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La autocrítica del avestruz

    LOS jefazos y jefecillos del partido del Gobierno atribuyen los malos resultados de las europeas y andaluzas a que no supieron explicar las bondades de su política de austeridad. Menos mal que no culpan al votante. Le pasa al PP lo mismo que a los demás partidos: que de las tres potencias del alma sus dirigentes carecen de dos (memoria y entendimiento) y usan la tercera (voluntad) mayormente para perpetrar maldades. Esta es la razón de que no tengan el hábito de reflexionar sobre lo que hacen ni quieran afrontar las responsabilidades que se derivan de sus errores. Lo avisó Goethe: "Pensar es pesado, incómodo obrar conforme a lo pensado".

    Hay mercaderías que, aunque las envuelvas en papel de regalo, no nació el vendedor que las coloque a una clientela escaldada. Lograr que los desilusionados por el incumplimiento de las promesas electorales, empobrecidos por los recortes salariales y mermados sus derechos sociales comprendan que todo se hizo por su bien futuro, es más difícil que matar una ballena con un tirachinas. Esperar que la mejoría de los indicadores económicos baste para que las víctimas de la mala gestión gubernamental renueven su apoyo al PP, parece una apuesta desesperada. Porque hasta los más ingenuos saben en qué consiste la política popular: en vaciar los bolsillos de los que viven con lo justo o menos para colmar las alforjas de los epulones. Muy mal lo tiene el señor Rajoy para que le perdonen su pésima gestión y repetir mandato. La pelea interna augura descalabro.

    Profesor titular de Latín

    01 may 2015 / 00:00
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