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De Cervantes a Shakespeare, de Ramón y Cajal a Sandow

UN 14 DE OCTUBRE, pero de 1925, fallecía en Londres Friedrich Wilhelm Müller. La razón de su muerte nunca se llegó a dilucidar pero la teoría más plausible es la de un aneurisma provocado por la sífilis. Su vida adúltera lo condenó a una tumba sin lápida. 77 años después un admirador colocaba una placa de mármol en la que se podía leer: “Eugen Sandow, el padre del culturismo”.

Con toda seguridad fue así. Tanto su enfermedad como su legado. Su físico envidiable, próximo al ideal griego, excitaba a numerosas mujeres que lo acompañaban entre bambalinas para tocar sus músculos, realzados con polvo blanco. Fue el protagonista de la primera película comercial de la época, de los Estudios Edison, y trabajó bajo la batuta de Florenz Ziegfeld, el productor teatral más famoso de la época.

Pero antes del estrellato, era un simple forzudo de un circo que recorría Europa. En su periplo conoció a Ludwig Durlacher Atila quien le enseñó ejercicios rudimentarios de definición. Juntos destronaron a Cyclops y Sampson, capaces de levantar “toneladas imperiales” y romper cadenas ajustadas al pecho.

De todo el aprendizaje de Sandow emanaron cinco libros con sus métodos. Además acuñó el término bodybuilding, entrenó a Jorge V y se lanzó a la actividad comercial con cursos, gimnasios, revistas, cigarros o el Cacao de fuerza y salud Sandow. Hoy su efigie da forma a la estatuílla de la mayor competición de culturismo profesional, Mr. Olympia.

Pero antes de Sandow, un Nobel de Medicina español ya moldeaba su cuerpo en la misma dirección. “Ancho de espaldas, con pectorales monstruosos, mi circunferencia torácica excedía de los 112 centímetros. Al andar mostraba esa inelegancia y contorneo rítmico característico de los forzudos o Hércules de Feria”.

Así se definía Santiago Ramón y Cajal a sus 18 años. Tras perder una contienda por una muchacha decidió asemejar su cuerpo al de forzudos como Sandow y lograr sus atributos irresistibles. Para ello acudió al gimnasio sin falta durante meses, a cambio de lecciones sobre fisiología muscular.

Y al igual que Sandow, también creó su método. Promulgaba la acción muscular repetida para obtener máximos resultados con mínimos recursos y diseñó máquinas diagnósticas y de musculación.

Puede que las vidas paralelas y simétricas de un inglés como William Shakespeare y de un español como Miguel de Cervantes en la literatura, también tengan su reflejo en el mundo del fitness, con Sandow y Ramón y Cajal.

Por ello, como en el Día del Libro, habría que buscar un nexo común en las vidas de estos dos pioneros para conmemorar el Día del Fisioculturismo, que actualmente se celebra el 30 de octubre en honor a Charles Atlas.

Quien no conoce a Dios, a cualquier santo le reza.

15 oct 2021 / 01:00
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