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Instalados en la incertidumbre

    LA inversión española (pública y privada) en investigación e innovación se ha desplomado. El éxodo de investigadores y capital humano es una seria amenaza para el futuro del país y la salida de la actual y persistente crisis.

    España carece de un plan de crecimiento sostenible y no dispone de una estrategia política y económica para acometer los principales desafíos de la primera mitad del siglo XXI, en un mundo globalizado. Aquejado de fuertes desequilibrios –económicos, sociales, demográficos, políticos y geopolíticos– y de un cambio de paradigma en lo que eran los países avanzados y los países emergentes, tanto en acumulación de capital como en uso del conocimiento tecnológico.

    El problema ya no es sólo la complejidad, sino también la incertidumbre. Y "la incertidumbre es una situación en la que no entendemos las variables que intervienen y carecemos de instrumentos para cuantificarlas. Es difícil de captar o comprender. El auge de la sociedad de redes globales ha generado muchos tipos diferentes de incertidumbres", escriben Emilio Ontiveros y Mauro F. Guillén (Una nueva época. Los grandes retos del siglo XXI, Galaxia Gutenberg, 2012).

    Para Ontiveros y Guillén, el siglo XXI "es el siglo de la complejidad y la incertidumbre". Y es esa complejidad y esa incertidumbre la que ponen en tela de juicio, por inconsistentes y poco fundamentadas, afirmaciones como las del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, luego repetidas por el presidente Rajoy, en las que decreta que España saldrá de la crisis en 2014, y a partir de ahí todo irá viento en popa y a toda vela.

    Hace unos meses, voces del mismo Gobierno aseguraban lo mismo, pero situaban la recuperación en el segundo semestre de este año; ahora la retrasan.

    Poca fiabilidad aporta un ministro cuyas previsiones macroeconómicas se muestran ingrávidas y alejadas de la realidad. Como lo demuestra cualquier comparación con los datos que, para el previsible comportamiento de la economía española, en el bienio 2013-2014 manejan la Comisión Europea, el FMI, la OCDE y todos los servicios estudios españoles que entienden de esa tarea.

    Lo cierto es que una vez concretado por Eurostat que el déficit público español finalizó 2012 en el 7 por ciento del PIB, los Presupuestos Generales del Estado para este ejercicio han quedado para el arrastre.

    Además de la recesión económica, el Gobierno tiene encima de la mesa otros problemas de hondo calado. Sobre todo tres:

    El aumento de las desigualdades en la sociedad española.

    La corrupción política y fiscal que no se detiene a las puertas de la jefatura del Estado.

    Y el cuestionamiento del Estado de las autonomías desde una concepción recentralizadora que demoniza el autogobierno y alimenta tensiones soberanistas, de rango independentista, con epicentro en Cataluña, réplica en Euskadi y sin menospreciar lo que se está gestando en el nacionalismo gallego.

    04 abr 2013 / 20:28
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