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IN MEMORIAM

A Dositeo y a todos los que nos han arrebatado antes de tiempo

    NO es fácil aportar un testimonio a los muchos que está suscitando el adiós inesperado de Dositeo Rodríguez. Nunca es sencillo acotar una vida intensa porque siempre quedan fuera muchos matices esenciales para comprender en toda su dimensión la personalidad de quien nos ha dejado. Harían falta muchos artículos como este para describir como corresponde las aportaciones del conselleiro de Presidencia, del digno representante de los compostelanos en su Ayuntamiento, del gerente de la USC y de tantos otros servicios públicos. Y muchos más todavía para reflejar su entrega y devoción a la familia que construyó con su mujer y sus cuatro hijos.

    En mi caso la primera dificultad viene dada por la amistad, cultivada en conversaciones y mensajes en los que Dositeo nunca incurrió en la actitud del político experimentado que aconseja con suficiencia a otros más jóvenes. Podía haberlo hecho dado su acopio de vivencias, y sin embargo sus reflexiones siempre discurrieron por cauces muy distintos. Eran las suyas las de un hombre que se esfuerza por entender la realidad en la que vive y aportar lo que sabe, que era mucho. Estas páginas de EL CORREO GALLEGO, a las que Dositeo Rodríguez acudía con asiduidad, son testimonio de alguien que no vivía en el pasado, sino en el presente más acuciante, hasta el punto de que su última colaboración se refería a la terrible pandemia que finalmente nos lo ha arrebatado.

    También es difícil glosar la personalidad de Dositeo debido a las innumerables huellas que deja en momentos cruciales de la historia de Galicia. Hagamos aquí un paréntesis para recordar que las grandes acciones políticas nacen de una buena combinación de pasión y razón. Dositeo fue sinónimo de razón, de cautela, de mesura, de acuerdo. No le faltaba pasión pero eligió para sí mismo la misión de cimentar el autogobierno en una administración sólida y profesional, capaz de resistir cambios y vicisitudes. Antes ya había desplegado esas virtudes en la u-niversidad y más tarde lo haría en la política local compostelana tejiendo consensos con adversarios que admiraron su talante.

    Figuras como las de Dositeo Rodríguez explican las etapas políticas fecundas y, sin embargo, suelen olvidarse, en parte por su afán de discreción. Rescatar de los archivos un primer plano suyo es una tarea imposible. Está abonado a un segundo término, como si quisiera abandonar la escena de inmediato para acudir a trabajos que no requerían popularidad sino constancia. Que no se confunda, sin embargo, esa alergia a los reflectores de la política con un carácter huraño que lo alejara de la gente. Al contrario, Dositeo era una persona exultante y afable que se prodigaba en acontecimientos sociales. Yo siempre lo vi como un hombre feliz y así lo quiero recordar.

    Una dificultad adicional para escribir esta semblanza es que Dositeo Rodríguez es hoy la representación de tantos hombres y mujeres que nos están abandonando en estas semanas aciagas, la mayoría de ellos de su misma generación. A todos nos invade una pena inmensa al pensar que, cuando esta atroz pesadilla haya pasado y recuperemos al menos una parte de la normalidad perdida, ellos no estarán y nos sentiremos un poco más solos.

    Desgarran las ausencias abruptas e inesperadas y la imposibilidad de homenajear a los que se han ido con la despedida que se merecen. Nada nos parece justo porque no lo es. Quisiéramos devolverles de alguna manera todo lo que han hecho por nosotros. Y curiosamente, en lugar de poder saldar nuestra deuda, la seguimos ampliando porque continúan siendo nuestro referente, nuestra guía en un momento de tanta oscuridad.

    La fuerza que nos han transmitido especialmente los mayores a los que esta pandemia azota con más virulencia, los valores que quisieron legarnos, son un arma fundamental en la lucha que hoy mantenemos. Junto a los antídotos y vacunas que se buscan en los laboratorios, hay otros de tipo moral que los veteranos nos dejan. Ellos nunca se rindieron y nosotros tampoco podemos hacerlo. Se lo debemos y nos lo debemos.

    Son valores inmortales de perseverancia, de unidad y colaboración. Dositeo Rodríguez los recibió de su familia, los aplicó a la vida pública y nos los transmite para superar uno de los mayores desafíos que se recuerdan. Su generación entendió, haciendo suyos los versos de Curros Enríquez, que "na unión dos bos galegos está da patria o porvir". Nunca tanto como ahora esas palabras son más necesarias porque no sólo el porvenir sino el propio presente están en juego.

    Dositeo Rodríguez y todos los que nos han arrebatado dejan muchas conversaciones pendientes, muchas historias por escribir, muchas experiencias que contar. Se van antes de tiempo con muchas cosas que decirles que quedan en suspenso. En nuestras manos está que la pandemia no nos robe también su recuerdo, que es el de ciudadanos de bien que escribieron una gran epopeya colectiva rehuyendo siempre el primer plano.

    Por una vez mi amigo Dositeo es protagonista. Tal vez he vulnerado su afán por ser discreto, pero creo que en estas circunstancias me hubiera perdonado.

    Presidente de la Xunta

    29 mar 2020 / 00:00
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