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Empresarios bañeses van a recuperar el castro local

Han pedido permisos a Patrimonio y propietarios para limpiarlo // Colaboran arqueólogos // Tiene el mayor parapeto del entorno

La nueva asociación de empresarios A Baña Emprende, con Rafael Vieito al frente, sigue buscando la forma de relanzar el municipio, y ahora han puesto la mira en el castro de San Vicenzo, uno de los más grandes de la zona y que quieren limpiar y poner en valor tras lograr los permisos.

Así lo confirmaba Vieito que, junto a un grupo de voluntarios y asesorados por un equipo de arqueólocos –con Verónica Silva y Martín Rivas al frente– tienen previsto primero limpiar la superficie y luego buscar ayudas para lanzarlo como recurso turístico. Para ello han pedido autorizaciones tanto al propietario de los terrenos de la zona como a Patrimonio. Esperan ponerse manos a la obra “na primeira semana de setembro”, aportaba a este diario.

Según las mismas fuentes, el yacimiento tiene un evidente interés, y no sólo por el material que anteriormente se extrajo, y que se exhibe en el Museo do Pobo Galego, “senón que os arqueólogos din que puido haber alí unha torre de vixiancia”. También abogan por implicar al Ayuntamiento en este proyecto, con el que quieren atraer las visitas, tanto de población en general como de colegios.

Este fuerte de la Edad de Hierro está situado justo enfrente de la iglesia parroquial de San Vicenzo, y aprovecha una suave ladera que pertenece a las últimas estribaciones del Monte Agudo, de una altura de 399 metros, en su caída hasta el fondo del valle regado por el río de A Baña, antes de acabar confluyendo con el río Suevos para formar el Albariña. La ladera se asienta en una zona llana que solo muestra acusadas inclinaciones por la banda del poniente que mira a ese curso fluvial y por el norte, mientras que por las demás zonas el terreno alcanza su mayor altitud, según los expertos de Patrimonio Galego.

Cuenta con un recinto circular de unos ochenta metros de diámetro, rodeado por un firme parapeto, excepto en la franja noroeste, donde la construcción de un cementerio afectó a la muralla, adentrándose hasta el interior de la corona del recinto. Según el historiador Xerardo Agrafoxo, este parapeto es el mayor de todas las citanias situadas en este municipio. Alcanza un grosor en la parte alta de 4 metros, y su mayor altura interior está en la zona que mira a poniente, con 10 metros. En el sur alcanza los 5 metros, y en el norte, alrededor de 8. Ceñido a esta defensa se aprecia, en el lateral oeste, un pequeño foso que se extiende en dirección sur, pero que fue destruido por la carretera que va a San Xoán de Barcala.

18 ago 2021 / 01:00
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