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sábado, 28 noviembre 2020
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ENTREVISTA
JOSÉ ANTONIO REDONDO LÓPEZ / Conselleiro Maior del Consello de Contas

“Nuestros jóvenes deben aprender a enfrentarse a las dificultades e intentar resolver sus problemas”

En el aspecto económico, la inyección de liquidez y las ayudas al desempleo aunque necesarias no son suficientes, deben acompañarse de un plan de inversiones que genere empleo y confianza

Están recientes las elecciones autonómicas con mayoría absoluta y caras nuevas. ¿Considera que para mejor? ¿En qué medida influirá este resultado en nuestras vidas?

El aplazamiento de las elecciones nos condujo a un escenario en el que no teníamos ninguna experiencia previa en cómo abordar la situación. El fin del confinamiento permitió que tanto el País Vasco como Galicia pudieran concretar una nueva fecha para que los ciudadanos pudiesen acudir a las urnas. A pesar de las incertidumbres, la participación en Galicia fue superior a las anteriores elecciones. La mayoría absoluta reforzada de Feijóo, aunque anticipada por las encuestas, no deja de ser meritoria y, por otra parte, que el abanico político se redujese a tres partidos resulta sorprendente en lo que respecta a la desaparición de las Mareas del escenario político gallego.

La nueva legislatura no va a ser fácil. La crisis que se avecina, y que todavía nos puede deparar alguna sorpresa más, va a precisar de la colaboración de los tres partidos que conforman el Parlamento en la búsqueda de políticas de consenso. Creo que los ciudadanos están reclamando soluciones que resuelvan sus problemas del día a día, y la base, desde mi humilde perspectiva, está en unir voluntades para abordar los grandes retos que se avecinan.

Todavía colean los amargos estertores del coronavirus. ¿Qué debemos hacer?

Hemos ganado una batalla pero desgraciadamente no la guerra. El fin del confinamiento no debe relajar las medidas preventivas porque una segunda oleada podría suponer una catástrofe social y económica sin precedentes. Los largos meses de confinamiento se han saldado, como nos recordaba reciente el profesor emérito de la USC Juan Gestal, con 28.498 de muertos confirmados y 44.000 muertos por exceso y, desgraciadamente, muchos han fallecido sin el último consuelo por parte de sus más allegados.

El largo confinamiento nos ha impedido el contacto social y todos sentimos la necesidad de volver a la normalidad: reunirse con familiares, amigos, vecinos, acudir a los bares, restaurantes, espectáculos , etc. Esta pseudo normalidad no nos debe hacer olvidar que nuestro enemigo está presente, y su capacidad para expandirse sigue siendo la misma que en los inicios de la pandemia.

Las grandes cifras de muertos muchas veces ocultan la verdadera dimensión de la tragedia. Solo cuando nos afecta personalmente o le ponemos nombre y apellido a cada uno de ellos y nos unimos al sufrimiento de sus familiares, percibimos el dolor que han soportado. En este punto quiero recordar especialmente a nuestro querido y admirado compañero del Consello de Contas Dositeo Rodríguez.

¿Practicó el teletrabajo? ¿Con qué resultados? ¿Considera que llegó para quedarse?

El Consello de Contas ya tenía planteada la implantación del teletrabajo antes de que el coronavirus nos obligase a confinarnos. El proceso de implantación de la Administración Electrónica en el que estamos inmersos tenía ya previsto adaptar los sistemas para hacerlo compatible con nuestra actividad.

La excepcional situación aceleró el proceso y, desde el primer día, se adoptaron todas las medidas necesarias para que el personal pudiese trabajar desde su domicilio: se adquirieron equipos, se pusieron en marcha programas para mantener reuniones, líneas de acceso a la intranet del Consello, firmas digitales, etc. Además, se elaboró una instrucción provisional vigente hasta septiembre que regula el funcionamiento y seguimiento de los trabajos. Un gran esfuerzo de adaptación por parte de todos los trabajadores de la institución con un resultado más que satisfactorio.

De todas formas, considero que la implantación del teletrabajo no es tan sencilla para otras administraciones o determinadas empresas. En nuestro caso, llegó para quedarse.

¿Cambiarán mucho sus vacaciones? ¿Dónde las disfrutó en el pasado y qué hará este verano?

Desde hace cerca de veinte años mis vacaciones están en Carril. Reúne todo lo que yo aprecio: tranquilidad -sin aglomeraciones veraniegas-; excelentes restaurantes y tabernas, la sociedad recreativa y cultural el Gato Negro, que sigue manteniendo un número elevado de socios y que precisaría apoyo de las administraciones competentes para seguir impulsando sus numerosas actividades; los vecinos que comparten sus preocupaciones y de los que constantemente vas aprendiendo y, por supuesto, Cortegada y las puestas de sol que cada tarde nos muestran un lienzo diferente.

La tranquilidad que vivimos en Carril solo se ve interrumpida por la circulación diaria de cientos de vehículos pesados que se dirigen al puerto de Villagarcía, a pesar que hace años se realizó una millonaria inversión en una infraestructura de circunvalación que requirió de numerosas expropiaciones. Creo que poner una limitación al tonelaje no es nada complicado, ya que la seguridad de los vecinos de Carril y Vilagarcia debe primar sobre cualquier otra consideración y, además, justificaría el esfuerzo económico realizado.

¿Qué se puede hacer en un mundo tan desigual con millones de personas desnutridas, desplazadas, enfermas y sin recursos tras la pandemia?

Si cuando buscamos solidaridad entre nuestros socios europeos o entre nuestras comunidades autónomas o ayuntamientos, los egoísmos priman sobre cualquier otra consideración; qué podemos esperar de que el mundo de los privilegiados contribuya a erradicar la desigualdad en países en los que la miseria es el pan de cada día. Debemos preguntarnos ante esta situación: ¿A qué estamos dispuestos a renunciar de nuestros privilegios para solucionar la pobreza de 1.300 millones de personas de los que 663 millones son menores? El gran problema es que no nos interesa ser conscientes de esta situación; ver calamidades nos entristece y, a fin de cuentas, estamos para disfrutar de la vida. Solo cuando alguna estrella mediática se saca cuatro fotos entre niños desnutridos observamos la punta del iceberg.

Frente a este mundo de papel cuché o a la indiferencia del resto, están los misioneros y oenegés que batallan en primera línea y, en muchas ocasiones, pagan el alto precio de su vida. Su extraordinaria generosidad debe ser reconocida y aplaudida por todos, debe ser ejemplo compartido en las aulas para que nuestros jóvenes valoren a los verdaderos héroes de nuestra sociedad. Si cada uno de nosotros aportásemos la centésima parte de la generosidad de la de cientos de misioneros y voluntarios que siguen luchando en el tercer mundo, podríamos comenzar a ser optimistas.

La educación es clave para inculcar valores y solidaridad en nuestros jóvenes; no podemos formarlos sin que sean conscientes de la existencia de un mundo de pobreza y miseria que precisa de nuestra ayuda.

¿Teme que las consecuencias económicas puedan variar sustancialmente nuestra existencia?

Recuerdo que durante la guerra fría posterior a la Segunda Guerra Mundial, la gran amenaza para la humanidad era el poder destructor de las armas atómicas. Muchos ciudadanos construyeron refugios atómicos -en Estados Unidos especialmente- en un intento de protegerse del Apocalipsis que estaba por llegar. En nuestros días un insignificante virus nos ha llevado a los refugios de nuestros hogares y paralizado la vida social y económica de medio mundo.

Soy optimista en cuanto a que los científicos desarrollarán vacunas y tratamientos que nos permitirán superar la pandemia, pero la inseguridad que nos genera el que se vuelva a repetir algo similar va a permanecer durante largo tiempo. En este aspecto, el miedo nos hará ser más prudentes en nuestras relaciones sociales, en nuestros viajes ya sea de placer o negocios, las empresas van a desarrollar nuevas estrategias vinculadas al comercio electrónico, las administraciones deberán acelerar las plataformas digitales al servicio de los ciudadanos, el teletrabajo se impondrá; en fin, estamos a las puertas de una revolución que cambiará sustancialmente nuestro modo de vida.

¿Para quién su aplauso en estos meses negros y quién merece su rechazo?

Para todos aquellos profesionales que nos han permitido mantener cubiertas las necesidades básicas durante el confinamiento: los transportistas que han mantenido abastecidos los mercados, los agricultores, pescadores, agentes de seguridad, trabajadores de empresas estratégicas que mantuvieron los servicios de nuestros hogares, etc. Todos ellos fueron los que corrieron los mayores riesgos.

Mención aparte merecen los sanitarios que sufrieron en primera línea el impacto de la pandemia. El personal sanitario tuvo que hacer frente al coronavirus con recursos escasos y arriesgando su vida. Son los verdaderos héroes de esta crisis tan terrible que nos tocó vivir. Su generosidad y esfuerzo merecen el reconocimiento de toda la sociedad y nuestro verdadero homenaje debe centrarse en dotarles de medios y estabilidad en su profesión. No debemos olvidar que en España el porcentaje de profesionales sanitarios que fallecieron o enfermaron es uno de los más altos de Europa.

El uso de las mascarillas levanta polémica en ciertos ámbitos. ¿Le parece que las medidas adoptadas son las más convenientes para “salvarnos” del virus?

Cuando no se tienen los conocimientos necesarios para dar consejos, lo mejor es acudir a profesionales, Cuando voy al mecánico con una avería en mi coche, no se me ocurre discutir sobre las soluciones al problema; simplemente pongo en sus manos la solución. Si los expertos sanitarios nos dicen que debemos usar mascarillas, lavarnos las manos y mantener distancias prudenciales, unido a la reciente prohibición de fumar si no hay seguridad, no nos queda otra alternativa que respetar sus consejos. Tenemos la experiencia de los consejos de los grandes profetas de nuestro tiempo que relativizaron los peligros: Trump en USA que con sus consejos intoxicó a cientos de ciudadanos, Bolsonaro en Brasil y Boris Johnson en el Reino Unido que, por querer primar lo económico a lo sanitario, contribuyeron a expandir el virus y pagaron en carne propia su particular medicina.

¿Teme que las consecuencias económicas puedan variar sustancialmente nuestra existencia?

Estamos acostumbrados a hacer frente a crisis económicas de las que tenemos una amplia experiencia. Todas las crisis están debidamente documentadas y su impacto, especialmente de la más reciente, sobradamente estudiado. Esta crisis reviste especial gravedad, no tenemos ningún modelo económico que pueda orientarnos: al problema económico y social se suma el impacto sanitario y psicológico. No va a resultar fácil refrenar los miedos al contagio, lo que va a repercutir en la vida social y, sobre todo, en una sociedad como la gallega en la que valoramos especialmente la convivencia. El confinamiento fue una medida que nos permitió controlar, hasta cierto punto, la expansión del coronavirus; sin embargo, el confinamiento psicológico, fruto del miedo, puede convertirse en un estado emocional que requiera de mayor solidaridad social e incluso de otro tipo de intervenciones.

En el aspecto económico, la inyección de liquidez y las ayudas al desempleo aunque necesarias no son suficientes, deben acompañarse de un plan de inversiones que genere empleo y confianza. En esta línea comparto plenamente la recomendación del Premio Nobel y miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras Eric Maskin: “Sería importante crear un plan de inversión en nuevas infraestructuras vinculadas especialmente a las energías renovables. Es el tiempo de salvar a nuestro planeta al tiempo que salvamos a la economía”. La amplia experiencia de Galicia en renovables podría ser de vital importancia para nuestra industria y empleo.

Como miembro de la Comisión de Gobierno de la Real Academia que preside el Dr. Jaime Gil Aluja, les recomiendo la lectura de las entrevistas del gran periodista y amigo LLuis Amiget para La Vanguardia de dos de sus más insignes miembros: Eric Maskin y Finn E. Kydland.

¿Cree que, como indica una encuesta, los jóvenes de hoy vivirán peor que sus padres?

Si me comparo con mis padres que vivieron la guerra civil y el racionamiento, yo fui un privilegiado que pude acceder a la Universidad de Santiago con enorme sacrificio por su parte. Afortunadamente, mis hijos tuvieron una vida más fácil con mayores oportunidades que supieron aprovechar con su esfuerzo personal; nada resulta gratis en esta vida.

Las nuevas generaciones -de mis nietos- espero que aprovechen todas las alternativas que les brinda una sociedad que, con sus debilidades, está a años luz de la que vivieron sus bisabuelos. Lo que deben tener claro es que la formación y el esfuerzo personal son la clave de su futuro. Esperar a que papá y mamá, solucionen los problemas, resulta muy cómodo pero poco efectivo para enfrentarse a la vida. Los padres -que somos débiles y yo me incluyo- tendemos a sobreproteger a nuestros hijos, lo que les genera debilidades y constantes frustraciones. Nuestros jóvenes deben aprender a enfrentarse a las dificultades e intentar resolver sus problemas, tomar sus propias decisiones al igual que responsabilizarse de sus consecuencias. Lamentarse de lo mal que está el mundo no puede ser una opción.

¿En qué orden de preferencia situaría familia, profesión, estudio, relevancia social o amigos?

Lo importante es los que perdura: la familia como eje vital; la profesión -en la que me siento un privilegiado- que nos permite aplicar el fruto de nuestros estudios; los verdaderos amigos que nos acompañan en lo bueno y lo malo a lo largo de la vida, al margen de intereses, y se acaban convirtiendo en nuestra propia familia. El confinamiento hizo más evidente la necesidad que tenemos de aquellas personas que conforman nuestro círculo de amistades.

En cuanto a la relevancia social, la realidad es que a casi nadie le disgusta tener cierta relevancia social; siempre y cuando se tenga presente que suele ser, en la mayoría de casos, flor de un día: igual que viene se va.

Dentro de sus responsabilidades profesionales, ¿en qué proyecto está centrado ahora?

Afortunadamente el Consello de Contas cuenta con profesionales que supieron adaptarse perfectamente a las circunstancias. El plan de trabajo para el 2020 se pudo desarrollar con relativa normalidad y los informes serán presentados tan pronto se abra la actividad parlamentaria. Por otra parte, se presentarán los primeros trabajos sobre prevención de la corrupción que aportan un enfoque pionero en la actividad de los órganos de control externo de nuestro país. El plan de prevención de nuestra propia casa - se finalizará en septiembre- abre un modelo que puede ir extendiéndose a todas las administraciones autonómicas y, en esta línea, la comisión Consello de Contas y Xunta viene trabajando conjuntamente en la implantación de sistemas de prevención en toda la Administración. El objetivo es extender los modelos de prevención a todas las entidades locales y Diputaciones.

El Consello ha mantenido su actividad con normalidad: El comité de ética ha resuelto todos los asuntos de su competencia y el Pleno, la Sección de Fiscalización y la Comisión de Gobierno se han reunido por videoconferencia para aprobar los informes y las medidas necesarias para hacer frente a las necesidades que el confinamiento precisaba. En cuanto a las denuncias que llegaron al Consello se han respondido con celeridad y, en determinados casos, fueron incorporadas a los planes de trabajo. Este año se ha trabajado intensamente en la implantación de la Administración Electrónica. La pandemia puso de manifiesto que las líneas estratégicas que teníamos diseñadas fueron un acierto en su día.

Las primeras unidades didácticas sobre prevención de la corrupción -que serán presentadas próximamente- están elaboradas y espero que se puedan incorporar a los planes educativos del próximo curso y, por otra parte, está abierto el plazo para la presentación de trabajos sobre prevención al premio Carlos Otero.

Pienso que los ejes fundamentales que movieron a modificar en su día la ley del Consello de Contas se están cumpliendo. No era fácil y ha costado un enorme esfuerzo de adaptación y tiempo, pero creo que el trabajo realizado abre nuevos horizontes a la Institución.

¿Alguna persona tuvo influencia en momentos clave de su vida?

Muchas personas tuvieron influencia en mi vida. Mis padres que, con su generosidad y esfuerzo, siempre fueron un ejemplo a seguir; es algo que siempre tengo presente y que nunca dejaré de agradecer suficientemente. Mi mujer, mis hijos y los numerosos amigos que uno se va encontrando a lo largo de la vida.

trayectoria

Catedrático de Economía Financiera de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Santiago de Compostela desde 1987.

Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Santiago de Compostela (Calificación Sobresaliente “Cum Laude” y Premio Extraordinario de Doctorado).

Académico numerario de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras de España.

Fue Director general del Instituto Gallego de Vivienda y Suelo (1995-2005)

22 ago 2020 / 21:55
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