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Galicia sigue muriendo sola, una epidemia que va a más en el rural y en las ciudades

La marea de soledad que inunda a nuestra comunidad alcanza ya a 130.000 jubilados que viven sin compañía // Cuatro fallecidos en menos de un mes

La soledad, en especial la no deseada en el caso de las personas mayores, avanza en Galicia como una marejada imparable, con las consecuencias sociales que este hecho implica. En paralelo a esa circunstancia también crecen las muertes en solitario.

Los cadáveres de un hombre y una mujer que llevaban varios días muertos aparecidos a finales del pasado mes en la provincia de A Coruña, en los municipios de Oza-Cesuras y en As Pontes, junto a los que aparecieron este último fin de semana, uno en Arteixo y otro en Vilalba (Lugo) vuelven a colocar en la diana de la crónica negra el drama de la Galicia que muere sola.

En los últimos años es cada vez más habitual leer en los titulares de prensa noticias de personas mayores que fueron halladas sin vida en sus domicilios. Es la cara dramática de una existencia, al final del camino, sin compañía.

Aunque no hay datos contrastados fehacientes, un forense del Instituto de Medicina Legal de Galicia, que desarrolla su labor en la provincia de Lugo, explica que, cada año que pasa, "es más frecuente asistir a la muerte de ancianos que residían solos y son encontrados después de varios días en su domicilio, en avanzado estado de descomposición, sin que le hayan echado en falta". Precisa que muchas veces se da la alerta al percibir un fuerte olor a podrido y en otras por echar en falta al anciano, tras varios días sin verlo por el vecindario.

Estos casos se dan tanto en las aldeas del rural, como en las ciudades donde el aislamiento de muchos mayores es peor que el del rural despoblado, ya que en un mismo edificio, en muchos casos, el vecino del primero no conoce al del octavo piso y cada cual va a lo suyo. Por contra, en el rural, los convecinos suelen ser más solidarios en este sentido.

Según este médico forense, en la provincia de Lugo esas muertes en soledad de mayores pueden rondar anualmente el medio centenar. Extrapolando esta cifra a las otras provincias gallegas, se podría barajar un promedio de unos 200 fallecimientos de ancianos en la comunidad en completa soledad. Un drama social de difícil solución que debería remover conciencias de instituciones y también de particulares.

PERFIL. El perfil tipo de estas personas solitarias a las que les llega la muerte sin una mano amiga es el de alguien entre 70 y 90 años, que en su mayoría prefiere malvivir sin compañía de su escasa pensión en el lugar en el que residió toda su vida, antes que ir a una residencia. En estos ancianos es habitual que sufran el llamado síndrome de Diógenes, estén mal alimentados y sin seguimiento sanitario, toma anárquica de medicación y sin cobertura familiar. Accidentes cardiovasculares y senilidad son las causa más comunes en Galicia de esta mortalidad en soledad, que avanza sin freno.

HOGAR UNIPERSONAL. Del millón largo de hogares registrados en la comunidad a primero de enero del pasado año, algo más de 242.000 estaban formados por una sola persona, lo que representa casi el 23% del total. Diez años atrás esa cifra ascendía a 200.200, el 19,6%. El resultado es claro, en la última década crecieron un 3,4%.

De esas familias con un solo componente, poco más de 4.700 correspondían a menores de 30 años y 37.658 eran de solitarios entre 30 y 44 primaveras. A 70.514 ascendieron los hogares unipersonales de aquellos que van de los 45 a los 64 años.

Si este dato general referido a los hogares de un solo componente es desolador, más preocupante es el registro de personas con 65 o más años que viven sin compañía. Si en 2008 rondaban las 115.000, a primero de enero de 2019, ese número rondó las 130.000. Conforman el grueso, con más de la mitad del total, de esta tipología hogareña.

De esos mayores que viven solos en la geografía gallega, las mujeres, con algo más de 93.000, figuran a la cabeza, frente a los poco más de 36.200 varones. En el conjunto de Galicia las féminas que viven sin compañía ascienden a casi 140.600, frente a 101.559 varones. A esos 130.000 hogares compuestos por un solo jubilados hay que sumar otros 110.000 formados por una pareja de 65 o más años, sin hijos. Sumados ambos, rondan las 240.000 familias conformadas por personas de la llamada tercera edad.

PROVINCIAS. En el conjunto de la comunidad, al analizar la distribución por provincias de los hogares formados por una sola persona, las más pobladas de A Coruña y Pontevedra son las que anotan el mayor saldo, con 104.479 y 74.896, respectivamente. Unas cifras que revelan con claridad un importante aumento en los últimos diez años. En 2008 las familias de un solo componente en esas provincias eran 76.183 y 57.398, respectivamente, de acuerdo con los últimos datos publicados por el IGE.

La tipología de hogar más numerosa en Galicia, según el número de componentes que lo integran, es la de dos personas, con 344.200 a primero del pasado año. Un formato que en el último decenio se ha incrementado en más de un 2%, ya que en 2008 ascendían a 306.400.

Por contra, las unidades familiares formadas por tres y cuatro componentes cotizan a la baja en la comunidad. En el primer caso cayeron de casi 251.000 en 2008 a 243.000 a finales de del pasado 2018 y en el segundo modelo la bajada, entre esos diez años, fue de 183.600 a casi 175.500.

INGRESOS entre los 400 y 1.000 euros

Del total de 252.732 hogares compuesto por personas de 65 o más años, en el que se incluyen unipersonales, parejas sin hijos y otros tipos, hay cerca de 87.000 cuyos ingresos mensuales ascendían a finales de 2018 a cantidades situadas entre los 400 y 1.000 euros. En el escalón más bajo, con unas percepciones que no superaban los 400 euros había registrados 1.656. Los que ingresaban entre 400 y 600 sumaron 10.175, mientras que los de rentas entre 600 y 1.000 al mes eran 75.423. En el extremo opuesto, con más de 2.000 euros de ingresos al mes se contabilizaron 55.712 hogares gallegos.

EL EXPERTO
Miguel Ángel Vázquez: "morir solo es una crueldad evitable"
Geriatra, presidente de la Sociedad Galega de Xeriatría e Xerontoloxía (SGXX)

Desde la sociedad que preside, ¿consideran conveniente un censo de personas mayores que viven sin compañía y que defina sus necesidades asistenciales?

En nuestra opinión, puede que un censo de esas características resulte poco ágil, eficiente y frío; pero sí es preciso conocer qué miembros de nuestra sociedad precisan ayuda o pueden precisarla; y creemos que la Atención Primaria que está cerca de las personas y de sus hogares debiera ser sociosanitaria. Sobre todo en las provincias de Galicia en las que un gallego de cada tres tiene 65 o más años; y con equipos únicos e integrados por profesionales especializados que permitan detectar las situaciones que la Organización Mundial de la Salud (OMS) denomina fragilidad y se vinculan a situaciones de salud y sociales de mayor riesgo vital, y mayor presencia de enfermedades.

Galicia es en la actualidad una comunidad muy envejecida, con porcentajes de personas mayores en su pirámide demográfica que nunca antes se habían registrado, con población además muy vulnerable y frágil, que requiere que los responsables de la atención social y sanitaria se sienten a trabajar juntos y no se levanten hasta que los problemas reales de las personas y de sus familias se analicen y resuelvan. Somos un país lo suficientemente rico como para que nadie muera solo y viva en soledad. Creo que es una crueldad social evitable.

24 feb 2020 / 22:36
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