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{ REFLEXIONES }

Necesitamos franjas horarias para nuestro fútbol

AHORA PUEDE SER un buen momento para hablar de la interferencia entre los dos mundos del fútbol. Por un lado está la base, el aficionado, el practicante amateur de fútbol; y por otra el profesionalismo, que vive y se sustenta del primero.

Enfrentémonos al dilema que nos presenta la interferencia del fútbol profesional. Todos los años lo mismo. El llamado Clásico obligó a compaginar su horario con las competiciones modestas. Este fin de semana se realizaron muchos movimientos para que no coincidieran con la retransmisión del encuentro Barça-Madrid. Con mucha inventiva, se las ingeniaron para no coincidir. Bailamos al son de las televisiones y de la Liga de Fútbol Profesional. Todo supeditado a los grandes.

Se está abusando de los pequeños, que lo sustentan todo y a los que nadie les da nada, ni las gracias. Debe de ser muy difícil habilitar franjas horarias que respeten a todos.

En este deporte existen distintos niveles y competitividad. Van desde la élite, los profesionales, hasta los que practican fútbol por diversión y por salud. Los profesionales son una minoría, y por mucho que los sigamos, por mucha influencia que tengan en nuestras vidas y por mucho poder económico que generen, no deberían pisar al mundo aficionado.

Ambos están, tarde o temprano, condenados a entenderse; que lo hagan antes de hacerse daño. Tenemos que convivir juntos profesionales y aficionados, pero que éstos no olviden que los aficionados somos muchos más: los que lo practicamos y también consumimos el suyo. No se puede perjudicar a las personas que lo practican, lo organizan y se ocupan con estos eventos deportivos.

Venimos del confinamiento, de las restricciones, de aguantar en casa sin saber qué hacer y queremos volver a la rutina de todas las temporadas, disfrutar de nuestro fútbol, a nuestra manera y en horarios asumibles.

El fútbol modesto es muy amplio, ocupa y alberga a muchos curiosos, a practicantes de corto, a organizadores y colaboradores altruistas, para que su pueblo cuente con un equipo. De aquí sale tal unión que llega a considerarse una familia con gusto por participar, por verlo, disfrutarlo y sentir sus colores, sus pueblos y sus orígenes. Hay mucha historia detrás de todo esto.

No será posible contentar a todos, pero se puede llegar a un entendimiento y buscar lo más adecuado, consensuar una manera donde se pueda compatibilizar todo o interferir lo menos posible. Sería una buena solución. No lo veo descabellado, pero lo intuyo imposible. Todavía está fresca la resolución judicial entre ellos, por la guerra de los horarios que se montaron entre Tebas y Rubiales con aquel dictamen de la Juez de lo Mercantil. Viernes sí, lunes no y Mediapro frotándose las manos porque consigue tener fútbol, prácticamente, todos los días de la semana y a la hora que quiere.

“Hay que tener una visión amplia de lo que es el aficionado al fútbol. Es el que va al estadio, el que lo sigue por televisión, el que se engancha a las redes sociales, a la televisión... En el siglo XXI la competencia exige una fidelización del aficionado”, dijo Roures para defender su negocio, pero no hablaba del fútbol aficionado ni de los que lo practicamos.

27 oct 2021 / 01:00
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