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Periodistas

EL OTRO DÍA, en un periódico, el sitio ese en el que nos zambullimos los esperanzados, se decía que bajaba considerablemente la matricula en las facultades de periodismo. Y que la causa era la inclinación de los jóvenes a dar valor creciente a la circulación más abundante e inmediata de la información en las redes. A mí me parece una simplificación del juicio que merece la renuncia a cursar estudios universitarios como cualificación profesional de los periodistas.

Para empezar, porque ningún problema con hondura tiene nunca una sola causa. Las cosas casi nunca son tan fáciles de manejar como pudiera parecer. Tengamos en cuenta, pues, para ese problema de la renuncia académica de los jóvenes, alguna otra causa más. Yo creo que hay por lo menos otra que puede tener tanto peso sobre la decisión de los chavales que esa que se aduce.

Es esta: los posibles aspirantes a ser periodistas, es obvio que se sienten desanimados por la reducción progresiva de empleos en el sector, que, desde hace ya unos años, viene manifestando dificultades también progresivas para sostener los aparatos tradicionales de búsqueda y difusión de la información. Es incontable el número de periódicos, revistas y emisoras locales de radio y televisión que han echado el cierre en los últimos diez años. Eran plataformas muy interesantes para la primera incorporación profesional de los titulados en periodismo.

Por si eso no bastase para desanimarlos, también es necesario saber, como ellos saben, que las condiciones laborales en los medios que subsisten, tampoco son ilusionantes. La precariedad de los contratos y la limitación de los salarios son hechos conocidos. A los jóvenes, en este oficio, les es muy difícil, primero, encontrar trabajo, después, valerse para vivir de él con independencia familiar.

En fin: que los que antes optaban por estudiar periodismo hoy, muchos, van optando por buscar un oficio algo más fructífero. Y los medios no pueden lavarse las manos respecto de las consecuencias de ese deterioro laboral y profesional. Sus posibilidades de supervivencia no son fáciles, pero hacer yermo el campo de la formación profesional periodística tampoco. Aunque solo sea por volver a hacerlo productivo cuando se pueda. Los desiertos tienen la maldita ambición de su expansión.

Más: lo que hay en las redes no suele ser propiamente información. Y el trabajo que ofrecen ni es más precario que el otro ni esta mejor pagado. ¡Ojo, chavales!