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Unos Juegos para la historia

TOKIO 2020 Japón enciende la llama olímpica como una luz en medio de la pandemia (13.00 h) // Galicia acude con su mayor delegación y dispuesta a establecer un nuevo récord de medallas

Un año más tarde de lo previsto y tras superar innumerables atrancos, muchos de los cuales todavía amenazan con perturbar el orden de los deportistas, los Juegos Olímpicos de Tokio intentarán prender una luz que brille en medio de la pandemia. El encendido del pebetero, tras el desfile inaugural (13.00, hora española), pretende ser un mensaje de esperanza. Todos los ojos se posarán sobre una cita que atraerá la atención alrededor del mundo, impensable meses atrás, aunque cargada de incógnitas en su día a día. A Japón Galicia llega con su mayor delegación, veintiún deportistas que superan el techo que imperaba desde Barcelona 92 y que tiene ante sí el reto de conseguir el mayor botín de medallas de toda su historia.

Serán los Juegos del silencio, los Juegos de la pandemia o los Juegos de la distancia social. Sobran los apelativos para describir el camino pedregoso por el que han tenido que transitar deportistas, federaciones deportivas, el propio Comité Olímpico Internacional (COI) o sus colegas en Japón, dando forma al comité organizador de Tokio 2020. Por primera vez en la historia se aplaza una edición de los Juegos Olímpicos. Y es que lo que no consiga el coronavirus, no lo consigue nadie. Desde que la dichosa pandemia sorprendió al mundo las sombras se cernieron sobre la cita de Tokio. La capital de Japón ya había tenido que renunciar a los Juegos de 1940, a raíz de la Segunda Guerra Mundial, y no fueron pocas las dudas sobre si volvería a ocurrir lo mismo en esta ocasión. El empeño de todas las partes implicadas para que no fuera así ha dado sus frutos, aunque en medio de la pandemia no hay soluciones perfectas.

Desde hoy y hasta el 8 de agosto viviremos los Juegos más insólitos. Por primera vez los deportistas carecen del calor del público, que tiene la entrada vetada para evitar posibles contagios. Los Juegos llegan a puerta cerrada, una opción que parecía dantesca hace solo un año pero que ha sido legitimada por el desarrollo de las distintas competiciones profesionales a nivel nacional, anteriormente celebradas sin seguidores en la gradas.

DOBLE RIVAL. Los deportistas tendrán que enfrentarse esta vez a un doble rival. Por un lado, sus oponentes en la competición, deportistas con los que batirse por la gloria olímpica, perfectamente analizados y de sobra conocidos. Por otro, el virus, un rival más poderoso, de aspecto desconocido y que ataca sin previo aviso. Las medidas para evitar ser sorprendidos pasan por someterse a innumerables test. Los deportistas visitan tanto a los sanitarios como a sus fisios, todo para contener la propagación ante posibles contagios y demostrar estar limpio de virus, condición indispensable para poder participar en cualquier competición.

También están limitados los desplazamientos. De la Villa Olímpica al lugar de competición, y de este, a la Villa Olímpica. Nada de hacer turismo, nada de animar a los compañeros en otros deportes. Y si a alguien se le ocurre saltarse el itinerario previamente establecido, una aplicación rastreadora instalada en el móvil de todos los participantes involucrados en los Juegos dará la voz de alarma.

Tampoco la Villa Olímpica será la de siempre. La estancia se reduce, no se permite acceder a ella hasta cinco días antes de competir, y debe abandonarse más pronto que tarde una vez realizada la competición. Son unos Juegos distintos, incómodos a veces, pero todo un ejemplo de resiliencia. La gloria olímpica vale lo mismo en tiempos de bonanza que durante una pandemia. Y una vez sobre la pista, subidos a la piragua o nadando en las aguas de Tokio el virus quedará olvidado por un momento, los valores del deporte volverán a transmitirse desde Japón a todo el mundo y los deportistas se encargarán de hacernos llegar un mensaje de esperanza. El COVID sigue siendo una amenaza, nos encontramos en medio de un nuevo pico que en caso de seguir aumentando incluso podría amenazar el desarrollo de los Juegos, pero es el momento de volver a surfear las olas.

DE RÉCORD. En medio de las circunstancias más difíciles, con el coronavirus afectando al desarrollo de las competiciones a lo largo del último año, Galicia ha sabido resistir para hacer historia en Tokio. Los veintiún representantes en Japón superan los dieciocho alcanzados en Barcelona 92. La expedición a tierras niponas es, además, la que llega a unos Juegos con mayores opciones de medallas. Pekín 2008 y Londres 2012 pusieron el techo en cuatro metales; en Tokio las previsiones hablan de una decena de opciones de podios.

Tokio verá regresar a una cita olímpica a Javier Gómez Noya, buscando medalla y, por qué no, el único oro que le falta, posiblemente en su último intento. También desfilará por Japón Teresa Portela. La piragüista de Aldán se convierte, con seis participaciones olímpicas, en la deportista española con más presencias en unos Juegos. En su dilatada carrera solo le falta una medalla olímpica, presea a la que parecen destinados sus compañeros del K4. El betanceiro Carlos Arévalo y el cangués Rodrigo Germade integran, junto a los campeones olímpicos Saúl Craviotto y Marcus Cooper Walz, un barco llamado a batirse con Alemania por el trono. La delegación de piragüistas se completa con la pontevedresa Antía Jácome, que tras un Preolímpico fallido ha tenido que cambiar de planes y centrarse en el C1 200.

Sin abandonar el agua, aunque esta vez a toda vela, Iago López Marra en 49er, Támara Echegoyen en 49er FX y Nico Rodríguez en 470 buscan el pleno. El sonense, junto al cántabro Diego Botín, la ourensana, junto a la balear Paula Barceló, y el vigués, con el catalán Jordi Xammar, son vigente medallistas mundiales en sus clases.

Una de las actuaciones más esperadas será la de Ana Peleteiro. Aquella niña que irrumpió en 2012, proclamándose campeona del mundo júnior, por fin llega a los Juegos. Al igual que la triplista ribeirense, también debuta Belén Toimil, avistando ya de cerca la barrera de los 19 metros en lanzamiento de peso. De estreno también está Adrián Ben. El vivariense ya demostró en Doha que no le asustan las primeras veces y va a por un puesto en la final de los 800 metros.

La nómina de debutantes se completa con el noiés Caetano Horta, que se subió al doble scull ligero a contrarreloj. Casi sin esperárselo en Tokio también estará el arquero pontés Dani Castro, o la coruñesa Julia Benedetti, que hacía skate por diversión y la inclusión de su deporte en el programa olímpico ha acabado por llevarla a los Juegos. En boxeo el cubano afincado en A Coruña Enmanuel Reyes va a por el oro en su primera experiencia olímpica.

Hay grandes esperanzas depositadas en los deportes de equipo, todos ellos candidatos al podio. La ourensana Raquel Carrera y la viguesa Tamara Abalde forman parte de una selección femenina de baloncesto que intentará no perder caché en su proceso de renovación. En la selección masculina está el segundo de los hermanos Abalde, Alberto, en un combinado que aspira al oro con el regreso de Pau Gasol. En balonmano, la valdoviñesa Alicia Fernández es una pieza esencial en las Guerreras, vigentes subcampeonas del mundo, con el cangués Rodrigo Corrales en los Hispanos, dobles campeones de Europa. Su vecino Iván Villar está con la selección de fútbol.

23 jul 2021 / 01:00
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