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Faro de Cabo Vilán (A Coruña)

Camariñas es el lugar al que cantó “Luar na Lubre” uno de los temas más recurrentes del son de Galicia. En este rinconcito de la Costa da Morte, la brisa del mar batido se cuela entre los rincones de una de las villas marineras más icónicas del paraíso gallego.

En Camariñas, el trasiego de los marineros que parten cada día a enfrentarse al mar como recurso de vida se entremezcla con el silencio de la espera del ser querido que queda en tierra, y el sonido del encaje de bolillos teje la esperanza de su regreso al ritmo del nerviosismo. Es normal, pues estas aguas se han cobrado, y lo siguen haciendo, la vida de tantos y tantos marinos que han osado plantar cara a las furiosas tempestades que suelen azotar la Costa. Una de las tragedias más sonadas tuvo lugar en la cercana Punta do Boi, a finales del s. XIX. Los 172 tripulantes del HSM Serpent, buque escuela de la Armada británica, sucumbieron ante la fuerza arrolladora del océano, que se los tragó sin piedad.

A las afueras de la villa, trazando las curvas de una carretera secundaria, el faro de Cabo Vilán se levanta, formidable, al borde de los acantilados. El gigante llegó a estas costas para guardar la seguridad de sus vecinos en la mar tras la desgracia del HSM Serpent. La belleza de su porte le ha valido el galardón de monumento natural.

Uno de los más potentes de Galicia, su alcance es de cincuenta y cinco kilómetros. Si bien compite en fama con el faro de Finisterre, el de Cabo Vilán le supera en varios aspectos; entre ellos, el hecho de que fue el primer faro del litoral gallego en ser electrificado.

Hoy día, el senderista no solo puede disfrutar de la panorámica del poniente al borde de este coloso (hora y lugar desde el que se aprecia que el sol concentra la intensidad de la sangre marinera que, a lo largo de tantos siglos, se ha ido cobrando la Costa da Morte, cuando parecía que ésta se había diluido en sus aguas sin dejar rastro) sino que puede visitar las entrañas del faro, donde un pequeño museo nos permite disfrutar del mundo de los guardianes de nuestras costas.

Cerca de Camariñas merece también la pena visitar el Cementerio de los Ingleses, donde descansan las almas de los nobles británicos que sucumbieron en el naufragio del Serpent, así como el Santuario da Nosa Señora da Barca, una iglesita al borde del mar batido, centro de peregrinación de curiosos y de quienes pretenden descansar en la paz espiritual que regala la fe marinera de las gentes de Muxía. Hace unos años, la borrasca atlántica se cebó con el Santuario, inundando con las olas del furibundo océano el interior del templo y destrozando con sus rayos el techo del mismo. Aún así, el lugar prosperó gracias a los vecinos de la localidad, que se entregaron a la reconstrucción del santuario.

Por último, si se quiere uno dar un homenaje puede acercarse hasta O Roncudo, cuyos acantilados son el lugar de cría de los percebes de verdad, los que aquel paisano decía que “son como puños”. Degustándolos se disfruta de la esencia de este mar bravo que, con todo, es fuente de belleza y singularidad para esta tierra del fin del mundo.

10 jul 2022 / 01:00
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