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El FMI y la burbuja crediticia

    HACE unos días el Fondo Monetario Internacional (FMI) alertaba a España sobre la evolución de los precios inmobiliarios al detectar señales de su sobrevaloración. Al tiempo exigía al supervisor, el Banco de España, un mayor control de la concesión de créditos para no incurrir nuevamente en la financiación de una posible burbuja inmobiliaria.

    Desconozco a que obedece el estado de alarma porque lo cierto es que el volumen de crédito ha disminuido un 33% desde 2009 al reducirse en 609.640 millones de euros. En otros términos, pasó de representar el 172% del PIB a "solo" un 107%. Es más, en junio pasado la diferencia entre créditos y depósitos se reducía a tan solo 14.680 millones de euros, lo que no sucedía desde junio de 1999, por lo que los bancos prácticamente no necesitaban recurrir a otros instrumentos financieros para satisfacer sus necesidades de liquidez en la financiación del crédito.

    Parece que fue ayer, pero era septiembre de 2008, cuando el entonces presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, aseguraba en Nueva York que España "contaba con el sistema financiero más sólido de la comunidad internacional". Nada más lejos de la realidad. Aun en 2017 los accionistas del Popular soportaron el último envite de la crisis financiera.

    Precisamente, quizás porque no podría mantener el perfil bajo de la etapa de Fernández Ordóñez, pero alineándose con las recomendaciones del Banco Central Europeo, el Banco de España en noviembre de 2017 publicaba su Circular 4/2017, pretendiendo, como manifiesta su título preliminar "reforzar la gestión del riesgo de crédito, la correcta clasificación de las operaciones, la solidez de las estimaciones individuales y colectivas de coberturas, el adecuado tratamiento de las garantías a efectos contables y la correcta valoración de los adjudicados".

    Uno de los aspectos que clarifica es el "cajón de sastre" que suponían las refinanciaciones y reestructuraciones como herramientas para ocultar los créditos de clientes en problemas. Se considerarán refinanciaciones las operaciones concedidas por dificultades financieras del deudor para cancelar operaciones concedidas o para poner al día las vigentes. O se calificarán como reestructuraciones las modificaciones de las condiciones financieras que faciliten el pago de la deuda, al alargar su plazo de vencimiento, variar el cuadro de amortización o recurrir a períodos de carencia.

    Quizás exagere el FMI. Ni el crédito crece, ni se ha relajado la regulación, ni se observan como antes grúas en los high line de las ciudades o múltiples adosados en las laderas de sus afueras. Pero es cierto que el precio de la vivienda, salvo en Galicia que disminuye, crece por encima del 6%. Bien pudo haber alertarnos en 2005.

    Economista

    18 dic 2018 / 20:07
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