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Las nómadas que cazaban sueños

TODOS HEMOS SIDO nómadas. En algún momento, o lo seguimos siendo. Yo lo fui hasta que encontré pasto para mi rebaño. Un pasto que no prevé agostamiento. Y allí dejo pacer a mi felicidad. La suelto y no la vigilo. Porque sé que nunca querrá marchar de donde hay alimento.

Hay gente que busca constantemente su pasto. Porque su felicidad está en el mismo camino y su destino en la propia batida. El movimiento para el cambio, el cambio para el movimiento. El fundamento aristotélico donde ocurren los cambios, las revoluciones.

Fern lo hace así. La cinta de Chloé Zalo es un canto al nomadismo, a la fluidez, a la no permanencia. A la decisión soberana de renunciar al sueño americano por un sueño propio que conduce a la libertad por un atajo. Abandonarlo todo, deshacerse de ataduras y dejarse llevar.

Muchas mujeres fueron Fern antes de Fern. Pioneras en la revisión de ese concepto retrógrado de nomadismo que dice que las mujeres recolectan y cuidan de la familia mientras los hombres cazan mamuts, caballos y ciervos. Que dice que son ellos los que deciden a dónde ir, dónde asentarse y cuándo partir.

Las cholitas bolivianas y las primeras mushers no esperaron indicaciones. Se pusieron en marcha por ellas mismas y por todas las que no pudieron. Recorrieron kilómetros hacia arriba y hacia adelante apoyadas en firmes convicciones: sus piernas y sus trineos tirados por huskys.

Salieron a cazar sus propios sueños.

Se denomina cholas a las mujeres del altiplano de Bolivia que visten trajes regionales. Muchas trabajan como escaladoras de apoyo. Cocinan para los hombres y cargan sus equipos. Ellas se quedan abajo, esperando. En 2015 se cansaron y decidieron que también querían escalar. Lo hacen con sus vestidos típicos en una lucha contra el racismo y contra el machismo. En 2019 lograron su cumbre más alta, el Aconcagua, demostrando que sus sueños no tienen techo. “Hemos demostrado que las señoras de pollera, las cholitas, sí pueden subir con su propia ropa”, dicen.

La Iditarod (Lugar lejano) es una de las carreras más duras. Son 1.600 kilómetros hasta el mar de Bering a través de las durísimas condiciones del invierno de Alaska. Los mushers se desplazan en trineos tirados por 16 perros. Libby Riddles desafió en 1985 a una terrible tormenta de nieve que retiró a todos los demás. Fue la única que se mantuvo en pie. Su decisión de alcanzar ese lugar tan lejano e inhóspito para las mujeres la convirtió en la primera ganadora. El camino que abrió con su trineo fue recogido a la perfección por Susan Butcher, que estableció un récord sin precedentes al vencer en 1986, 1987, 1998 y 1990. Y cómo no, por Aliy Zirkle que nunca ganó pero que coquetea desde hace 20 años con la victoria superando incluso incidentes como el ataque de un esquizofrénico que puso en peligro su vida y la de sus perros.

Las mujeres nómadas ya no son lo que eran. Ahora son ellas las que cazan mamuts. Caminan, iluminan y desbrozan la senda. Con sus valientes pasos dejan un mensaje grabado en la carretera, en la montaña o en la nieve. Un mensaje que alienta a todas las demás: “Nos vemos en el camino”.

29 abr 2021 / 01:00
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