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Desencantados con el alcalde 2.0

    EN LAS DEMOCRACIAS SANAS, los presupuestos son la piedra angular de la acción de gobierno y su aprobación es requisito indispensable para la estabilidad; para la gobernabilidad, en definitiva. Esa regla básica del sistema se ha deteriorado en algunos concellos hasta extremos que rozan lo caricaturesco. Hablamos de Santiago, en concreto, donde comenzamos el año sin noticias del proyecto sobre el que debe descansar la oferta de Compostela Aberta para los casi cien mil vecinos de la capital. El alcalde 2.0 –aclaración para susceptibles: nos limitamos a definir, sin acritud y sin caer en el insulto, a un regidor virtual, desaparecido de todos los grandes actos institucionales y ensimismado en el cibermundo de las redes sociales– se enfrenta a la primera gran prueba de fuego de una legislatura que él ha ensuciado desde el comienzo con el fango de las polémicas. Si en algo coinciden los portavoces de la oposición es en la palabra para resumir este convulso medio año: desencanto. Agustín Hernández (PPdeG), Paco Reyes (PSdeG) y Rubén Cela (BNG) interpretan con exactitud el sentir mayoritario de los santiagueses, desencantados, sí, con las ocurrencias del actual inquilino de Raxoi y cada día más preocupados por la paralización de la maquinaria municipal, desde la llegada del equipo de CA. A estas alturas, nada sabemos del proyecto de ciudad del alcalde 2.0 y sí mucho de su afición a gobernar a golpe de decreto, justo lo que no debe hacer un político que, como él, está tan lejos de la mayoría que garantiza la estabilidad. Si malas son su prepotencia, su cada día más manifiesta incapacidad para tender puentes de consenso, y su ausencia de química con todos y cada uno de los líderes de la oposición, peor es su gestión torpe, que sufrimos todos los vecinos de la capital. Tres de los frentes que tiene abiertos explican por qué en Santiago se respira frustración: 1) a día de hoy, ni él ni su lenguaraz concejal de Educación han resuelto con garantías el problema de los comedores escolares; 2) los pagos a proveedores se han ralentizado sin motivo, mientras proliferan los contratos a dedo; 3) su incapacidad para negociar los presupuestos retrasará la entrada en vigor de la principal herramienta de gobierno, en el mejor de los casos (en el peor, puede llevarle al abismo de la moción de censura). Estamos en un escenario indeseable, y mucho tendrá que cambiar el alcalde 2.0 para revertir tamaño desastre. Y tanto desencanto.

    06 ene 2016 / 00:00
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