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Desde la Asociación Galicia Ambiental denuncian que el excesivo turbinaje producido en Cenza, As Portas, Salas o Belesar va más allá de la factura eléctrica TEXTO Jorge Garnelo

Un desecado legal deja erosión, fauna muerta o capas de microcistina

    El vaciado “extremo” acusado en el embalse lucense de Belesar (explotado por la compañía Naturgy) y los ourensanos Salas, Cenza y As Portas (por Iberdrola) está ocurriendo “en los períodos biológicos más sensibles para las poblaciones de animales”, una lacra “de la que no se está hablando” entre muchas otras desastrosas para nuestra fauna y flora.

    Así lo evidenciaron desde la Asociación Galicia Ambiental este viernes en declaraciones a EL CORREO GALLEGO, explicando que el procedimiento excesivo para turbinar y “producir energía eléctrica” provoca la “muerte directamente” no solo de peces, perjudicando además a la puesta de huevos, sino también de anfibios “por miles” en los pantanos actualmente afectados.

    Estos espacios no son los únicos damnificados. Entre la erosión y el desgaste que produce dicho proceso, los ríos se resienten igualmente. El desecado trae consigo “un efecto lavado de buena parte de la vida” que busca prosperar entre sus corrientes y, mientras todos miran hacia las explotadoras, la ley que lo permite sigue siendo la misma.

    El problema no va de tasas, porcentajes, ocupación o nivel. Va concretamente de normas y nada más. “Cuando no hay una regulación específica que determine cuales son las cotas de aprovechamiento ya es grave, pero cuando esas cotas están permitidas y apoyándose en esa permisión hacen ese agotamiento en plazos de tiempo muy reducidos, el impacto es brutal e irreversible”, comenta Benito García, portavoz de la entidad ecologista.

    Precisamente esto es lo que “ se criticó en el caso de Zamora, en el embalse de Ricobayo, y lo que puede estar pasando también en Galicia”, resalta. Parece ser así. Mientras Cenza (actualmente al 15% de su capacidad máxima tras estar un año atrás al 55%), As Portas (al 15,49% cuando antes era del 76,31%), Salas (al 28,74%) y Belesar (al 31,3%) muestran vistas desérticas, todo apunta, según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), a que la próxima factura de la luz será en unos días “la más alta de la historia”.

    Por el camino, sin mirar aún hacia nuestros bolsillos y dirigiendo la mirada a la naturaleza, sólo se vislumbran impactos negativos. El vaciado “extremo”, calificado así sobre los citados pantanos por la Confederación Hidrográfica Miño-Sil, “está ocurriendo justo en los períodos biológicos más sensibles para las poblaciones de animales” que viven en los ríos, explica García, algo de lo que “no se está hablando porque siempre se cita al embalse”.

    Otro efecto derivado es el “agotamiento” de los afluentes vinculados a esos embalses “durante varios meses hasta que se recuperen las nuevas cuotas de reserva hidráulica”, situación que vienen de denunciar en el Eume, ya que “se incurre en una infracción entre comillas consentida” que es “que los ríos llevan menos agua” que el caudal ecológico predeterminado. “Sospechosamente” para este último “no está fijado oficialmente por Augas de Galicia”, había criticado ya la asociación, hace unos días, en un comunicado.

    Pero retomando el panorama que muestran los tres pantanos ourensanos (Cenza, As Portas y Salas) y su hermano lucense (Belesar), explotados respectivamente por Iberdrola (los primeros) y Naturgy (el cuarto), cabe destacar que el desecado también contribuye a la “concentración de elementos contaminantes en el agua de los embalses”, algo importante “para el abastecimiento de las personas” en aquellos “en los que hay suministro humano”.

    El excesivo turbinaje no solo se queda en eso, añade, también “afecta a la economía de los pueblos que hacen ribera” pues “la mayor parte de los embalses tienen aprovechamientos lúdicos y sociales” con “infraestructuras turísticas en algunos de ellos muy considerables que se están viendo condicionadas cuando no directamente clausuradas”.

    Asimismo, el vaciado contribuye al proceso de “eutrofización de las aguas”, algo que “en el caso de Ourense ya es bestial”. Aparece en consecuencia la “famosa microcistina”. Cuanta menos agua hay en el pantano “más capacidad de reproducirse tiene” pues su vida está vinculada a “la temperatura del agua”, detalla García, matizando que “con estas bajadas” en sus niveles “estamos poniendo en bandeja” que se desarrolle y generen “un problema de supervivencia” de los mismos.

    Podrían quedarse como el de Caldas de Reis, pone como ejemplo el portavoz de Galicia Ambiental, indicando que “hace dos años todo el embalse era una capa de microcistina de un palmo de grosor”. “Tirabas una piedra y era como si cayese en chapapote”, dice. Aunque quizás ya olvidamos que era el Prestige. Nunca es tarde para evitar desgracias.

    20 ago 2021 / 20:30
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