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El fuego que llevan dentro

    OSTI, qué panorama. Los catalanes respiran rencor; los vascos, ansias; el resto del país, quimeras. No sabemos si esto acabará en tormenta o catástrofe. ¿Cuánta política te falta para ser feliz?, me pregunta un amigo. La política es novela alegórica y la mayoría de los políticos, lectores zombis. La historia, relato de cadáveres, secuencia de sucesos, que desfilan por la memoria. En Barcelona, Ada Colau desalojó a Juan Carlos I del Ayuntamiento y no acudió con Ana Pastor a la colocación de la primera piedra de la lanzadera ferroviaria con la T1 de El Prat. En Madrid, Manuela Carmena no fue a las recepciones del Palacio Real ni al besamanos ofrecido al presidente de Rumanía. En Zaragoza, Pedro Santisteve no participó en la entrega de despachos de la Academia Militar, presidida por el ministro de Defensa. En Santiago, Martiño Noriega no asistió a la tradicional ofrenda en la Catedral de Lugo, y en la foto con la reina, sale sin corbata tapando parcialmente a doña Letizia.

    PATIO DE VECINDAD. Este país, corralón de arribistas y agoreros, siempre espera que los vientos soplen de madrugada. Somos un patio de vecindad repleto de genios de pitillo y sofá, que dijo alguien. Zero Mostel, cómico de Hollywood, contaba que una vez le pisó la pata al gato y la abuela se volvió hacia el animal y le dijo: “¡Te dije cien veces que no andes descalzo por ahí!”. Aquí se echa siempre la culpa al de enfrente. Este país, acostumbrado a perder imperios, no sabe historia y por eso no la valora. El honorable Mas estuvo confianzudo con el rey. No sólo le pasó la mano por la espalda en plan colegui, sino que le fue a decir que Cataluña quiere separase. ¿Separase para qué? Si es una nacionalidad y posee tanta fuerza, debería repetir la conducta de los imperios, dominando al resto. Si no lo es, sería lógico que midiera sus fuerzas antes de intentar el divorcio.

    PROBLEMA DE EDUCACIÓN. Los federalismos, independentismos y separatismos, como las gogós, se visten mucho para luego desnudarse en privado. Son bellezas desabrochadas que se lucen en los palcos del Barça y le pitan al rey. Es problema de educación más que revolución social o política. En Manresa quemaron fotos invertidas de Don Juan Carlos y Felipe VI. Las leyendas decían: “300 anys d´ocupació”, “300 anys de resistencia”. Pobres, tan antiguos y tan sojuzgados. ERC quiere borrar el rastro de la monarquía, retirando fotos, bustos, retratos y esculturas de los Borbones. Borrar el pasado es inútil. El pasado no se elimina. Se esconde y sale a la luz cuando menos se espera, que es casi siempre.

    independencia. Mas dice que declarará la independencia y le apoya Josep Guardiola, entrenador del Bayern de Múnich. Confunden el tocino con la velocidad y el culo con las témporas. Cataluña, primera región de España, en varias excelencias, vive de España y desde el cava a la sardana, la butifarra y el caganet, respira oxígeno ibérico. Ya escribió Borges que con el tiempo se descubre que “la belleza, como la verdad, es frecuente”. Los políticos no quieren contarnos su secreto que es ocupar el poder. Cataluña, tierra que ocuparon los dioses, ahora la ocupan los hombres. Este país de ácratas y filibusteros no sabe de cortesías y menos de historia. En Alicante, una concejal que se bautiza a sí misma como la Roja, militante de Podemos, le llama borracho y asesino al rey Juan Carlos. Pero esto no es nada comparado con lo que propone: tirar bombas en los tendidos y subvencionar “asesinatos de políticos”. Y no le pasa nada. Son los apóstoles que predican la paz. Los que llevan en el zurrón la rocosidad sonora y la solución a las angustias del pueblo. Que se sepa, hasta el momento, no han metido en el chabolo a estos tipos, y tipas, que ejercen de chalaos y no tienen tratamiento.

    revulsivo. Asunto delicado es también Nafarroa. Uxue Barkos, presidenta de Navarra, defendió en su toma de posesión a la consejera de Bildu que llevará Interior. La zorra cuidando las gallinas. Barkos, nacionalista, fue votada por Geroa Bai, Bildu, Podemos e Izquierda Ezkerra. Los socialistas justificaron su abstención por la necesidad de tener una actitud dialogante. Un fuerte revulsivo de adrenalina, eso sí. Al final, algún exaltado sentirá la necesidad de aplicar la tijera o la motosierra. En este país nunca se aprenden maneras. Se tira de la manta, se abusa del vino y después saltan al ruedo los que montan a caballo. Y es que los mejores políticos acaban degenerando. Lo dijo ­Nietzsche: “El amor y el odio no son ciegos, sino que están cegados por el fuego que llevan dentro”. El poder, aquí, significa revancha y ajuste de cuentas. Es nuestra maldición.

    26 jul 2015 / 00:00
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