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Sánchez, asesores y diplomacia

APENAS HABÍAN TRANSCURRIDO siete minutos de su entrevista para TVE en el inicio de la nueva legislatura, cuando Pedro Sánchez cometía este miércoles en el programa La Hora de la 1, un nuevo error diplomático. Tras su estrenada investidura, el Presidente aludía a los “ultraderechistas” Javier Milei y Giorgia Meloni, calificándolos de “Gobiernos reaccionarios” que “cuestionan la participación de la mujer en la sociedad y en la vida política, económica y social”. Además de no ser cierto (Meloni como primera ministra es prueba de ello), constituye un mal inicio de relaciones con el presidente electo de Argentina y la presidenta del Consejo de ministros de Italia, sobre todo si tenemos en cuenta que Argentina es un país estratégico para España y sus empresas, y que Italia es y seguirá siendo un aliado esencial en la UE frente a la crisis migratoria o las normas de control de gasto y déficit que pueda imponer Bruselas.

Este tipo de errores demuestran la desorientación del equipo de asesores de Sánchez en materia exterior. Y quizá explique muchos de los traspiés diplomáticos que hemos visto durante la pasada legislatura, como su giro unilateral a favor de Marruecos en el Sáhara Occidental, o la entrada irregular en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali; dos decisiones que provocaron la crisis con Argelia que todavía hoy lamentan nuestros empresarios y nuestra economía. Este asesoramiento erróneo explicaría, asimismo, sus inoportunas declaraciones en el paso de Rafah, que han generado el aplauso de Hamás y el enfado del Ejecutivo hebreo y de la Comisión Europea.

El propio Gobierno belga, cuyo primer ministro Alexander De Croo acompañó a Sánchez, dio un paso atrás y trató de rebajar la tensión con Israel. Por el contrario, José Manuel Albares respondió a las críticas israelíes con vehemencia, convocando a la embajadora israelí, Rodica Radian-Gordon, quien ahora ha sido llamada a consultas por Eli Cohen y Netanyahu. Sánchez y su Gabinete están hoy más cerca de Turquía y hasta de Irán, pero más lejos de Alemania o Reino Unido. Incluso la colaboración que nos brindaba el Mosad en materia antiterrorista y de información se ha visto afectada. Y es que la mayoría de los países árabes, incluidos Egipto y Arabia Saudí, desean la desaparición de Hamás.

La Comisión Europea se desvinculó de la postura de Sánchez, y la calificó de posición bilateral exclusivamente española. La amenaza de reconocimiento ‘unilateral’ del Estado palestino al margen de la UE (pese a que son varios los socios europeos que ya lo han reconocido), ha acentuado el sonrojo de Josep Borrell; quien, al igual que el cuerpo diplomático español, no sabe cómo explicar semejante actitud (tampoco el cambio de postura del Gobierno con respecto a la Ley de Amnistía y el ‘procés’), y menos durante la presidencia rotatoria del Consejo de la UE que ostenta España.