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cooperación transfronteriza. La lucense Marta Prado trabaja desde el Instituto de Tecnología de Braga y en colaboración con las unversidadesde de Vigo y Santiago, en un kit que de permite verificar la ‘autenticidad’ de productos como el aceite de oliva , el vino, o la castaña TEXTO Carlos García

PCR anti-fraude en los alimentos

Secuenciar el ADN de alimentos como la aceituna o la uva mediante las PCR es el método más fiable para que al productor o al consumidor no le den gato por liebre. Marta Prado, investigadora del Instituto Nanotecnología (INL) de Braga, avanza a Efe que acaban de crear un prototipo rápido y eficaz. Como si fuera una PCR (Reacción en Cadena de las Polimerasas) para detectar la presencia de covid en una persona, un equipo de investigación del INL dirigido por la lucense Marta Prado ha desarrollado un kit que mediante los tradicionales cartuchos y los reactivos pertinentes verifica al instante si un aceite de oliva virgen extra o uno de los mejores vinos están elaborados de acuerdo a la variedad de aceituna o uva a la que hacen referencia.

El aceite de oliva es uno de los alimentos más susceptibles para que sean adulterados, argumenta la científica gallega, por lo que la clave para luchar contra el fraude y asegurar al productor que la variedad es la correcta pasa por “un sistema de extracción de ADN a partir del propio aceite de oliva”.

Se trata de una iniciativa para la transferencia y valorización de nanotecnologías a pymes innovadoras hispanolusas, que cuenta con un presupuesto total de 4.225.750,67 euros, cuyo 75 % está financiado por el Fondo de Desarrollo Regional FEDER a través del Programa de Cooperación Transfronteriza Interreg España - Portugal (POCTEP).

El proyecto de investigación, Nanoeaters, está coordinado por la Agencia Gallega de Investigación y tiene como socios al INL, las universidades de Santiago y Vigo, la Fundación para la promoción de la Innovación, Investigación y Desarrollo Tecnológico en la Industria de Automoción de Galicia, el Centro Tecnolóxico de Telecomunicacións de Galicia, la Asociación de Investigación Metalúrgica del Noroeste y la Fundación Biomédica Galicia Sur.

Las variedades de aceituna brava y mansa fueron reconocidas oficialmente en octubre de 2017 e incorporadas al Banco de Germoplasma del Olivo de la Universidad de Córdoba. Entre sus características sobresalen sus condiciones organolépticas, que la convierten en dos variedades muy apetecibles para elaborar un aceite de oliva virgen extra muy singular

Por eso, el estudio desarrollado por el INL junto a la Universidad de Vigo se ha centrado en estas dos variedades. El objetivo final, crear un dispositivo que puedan usar los productores de este tipo de aceite para identificar si, realmente, la aceituna molturada en la almazara es de una de esas dos variedades.

De forma indirecta, con un mayor control para evitar el fraude alimentario, se pondrán en valor los olivos de sendas variedades, unos árboles centenarios que fueron abandonados desde la época del conde-duque de Olivares, en el siglo XVII, explica Marta Prado, y que ahora se están empezando a recuperar, dadas sus potencialidades en el mercado.

Convertidas en las únicas variedades de aceituna de Galicia –que sobresalió en este cultivo en la época romana–, hay que garantizar su autenticidad de cara al consumidor final, motivo por el que este proyecto busca un método que asegure “in situ” y al momento de qué clases de aceituna procede cada aceite.

El prototipo desarrollado no sólo se aplicará a estas dos variedades de Galicia, sino que servirá para otros tipos de aceitunas. Incluso está pensado para identificar la secuencia de ADN de otras especies vegetales susceptibles de ser adulteradas o con un alto riesgo de fraude de cara al consumidor.

Es el caso de la castaña, un alimento “cuyas variedades son muy difíciles de identificar”, o el vino, para que el consumidor sepa realmente si está elaborada con las variedades de uva que son especificadas en cada denominación de origen.

“Lo importante”, insiste Marta Prado, “es que la identificación sea rápida”. Por eso se encuentran en la fase de transferencia tecnológica, una vez que en el laboratorio han comprobado la funcionalidad de los reactivos. Antes de junio del próximo 2021 pretenden comprobar la eficacia del dispositivo en las numerosas empresas de aceite que existen en el norte de Portugal.

Se evitará, así, que el productor tenga que enviar muestras a un laboratorio centralizado y podrá obtener el resultado de forma rápidae.

La investigación servirá también para asegurar la trazabilidad del producto y, además, ayudará a la recuperación de cientos de hectáreas de olivares abandonados en el sur de Galicia, en la frontera con Portugal, que ahora empiezan a tener más valor gracias al potencial de las dos variedades identificadas.

“El aceite de oliva ha sido identificado como el producto alimentario con de mayor riesgo de adulteración, ya que es muy valorado por el consumidor y relativamente caro, sobre todo si es virgen extra y sus variedades están más reconocidas a nivel internacional”, argumenta Marta Prado.

olivares de tres siglos

··· La brava y la mansa, propias del sur de Galicia, se han convertido en variedades muy selectas y muy solicitadas por los consumidores “gourmet”, ya que proceden de olivos cuyos árboles más jóvenes tienen, mínimo, 350 años, explica José Luis Gómez, que comercializa ese aceite a través de la marca Casa de la Aldea, que opera en el Valle de Quiroga y Ribas de Sil, en la provincia de Lugo.

Los olivos de estas variedades fueron arrancados en la época del conde-duque de Olivares por las fuertes cargas impositivas que les puso, y “sólo se conservan aquellos olivos que se usaron para marcar las divisiones de los minifundios”, explica Gómez.

En esta zona de Galicia aún se conservan almazaras del siglo XII.

30 dic 2020 / 00:00
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