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Cuando Abebe Bikila ganó la maratón olímpica... descalzo

Atletu (The Athlete)
Davey Frankel/Rasselas Lakew

Los tiempos cambian que es una barbaridad, eso está claro. Hace sólo unos meses, el logro de invertir menos de dos horas en correr una maratón fue anulado por culpa de las zapatillas que usó el no admitido como recordman: las zapatillas no corrían solas, pero sí ayudaban más de lo permitido, se consideró. Una realidad muy diferente fue la que se vivió en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960: a correr la maratón se presentó un desconocido etíope, hijo de pastor de cabras y ahora militar, llamado Abebe Bikila.

Nadie hubiera dado una lira por Bikila en la línea de salida, a la que se presentó a correr descalzo: una temeridad si se trataba de correr 42 kilómetros por las legendarias piedras romanas. Pero Bikila firmó una de las mayores proezas de la historia del atletismo: entró en la meta en solitario y primero, batiendo además el récord mundial de la maratón: 2 horas, 15 minutos, 16 segundos. Fue el primer atleta africano en lograr un oro en unos Juegos Olímpicos.

No se frenó ahí la incomparable trayectoria de Bikila, siempre humilde, siempre modélico. Cuatro años más tarde, en los Juegos de Tokio de 1964, y ya corriendo con zapatillas en sus pies (el motivo de correr sin ellas en Roma, al parecer, fue que tenía ampollas en los pies y le molestaba el calzado) repitió el oro en la maratón... con otro récord mundial: 2.12.12;y todo ello, pese a haber io operado de apendicitis 40 días antes de los Juegos.

Todo eso nos lo contó en 93 minutos, en 2009, la excelente película Atletu (The Athlete), de Davey Frankel y Rasselas Lakew, que se llevó premios en los festivales de Estocolmo y de Róterdam. La película, biografía de Bikila, contiene también ficción; no lo es que el etíope terminó la maratón cuando la noche se había echado sobre la Ciudad Eterna, y antorchas de soldados iluminaban el recorrido.

Pero Atletu se centra en el gigantesco lado humano de Abebe Bikila. Pese a tan llamativos éxitos, la película es un drama: en 1969, un año después de haberse retirado, tocado por la altitud, de la maratón de México’68, sufrió un accidente con el Volkswagen Escarabajo que un día recibió como premio. Quedó parapléjico, y murió en 1973: con 41 años. “Dios quiso que ganase en dos Juegos, y también fue su voluntad el accidente”, dijo.

Se fue el atleta, el hombre, pero quedó su leyenda. Y los hijos de ese dios son los reyes africanos que ahora dominan sin rival en todas las pruebas de fondo.

09 abr 2020 / 00:00
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