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El bloqueo es ineficiente

    SEGÚN la agencia Reuters los atentados en París de noviembre de 2015, con 130 víctimas, habrían tenido un coste de unos 7.000 euros y los atentados del 11 de septiembre de 2001 en New York algo menos de 500.000 dólares. Presumo que el de agosto, en Barcelona, no pasaría de unos 10.000 euros destinados al pago de bombonas de gas, alquiler de vivienda y furgonetas y otras menudencias. Como dijo Mandela "siempre parece imposible hasta que se hace".

    La financiación del terrorismo se caracteriza en que el origen de los fondos no es necesariamente ilegal, lo que le diferencia del blanqueo de capitales, y de ahí el habitual recurso a oenegés con apariencia de institución benéfica como instrumentos recaudatorios. Ahora bien, su destino sí es ilegal, pues al contrario que en el caso del blanqueo, su finalidad es cometer atentados. El dinero se mueve en efectivo y por sistemas alternativos de movimiento de fondos, como el Hawala, que suele operar en locutorios. Los importes son reducidos, como se concluye a la vista del coste de los atentados de París o probablemente del de Barcelona. Por lo tanto resulta muy difícil, cuando no imposible, su detección, pues no existe rastro en los bancos ni un perfil financiero mínimamente definido. Por último, el rastro del dinero es lineal, va del financiador al terrorista, entre quienes no existe relación directa, lo que dificulta su identificación.

    En España, para combatirla, se aprobó la Ley 12/2003 de bloqueo de la financiación del terrorismo con el objetivo de impedir la comisión de cualquiera de los delitos de terrorismo tipificados en el Código Penal, artículo 573, "subvertir el orden constitucional o alterar gravemente la paz pública". En la ley se recogían las nueve recomendaciones de la Financial Action Task Force-FATF/GAFI, organismo internacional de lucha contra el blanqueo y el terrorismo. Quizás su resultado más notorio fuera la sentencia de junio de 2015 del Tribunal Supremo, por la que ratificó el comiso de ciento siete Herriko tabernas.

    Pero parece evidente que para los nuevos modos de terrorismo, como el yihadista, no es lo suficientemente efectiva la ley vigente. Deberían aumentarse los controles sobre el origen y el destino de los fondos que obtienen las oenegés y arbitrar medidas que reduzcan los pagos en efectivo y de supervisión de los sistemas alternativos de transferencias, como la Hawala o las remesadoras de fondos. El nuevo terrorismo ya no exige numerosos liberados, grandes estructuras o armamento sofisticado. Con una furgoneta basta.

    Economista

    09 sep 2017 / 20:45
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