Opinión | POLÍTICAS DE BABEL

Sacrificado sector marisquero

A MEDIDA QUE SE ACERCAN las celebraciones navideñas, las familias echan números, preocupadas por el encarecimiento de la cesta de la compra. Ya nos han anunciado que las centollas, los percebes y las nécoras estarán todavía más caras que en años anteriores. Sólo asequibles para bolsillos pudientes. Así lo auguran las lonjas de Ribeira, Aguiño, Rianxo o Cabo de Cruz. En todo caso, dependerá de las circunstancias del mar, de la climatología, y de la demanda de un mercado mermado económicamente. Entretanto, otros profesionales del mar y la pesca sufren circunstancias mucho más adversas. Me refiero, por ejemplo, a quienes obtienen su sustento del marisqueo en zonas como la ría de Muros-Noia, que, como otros enclaves de la costa gallega (con la excepción, quizá, del estuario del río Anllóns), ya tuvo que ser cerrada a finales de octubre tras la mortandad del 80% de los bivalvos a consecuencia de las lluvias persistentes, las riadas, la menor salinidad, y la apertura de embalses y compuertas incluso en bajamar. También la tropicalización, el cambio climático y la subida de las temperaturas afectan al desove de las especies.

El impacto ha sido terrible, tanto a nivel económico como laboral. Apena escuchar sus angustiadas declaraciones. Hablamos de más de 1.700 familias distribuidas por cofradías tan esenciales como las de Noia, Muros, Porto do Son, Portosín, etc.; quienes, con resignación y profesionalidad, además de la escasez, asumían la renuncia a bivalvos cuyo tamaño no alcanzaba los cánones comerciales. Circunstancias fatídicas para quienes tenían puestas sus esperanzas en una campaña que ha resultado ruinosa. Estos días fueron 145 las mariscadoras de Rianxo que lamentaban tener que solicitar un paro biológico debido a los pocos días que podían salir a faenar (cinco al mes), y a tener que dedicarse a retirar el marisco muerto. Y es que la ría de Arousa está dañada también. Por eso es lógico considerar estas áreas como “zonas afectadas gravemente por una emergencia de Protección Civil”; es decir, zonas catastróficas.

Urge el saneamiento de las rías y la limpieza de los cauces fluviales, para cuidar los recursos y los bancos de extracción, y lograr así un desarrollo óptimo de los moluscos. Además, las ayudas por cese de actividad de la Xunta de Galicia y el Instituto Social de la Marina (ISM) deben agilizarse, para no tener que esperar a marzo, fecha final de la campaña ordinaria. Ojalá también las condiciones del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y Acuicultura (Fempa), sean propicias y no restrictivas (abriéndose al marisqueo a pie); y que el Gobierno central (con un rápido Real Decreto que las regule) y la Xunta sepan agilizar las partidas económicas. No permitamos que la tristeza, la frustración y la ruina se lleven por delante a tantas familias que trabajan a destajo para ponernos sobre la mesa los tesoros de nuestras rías.