen los datos sobre el retorno que genera esa inversión pública? ¿Cómo se mide si atraer una producción realmente compensa para un territorio?

Ese ejercicio lo hicimos en el estudio que publicamos en 2024, en el que analizamos las producciones internacionales realizadas en España entre 2019 y 2022 que se habían acogido a incentivos fiscales.

En ese caso sabíamos exactamente cuánto incentivo había reconocido la Hacienda Pública y cuánto habían gastado las producciones. El resultado fue una relación de uno a nueve: por cada euro invertido a través del programa de incentivos, se generaban nueve euros de valor añadido para la economía española, teniendo en cuenta los efectos directos, indirectos e inducidos.

Es una relación que, sinceramente, no conozco en ningún otro sector económico en España, y llamó mucho la atención también fuera de nuestro país. Incluso colegas del Reino Unido nos trasladaron que era un retorno superior al que ellos estaban midiendo.

España, un gran plató con talento propio

La bola negra es uno de los títulos que mejor ejemplifican el momento que atraviesa el audiovisual español: se ha rodado en distintos puntos del país, ha implicado a proveedores muy diversos y ha logrado además una importante proyección internacional. ¿Qué nos dice una producción así sobre el nivel que ha alcanzado hoy la industria audiovisual española?

Yo no soy la persona más cualificada para juzgar su valor creativo o artístico, pero hay pruebas bastante evidentes de su reconocimiento. No todos los días una película española recibe un premio como el de mejor dirección en el Festival de Cannes, y estoy convencido de que todavía le queda mucho recorrido internacional.

Más allá de la calidad, que es muy relevante porque estamos hablando de un producto cultural y creativo, una película es también una producción desde el punto de vista económico. Y La bola negra es un buen ejemplo de algo que, en realidad, es bastante habitual en España: rodar en distintas localizaciones, desplazarse con facilidad entre territorios y recurrir a proveedores situados en lugares y sectores muy diferentes.

España lo pone fácil. Tenemos unas condiciones extraordinarias, con una gran diversidad de localizaciones, buenas conexiones y una industria capaz de responder a las necesidades de producciones complejas. Y eso permite que el impacto se reparta: no solo entre equipos artísticos y técnicos, sino también entre empresas y profesionales que a primera vista quizá ni asociaríamos al cine.

Para mí, La bola negra es una magnífica tarjeta de visita como país, no solo por su calidad artística, sino también por su estructura de producción. Demuestra que aquí podemos producir al máximo nivel cuando contamos con los medios necesarios. Detrás de una película así no están solo los creadores y los intérpretes; también hay productoras, plataformas, televisiones y todo un tejido que facilita la financiación, la producción, la distribución y la difusión internacional.

Escena de la serie "El Jardinero", grabada en varios puntos de las Rías Baixas

Escena de la serie "El Jardinero", grabada en varios puntos de las Rías Baixas / Esc

Como ha comentado, al mismo tiempo que aumentan los rodajes, aumenta la necesidad de equipos técnicos, profesionales especializados y empresas capaces de prestarles servicio. ¿Tiene España suficiente talento y tejido empresarial para sostener el nivel de producción que ha alcanzado?

Si hablamos de talento, creo que tenemos para exportar. La producción española está triunfando en todo el mundo desde el punto de vista de la creatividad y de la calidad.

Otra cosa es la capacidad. No porque no seamos capaces, sino porque el crecimiento de la actividad ha provocado que la demanda de trabajadores cualificados supere en ocasiones a la oferta. Hay prácticamente pleno empleo en muchas profesiones del audiovisual y en algunos ámbitos especializados necesitamos reforzar la formación.

Pienso, por ejemplo, en efectos especiales o animación. Hay empresas que están creando sus propios centros de formación porque no encuentran tantos técnicos como necesitan. Por tanto, no tenemos un problema de talento ni de creatividad, pero sí necesitamos que el sector público y el privado se pongan manos a la obra para responder a las necesidades que genera este crecimiento.

Desde Spain Film Commission, por ejemplo, hemos impulsado una cátedra sobre la industria de los rodajes en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, que apoya la investigación y la formación en ámbitos donde detectamos mayores necesidades.

Los retos para consolidar el crecimiento

Además, España compite en un mercado internacional en el que otros países también están reforzando sus incentivos y sus políticas de apoyo a los rodajes. ¿Qué riesgos plantea esa competencia y qué tiene que hacer España para no perder la posición que ha conseguido?

Una de las grandes incertidumbres es precisamente que el resto de países no se quedan quietos. Hay países muy relevantes, Estados Unidos sin ir más lejos, que están planteando cambios importantes en sus políticas fiscales y de apoyo a los rodajes, y otros países de la Unión Europea también se están moviendo.

A eso hay que sumar los cambios tecnológicos, el impacto de la inteligencia artificial y las regulaciones que puedan desarrollarse. España no puede quedarse paralizada. Tenemos que saber reaccionar como hemos hecho hasta ahora, no de una manera agresiva, sino constructiva, buscando las oportunidades que ofrece este mercado internacional.

Lo que no me preocupa es nuestra capacidad creativa: historias y gente capaz de contarlas maravillosamente tenemos y vamos a seguir teniendo.

Necesitamos que las administraciones sigan apostando por el sector, porque ese apoyo ha sido determinante para llegar hasta aquí.

¿Cuáles serían los grandes retos para el audiovisual español en los próximos años?

Estamos en un mundo cambiante y lleno de incertidumbres, que además evoluciona a una velocidad extraordinaria, tanto desde el punto de vista tecnológico como económico e internacional.

Creo que nuestro gran reto es no perder la fidelidad a nosotros mismos. España no ha llegado hasta aquí por casualidad. La situación actual es fruto de muchos años de trabajo de profesionales y empresas, y también de administraciones que supieron ver el potencial del sector.

Tenemos que seguir manteniendo un nivel altísimo de calidad y no perder la creatividad, pero al mismo tiempo aprender de lo que nos ha traído hasta aquí. Necesitamos que las administraciones públicas sigan apostando por el sector e introduciendo mejoras, porque eso ha sido determinante para que hoy podamos hablar no solo del extraordinario valor cultural del audiovisual, sino también de su impacto económico y en el empleo.

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