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Voy, con determinada determinación

ESTABA SUMERGIDA en el intento de dar la buena noticia del hallazgo de otros inesperados librillos de villancicos, de más de 2 siglos y medio. Los hay y bien interesantes que son. En esto me entero de que las carmelitas de Santiago reabren su iglesia con nuevo suelo, tras 4 meses de obligado parón. Y, al mismo tiempo escucho que una grande del cine, teatro y televisión, se nos ha ido, eso sí, dejando muy buen sabor.

Una artista, Concha Velasco, que se metió en la piel de una escritora, mística y doctora de la Iglesia, Teresa de Ávila, del Carmelo reformadora. Una vallisoletana que en una cuidada serie mostró el rostro de esa abulense de pro: la Teresona.

Concha no solo acababa de cumplir años, sino que a punto estaba de celebrar su onomástica en la fiesta de la Inmaculada y, quizás festejara el controvertido aniversario de la Constitución. Casualmente, en un 2 de diciembre nació otra dama de la canción: María Callas, la “Divina”, con cuya ‘voz fea’ nos encandiló. Cien años cumpliría una mujer que a la lírica tanto aportó pese a sus devaneos, su ánimo caprichoso, su vida licenciosa y su pasión por un magnate de nombres clásicos (Aristóteles Sócrates) y apellido relumbrón (Onassis). Él la catapultó a otro tipo de “revistas”: las de papel cuché, la prensa del corazón. 

Ambas, desde la distancia, llenaron escenarios con roles que requerían conocimientos de música y escenificación. María, soprano de voz oscura y a la vez de brillante coloratura, realzaba su arte con el dominio de una actriz madura. Concha cantó desde la cuna y siempre con soltura. Prueba de fuego fue su dúo con M. Caballé: el Duetto buffo di due gatti de Rossini, compositor que le dio a la Callas oportunidad de lucirse con Una voce poco fa, cavatina de la rebelde y avispada Rosina.

¡Qué bien casa con la Callas lo que Concha canta en la revista musical que Algueró dirigió!: “Mamá, quiero ser artista, ser protagonista, con pieles o harapos con tal de ser trapos, de estrella solista que hace suspirar … quiero ser famosa, la más hermosa, firmar talonarios y en el escenario pisar a diario alfombras de rosas”. María recibió rosas a mansalva. Vivió rodeada de lujo y fama, aunque sobrepasada por su exigencia diaria y su constante mal fario. 

Infinito contraste con la Teresa de Ávila que la Velasco interpretó. Era mujer recia y sobria, siempre en busca de una perfección que aconsejaba alcanzar con actitud de “determinada determinación”. 

Con ese ánimo, difícil es caer prostrados por desilusión. Bien lo saben los hermanos Freire, F. Xavier y X. Lois. Hicieron del Airas Nunes punto de encuentro, lugar de reunión y distracción. Treinta años cumplió tan emblemático café, pieza clave de la historia de la centenaria rúa compostelana. De ello, doy fe.

Para gloria de ese patrimonio histórico salgo a visitar una tumba. No es ninguna de las citadas divas/damas. Es la de B. Chiodi, músico (no musa) que me persigue incluso en domingo. Está en el Carmen, bajo el púlpito. No se ve, pero lo dicta en su testamento y hay más documentación. ¡Allá voy, con determinación!