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Bitcoin: toda burbuja explota

    DEFINE Ramón Tamames en su Diccionario de economía las burbujas como las desviaciones del precio respecto del valor fundamental de un activo estimado según expectativas racionales, con origen especulativo. Históricamente han sido numerosas. Podríamos destacar la de los tulipanes en la Holanda del siglo XVII, donde unos pocos bulbos se llegaron a cambiar por una mansión. La de la South Sea Company en el siglo XVIII, la concesionaria del monopolio del comercio británico en los Mares del Sur, en la que el valor de sus acciones creció hasta un 900 %. La de la Bolsa Estadounidense en 1929 que antes del crash creció un 500 por ciento.

    También la del Nasdaq o empresas punto com en 2000, con crecimientos del 2.900 % o, últimamente, la más dolorosa de las inmobiliarias e hipotecas subprime, con revalorizaciones del 800 %. Si en algo coinciden todas ellas es en sus consecuencias, la ruina de múltiples inversores y ahorradores, imprudentes o desinformados.

    Viene al caso el relato pues hace unos días la moneda virtual llamada bitcoin ha llegado a cotizar al cambio de 17.500 dólares, cuando en 2010 apenas se cambiaba por solo un dólar y a finales de 2016 por solo 985. Los porcentajes de las burbujas anteriores palidecen ante estos crecimientos de valor y solo nos recuerdan al de los bulbos de tulipán holandeses.

    En consecuencia parece oportuno que hablemos de la burbuja del bitcoin, pues como bien decía Keyness: "Lo grave se produce cuando es la empresa la que se convierte en una burbuja en medio del desorden especulativo" y nos temamos lo peor, la próxima explosión de la burbuja. Su funcionamiento es similar al de las estructuras piramidales, como el esquema Ponzi, donde al final las nuevas aportaciones se destinan a los reembolsos de los primeros aportantes participantes y los últimos inversores no tienen ni la más mínima posibilidad de recuperar sus fondos.

    No es difícil que suceda pues el bitcoin es una moneda que no está sometida a más supervisión que a las reglas establecidas por su presunto y desconocido creador Satoshi Nakamoto. No requiere revelar la identidad de sus titulares. No existe un precio oficial más que el determinado por la oferta y la demanda. Tales características chocan frontalmente con la definición que Tamames formula de la moneda, en su segunda acepción "unidad de cuenta cuya emisión está a cargo de la autoridad monetaria, generalmente el banco central".

    Carece de garantías y genera dudas, por un lado, sobre su buen fin y, por otro, sobre su posible utilización por organizaciones criminales que se beneficiarían de su anonimato y ausencia de controles. Todas las burbujas terminan explotando.

    Economista

    19 dic 2017 / 20:23
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