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LOS REYES DEL MANDO

La dimisión

    DICEN QUE ESTE es un país en el que se dimite poco, porque el que tiene un cargo está convencido de que es porque lo merece. Pero las dimisiones en política pueden estar propiciadas por algo más que las decisiones propias. Pablo Iglesias anunció ayer que Monedero le había presentado la dimisión y que él se la había aceptado. Es el lenguaje típico en estos casos. Pero luego, el segundo o tercero de la organización, de esto no estoy seguro, confirmó en Twitter que se iba, quizás porque ya ha descubierto que esta es la hora de los pragmáticos. En una radio escucho a Víctor Manuel, que dice que eso ya debería haber ocurrido antes, y en ‘El Mundo’ leo a Del Pozo, que tiene línea directa con el político y politólogo. Ya ayer le había comunicado que cogía la mochila. Mediáticamente Podemos se aligera, dicen los que saben, pero otros creen que la filosofía, la idea de la cosa, no se consigue corriendo hacia las elecciones. Iglesias tiene ahora vía libre, o poco menos, para empezar el camino más amargo, que es el de tragar con los imperativos de las matemáticas. Por supuesto, tragar no es la palabra, pero a muchos se lo parecerá. Pactar con alguien (de la casta, según definición de Pablo) sería malo, pero quedar al margen de las decisiones, mientras otros recién llegados cortan el bacalao, también podría serlo. Ya vimos el pasado sábado, en La Sexta, que la ciudadanía demanda pizarra y tantos por ciento. Cifras, más que letras. Ya no es cosa de sacar a Gramsci a pelo. Iglesias ha visto que en Bruselas echan humo las calculadoras, que Varoufakis sigue de ministro pero no de negociador, y que no queda otra que ponerse con la fontanería. Son los inconvenientes de sentir moqueta, de la que no hay quien se libre si uno quiere contar para algo. Y eso es lo que Monedero critica, al parecer: la deriva del último cuarto de hora. Tras el Big Bang político las cosas suceden muy deprisa entre los emergentes: aún hay planetas formándose. La cosa quema. Él cae en el proceso de construcción, coge mochila, pero no le quitarán el gustazo de haber dado con la fórmula para agitar el presente. Le llamarán, cuando baje el suflé.

    01 may 2015 / 00:00
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