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Una llamada que resultó ser... un premio para Rogelio Santos

Así se enteró de que había sido propuesto para una distinción por su gran labor divulgadora

MARÍA CANO

Porto do Son

La directora general de la Guardia Civil, María Gámez, se fijó en el marinero gallego, Rogelio Santos, por los vídeos que cuelga en Youtube. Quiso condecorarlo por su sensibilización sobre el cuidado del medio ambiente. Cuando él recibió la llamada, lo primero que pensó fue: “¿Qué habré hecho?”.

No, no se trataba de una infracción. Primero se comunicó con él una agente del puesto de Porto do Son, municipio en el que Santos está censado. Ella estuvo avispada, comprendió qué era lo que este vecino se había imaginado y enseguida le dijo que su única pregunta era si podía facilitar su número de teléfono a un comandante de Madrid. La respuesta fue que sí, aunque no se esperaba en absoluto el mensaje que recibió. “No es por nada malo”, le habían advertido desde el cuartel situada al lado de su casa.

Y no, no lo era, pues había sido propuesto para una distinción por su labor divulgadora de la riqueza natural y por sensibilizar sobre la necesidad de respetar el medio.

“Me sentí contento y abrumado”, dice a Efe este trabajador del mar que vivió el acto de entrega como un reconocimiento colectivo, pues recibió felicitaciones de sectores enfrentados entre sí, como la pesca profesional y la recreativa; de las cofradías, de la comunidad educativa, dado que da charlas en colegios; y del mundo de la ciencia.

“En el mar estoy feliz. Es mi fuente de inspiración. Si estoy una semana sin ir, por temporales por ejemplo, yo pierdo la conexión con el mundo real”, relata con un lenguaje claro, directo y sencillo, que rebosa humildad.

Cuando alcanzó la mayoría de edad, empezó a dedicarse a aquello en lo que hoy sigue, a la bajura. Lo mamó en casa. También la pesca de altura. Creció entre aparejos, eligió, y quiere continuar así hasta el fin de sus días.

En redes, Facebook, Twitter, en todas, este hombre, al que han tanteado con una propuesta editorial ligada a los más pequeños, transmite “cosas” que siempre ha sentido. “No buscaba la fama, ni me gusta”, subraya.

Él se considera un privilegiado por poder ver a diario la belleza azul. “En el fondo del mar no hay homofobia. Hay diversidad. No se lleva la uniformidad ni la imposición. ¡Feliz Orgullo!”, es uno de sus últimos comentarios, ligado a la actualidad.

Roge, como le llaman en su círculo íntimo, muestra en otro hilo el pez estrella del verano, el sargo, el “preferido por los turistas”, aunque no son “los únicos”. Y enseña como nadie las rayas, el pescado blanco cartilaginoso “con cara de personita por debajo”.

Pero, además, recoge la basura que está cerca de la playa que hay al lado de su hogar; graba lo que devuelve al océano por el escaso tamaño o por no estar abierta la veda, y cuenta sus “hazañas”, sí, pero no oculta las capturas “modestas”, con las que “comen unas cuantas casas”, ni tampoco las jornadas que, pese al esfuerzo, salen “en blanco”. “Todo es mi obra social personal. Y la de la Milena”, nombre de su embarcación.

A él se le ha reconocido su conciencia ecológica, pero cree que hay mucha “a todos los niveles” y “buena voluntad, honradez y honestidad”.

Sí echa en falta “referentes públicos”, pues él se recuerda pegado al televisor, al que hoy casi no dedica atención, para ver por ejemplo al desaparecido Félix Rodríguez de la Fuente. “Yo no hago nada heroico. Es lo que tenemos que hacer. Más hacer y menos hablar. Los recursos son finitos y el alimento es lo más importante, junto con la salud”.

Rogelio Santos tiene buenas palabras para los marineros como él, para los inspectores, para las fábricas, para el transporte, para los biólogos, para... un largo etcétera. “Todo esto es mar”.

Aunque por su devoción pareciese que sí, no es mucho este sonense de ir a las calas. De joven todavía, pero ahora es más de “sofá” o de “estar a la sombra debajo de una viña”. “Son muchas horas sobre una pequeña lancha. Y aunque te eches crema solar llegas como una nécora”. Roge, en tierra, pone lavadoras, cuida a sus felinos Simba y Lúa, atiende la huerta (en ocasiones sube imágenes) y cocina a veces, aunque su progenitora es la que suele estar entre fogones. “En mi casa se come de maravilla”, apunta.

Rogelio lleva el nombre de su abuelo y, como él, es accesible y auténtico: “Los pies en la tierra los pongo cuando voy al mar”, se despide.

05 jul 2021 / 01:00
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