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Lenguas vernáculas y política

    UNA de las particularidades de nuestra especie -y de la que carecen las otras- es la posesión de un lenguaje complejo por medio del cual podemos transmitir a nuestros semejantes conceptos abstractos, pensamien-tos e ideas. Hay quien piensa que precisamente este don, derivado de la inteligencia, es el que nos hizo humanos y el que ha permitido el enorme desarrollo científico, técnico y artístico que hemos alcanzado.

    La ciencia que estudia el lenguaje, se llama lingüística y uno de sus más señalados estudiosos fue Román Yakobsón, ruso de nacimiento que, por ser judío, tuvo que huir tanto de bolcheviques como de nazis, recalando, como otros muchos, en USA. Decía este erudito que para que exista lenguaje es imprescindible un emisor, un receptor y un mensaje, además de un medio de transmisión. En el caso del lenguaje hablado, el medio es el aire.

    Otro requisito que no puede faltar es que el emisor use para la transmisión un código conocido por el receptor, de manera que el mensaje emitido sea inteligible para éste, porque si desconoce el código y no lo entiende, el lenguaje huelga, ya que su primer y principal objetivo es que emisor y receptor se entiendan. De hecho, Yakobsón dice que de las seis funciones que tiene el lenguaje, la fundamental es la comunicativa que es la esencia misma del lenguaje. Concretando: si el receptor no conoce el código-lengua-idioma que usa el emisor, el mensaje carece de valor y el lenguaje desaparece.

    Hay veces en que la lengua materna de los interlocutores es diferente, pero ambos tienen conocimientos del idioma del otro. Cuando dos personas con esta particularidad comienzan a comunicarse -le oí o le leí a Amando de Miguel hace años- ocurre un fenómeno curioso. Al poco tiempo de forma natural, se impone como código de comunicación la lengua del que conozca mejor la del otro. Porque de lo que se trata es de poder entenderse de la forma más fidedigna.

    Otras veces, cuando la lengua de los interlocutores es muy parecida, es muy frecuente que cada uno use la suya a sabiendas de que se van a entender. Eso se ve en las entrevistas que les hacen a futbolistas de fuera de Cataluña que llevan mucho tiempo jugando en clubes catalanes. El periodista pregunta en catalán y el futbolista responde en castellano. Tanto uno como el otro se entienden perfectamente.

    Todo esto que tanto la ciencia como el sentido común apoyan y que es obvio para todos, sin embargo no lo comparten algunos políticos que imponen sus ideas supremacistas sobre el idioma y que contradicen a la lógica. Tratan de conculcar las leyes de la lingüística, haciendo del idioma, no un sistema de comunicación humana, sino un elemento de división y confrontación.

    La larga reflexión que acabo de hacer viene a cuento porque el otro día me remitieron un vídeo con un fragmento de un programa de TV3 sobre un concurso. Llamó una señora para participar y se expresó en castellano. La locutora le respondió en catalán y la que llamaba, le dijo que no la entendía, que por favor le repitiera la pregunta en castellano. La de la TV insistió en catalán a lo que la señora le dijo de nuevo, educadamente, que seguía si entenderla y volvió a reiterarle su ruego. La del programa, en lugar de atender la petición, antes de colgarle el teléfono, le sugirió que hiciera un curso básico de catalán para poder comunicarse con el programa la próxima vez.

    En este vergonzoso caso se conculcaron, además de las reglas de la más elemental cortesía, también la principal de la lingüística, cuya función es establecer una comunicación oral inteligible entre dos personas. La locutora se negó rotundamente a utilizar un código de comunicación conocido por ambas: el castellano. En resumen quiso excluir y marginar a la castellanohablante del programa, precisamente por no utilizar la lengua que los políticos han impuesto con exclusividad.

    Esto ocurrió en un medio de comunicación público sufragado por todos los ciudadanos. Unos de lengua catalana y otros castellanohablantes. Con esta política -que lleva muchos años ejerciéndose allí- se excluye de facto deliberadamente en estos programas a los que hablan castellano y desconocen el catalán. Siendo tan paganos como los primeros se les margina. Y esto lo fomentan y lo aplauden los políticos nacionalistas (hoy claramente separatistas). Lo grave es que el resto lo consiente.

    Médico

    19 ene 2018 / 00:00
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