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los pasos contados

Carta a Luís Villares

    ESTA columna, que al amparo de la hospitalidad de EL CORREO GALLEGO vengo escribiendo desde hace tiempo, cómo sabes querido Luis, la comparto también por las redes con amigos como tú. Las respuestas sobre el contenido de algunas han sido muy variadas. Unos me lo han agradecido, mostrando su desánimo por lo que está ocurriendo en Galicia y por lo que les está a ellos ocurriendo. Otros, simplemente me han pedido que los borre de mi directorio. Alguno, en fin, todavía contesta: "Es que no nos comprendes, Alfonso". A la mayoría de los destinatarios les conozco desde hace años, como a ti querido Luis: hemos compartido proyectos e iniciativas y, en tu caso, he apoyado tu entrada en la política activa.

    Cuánto has debido aguantar y pasar mientras liderabas el proyecto que tanto te ilusionó y que, con importantes diferencias, compartimos por el progreso de Galicia.Pero ahora todo es distinto. Ahora algunos creen que ha llegado la hora de tu liberación y de que regreses a tu plaza en la sala de lo contencioso-administrativo del TSXG.

    No, no los entiendo y ese es el problema. No entiendo que personas que defendieron tus mismos ideales de transformación democrática del país y del avance sin freno en la igualdad de las gallegas y los gallegos, vivan ahora tan dramáticamente la coexistencia contigo para poner a prueba no sé qué nuevo proyecto. No, no entiendo que personas tan cosmopolitas esgriman que has fracasado en la ejecución de esos ideales. No parecen haber leído a Manuel Arias Maldonado y su Democracia sentimental.

    ¿Dónde están de verdad las diferencias? No hay una concepción monolítica de Galicia sino muchas y al igual que ocurre con los genes (identidad étnica) la variabilidad dentro de Galicia es mayor que la variabilidad que puede haber entre las diferentes comunidades autónomas que conforman España (identidad social).

    ¿En qué somos diferentes los gallegos? Naturalmente esos ilustrados que te quieren echar no pueden admitir que solo desde una idea supremacista se puede esgrimir la diferencia como un derecho político. Porque, ¿cómo se mide esa diferencia? Somos diferentes y por tanto exigimos que esta diferencia se transforme en un derecho político. Pero el tiempo no ha pasado en balde. El victimismo que tantos éxitos ha proporcionado también a otros al cabo del tiempo se convierte en una parodia.

    Los llamamientos al amor a Galicia y de que es lo único importante, a fuerza de repetirlos ridiculizan a quien los usa. El zancadilleo de estos insólitos copartícipes en desprestigiarte choca una y otra vez con tus firmes convicciones.Agotados todos los recursos solo queda la apelación continua a las emociones, a una democracia gallega sentimental convertida en hartazgo de sentimentalismo tóxico (T. Dalrymple).

    Desgraciadamente esta carta no va a convencerles, si llegaran a leerla. Pero puede ser de ayuda a todos aquellos ciudadanos de Galicia que en centros de trabajo y de investigación, en los hospitales, en la universidad, en las fábricas, en las oficinas y despachos, permanecen en silencio ante la tarea común, que contra viento y marea, ahora se exige para lograr el cambio en las instituciones públicas de Galicia.

    Apertas.

    Doctor en Derecho

    14 feb 2020 / 00:00
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