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El chupete federalista

    ES el federalismo un mantra apresurado que algunos se están sacando de la chistera para salir del apuro. Se piensan que poniéndole a Artur Mas un chupete federal se calmará su perrencha y se quedará tranquilo en la cuna. Es un error que olvida, cuál es el motivo profundo de la queja nacionalista, un motivo que ninguno de los federalismos existentes en el mundo arreglaría.

    Lo que solivianta a CiU es la solidaridad entre territorios. Lo que pretende con su propuesta es suprimirla o dejarla como algo meramente residual o voluntario. Por decirlo de forma gráfica, no quiere la solidaridad fiscal que se establece entre los que más tienen y los que más necesitan, sino aquella que consiste en dar una limosna cuando se estime conveniente. Pues bien, semejante modelo no existe en Alemania ni en Estados Unidos, por poner los dos ejemplos más significativos.

    Además de ese inconveniente, el federalismo no hace distingos entre las partes que lo componen. Ese café para todos que ahora se considera como el origen de los males de la España de las autonomías, es el que funciona en los estados federales. Hay café para todos cuando todos piden café. El nacionalismo catalán se empeña en que Cataluña merece café, pero a otras comunidades hay que darles achicoria. O sea, quiere institucionalizar un privilegio basado en un pedigrí histórico que también tienen derecho a reclamar Castilla o Andalucía. Un privilegio que, como se vio en la campaña contra el AVE gallego, no solo afecta a cuestiones sentimentales.

    En consecuencia, la terapia federalista no cura ninguno de los sarpullidos. El federalismo es solidario e igualitario. Aplicado a la España actual, consistiría en cambiar el nombre de las actuales comunidades autónomas para llamarlas estados, y en reformar el Senado. Ideas como el pacto fiscal, o la existencia de territorios de primera y de segunda, son completamente ajenas a la federación alemana o la americana. El federalismo con el que algunos quieren contentar al president de la Generalitat no es de este mundo.

    Su única utilidad es no dejar huérfano al socialismo catalán, necesitado de una coartada que le permita decir no a la independencia sin aparecer alineado con el PP. Rubalcaba echa un cabo a los ¿suyos?, con una propuesta de complicada gestión y de nula eficacia para disuadir a los nacionalistas. Basta con que salga del mantra y desarrolle la ocurrencia, para que quede al descubierto que sólo propone un giro de trescientos sesenta grados. Está además la Primera República como experiencia.

    25 sep 2012 / 20:20
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