Opinión | { buenos días y buena suerte }

Una modesta proposición

EL CÍRCULO de Empresarios ha hecho una propuesta que debería llamarse más bien la cuadratura del Círculo de Empresarios. Propone que la jubilación se pueda extender hasta los 72 años, supongo que por ahora…, aunque, eso sí (hay que agradecerlo), siempre de manera voluntaria. Poco me parece. A los trabajadores habría que pedirles que extendieran su vida laboral no ya hasta los 72, sino incluso después de muertos. Porque eso de morirse tiene su lado malo, y es que dejas de producir (ni siquiera se crían ya malvas).

Hacer coincidir la vida real y la vida laboral, o poco menos, parece un atrevimiento. Puedes estar literalmente fundido de trabajar durante décadas, más con el aumento imparable de la temperatura, más con esos horarios tan españoles, que otra cosa sería, al menos, terminar a las cinco de la tarde, un poco a la inglesa, y luego bajarse al pub, o ir, por ejemplo, a ver una obra de Virginia Woolf. Pero la idea que al parecer cobra fuerza es la de exprimir al trabajador hasta que no le quede tiempo para el necesario (y tantas veces improbable) goce de la senectud, y si le queda, que sea en unas condiciones físicas que ni ganas va a tener de abandonar el sillón. ¿De verdad es defendible una vida dedicada exclusivamente a producir, a veces, por cierto, por un exiguo salario? Parece una idea algo victoriana.

En medio de la campaña electoral, que en realidad parece llevar ya semanas con nosotros, la propuesta de la cuadratura del Círculo de Empresarios no ha pasado desapercibida, y eso que se está hablando poco, o nada, de economía. Hay que hablar más. Sánchez ha entrado al trapo equivocado. Por mucho que estemos en los Sanfermines (aúpa Osasuna) no se puede uno quedar en el encierro a piñón fijo, hay que salirse de las guerras orquestadas por los audaces asesores, y lidiar, creo yo, con un poco más de cintura. Los del Círculo de Empresarios, hay que reconocerlo, han salido para hablar de economía, que es lo suyo, pero ni siquiera las patronales se han sentido cómodas con la bizarra propuesta, o eso me pareció escuchar a Garamendi.

En pleno siglo XXI las condiciones del trabajador han variado sustancialmente desde los tiempos de Charles Dickens (léanlo, no vaya a ser que también acabe retirado de los anaqueles), así que parece conveniente no sugerir más retrocesos (ya se están sugiriendo demasiados, ¿no creen?). Se entendía que el futuro nos traería más ocio, más descanso, más tiempo para gozar. Se entendía que los avances tecnológicos deberían servir para mejorar las condiciones del ser humano (aunque, desde los ludittas de la industria textil y los primeros ferrocarriles, siempre haya existido el miedo a la máquina: como ahora, en cierto modo, con la inteligencia artificial). ¿Es medianamente soportable que el ser humano tenga que dedicar toda su vida al trabajo, hasta el fin de sus fuerzas, hasta el fin de su resistencia física, hasta que la salud no le permita no ya trabajar, sino incluso bajar a comprar el pan?

Hay que viajar en la dirección contraria. La misión de los políticos es lograr la mayor felicidad posible para sus ciudadanos. Ese ha de ser el objetivo final, pues la felicidad es el verdadero objetivo de los hombres. ¿Tiene sentido agotar la única vida que tenemos sujetos al cumplimiento de un horario no marcado por nosotros, a la consecución de unos objetivos de producción inexorables? ¿No es más esperable de las sociedades evolucionadas la disminución progresiva de las jornadas laborales y el aumento de las horas de ocio y disfrute de la cultura para los mayores?

Qué decir, sobre todo, de los trabajos que demandan gran esfuerzo físico. Qué decir de la necesidad de crear empleos para los jóvenes. Siguiendo al gran Jonathan Swift, cuando ironizaba en A Modest Proposal sobre la posible solución para las familias pobres que en Irlanda no podían alimentar a sus hijos, podríamos incluso proponer que, con los avances médicos en marcha, los trabajadores tal vez puedan prorrogar su vida laboral hasta los cien, o hasta los 150, en muy buen estado de conservación. No lo descarten.