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{ tribuna libre }

Las leyes y la historia, a propósito de Cataluña

    Las leyes están bien para ordenar la vida diaria, pero no para los acontecimientos históricos. Si repasamos nuestra historia, vemos cómo los hechos principales han ido casi siempre en contra de la legislación vigente de cada momento sin que por eso no se hayan consolidado y aceptado con posterioridad. Por otra parte no quiere decir que lo surgido de la ilegalidad haya sido siempre una catástrofe. Por mencionar sólo dos hechos históricos ilegales, primero tenemos la llegada de Isabel la Católica al trono de Castilla por medio de la falacia de que su sobrina Juana, a la que le correspondía el trono por herencia (según la legislación vigente entonces) no era hija de su hermano Enrique y sí de Beltrán de la Cueva. El segundo, son las elecciones municipales de abril del 31, en las que en lugar de cambiar de alcaldes se cambió el régimen monárquico por uno republicano, que es como si se cambiara el alcalde de Santiago porque los contrarios a él hubieran ganado las elecciones del Aeroclub. Ambos hechos históricos se consolidaron y fueron manifiestamente ilegales según las leyes del momento. Igual podemos decir de la independencia de los EEUU y de los territorios españoles de América.
    Por esto me harto de reír con las diatribas que se les oye a políticos y tertulianos radiofónicos y televisivos cuando dedican un tiempo perdido e inútil en demostrar lo que no necesita demostración: que la consulta que se realizó el pasado día 9 en Cataluña es manifiestamente ilegal, porque ha incumplido la Constitución vigente y las sentencias del Supremo y del Constitucional. Aquí el que se va a llevar el gato al agua va a ser el que esté mas convencido de “su” razón y no el que la argumente mejor según la legalidad. Como decía el manual sobre estrategia y táctica militar que nos daban en las milicias, para ganar una guerra, además de los medios materiales adecuados y humanos bien entrenados, había que tener “voluntad de vencer”, y por ahora según mi modesta opinión, la tienen más los independentistas y sus líderes y mucho menos los españolistas y los suyos. A favor de la independencia de Cataluña, las manifestaciones son masivas. En su contra, la asistencia del personal es exigua, sin que por esto quiera decir que los primeros sean una mayoría. Así, que discutir sobre la validez de esta u otra consulta, mientras sea consentida por el poder, da lo mismo que sea o no legal, porque los acontecimientos históricos tienen la mala costumbre de producirse independientemente de si cumplen o no las leyes del momento.
    Aquí lo que hay que discutir y reflexionar es sobre el origen del fenómeno. Y este viene de hace casi cuatro décadas, cuando los próceres políticos de entonces consintieron (con razón o sin ella, pero sabiendo que había que atenerse a las consecuencias futuras) que se crearan partidos políticos en los que su ideal era la destrucción del Estado. Es como si en el Real Madrid se aceptara una corriente de socios cuya idea fuera que se disolviera el club, o por lo menos que siempre ganara el Barcelona.
    Todo ingeniero hidráulico sabe, que cuando en la presa de un embalse sale una pequeña fisura, hay que taparla de inmediato y contundentemente, porque si no su crecimiento será constante y cada vez será más difícil y costoso acotar la pérdida de agua. Incluso puede llegar a ser imposible. Con el problema catalán los responsables del Estado y de su unidad, han actuado durante tres décadas como un mal ingeniero hidráulico. Cada día que pasa, la brecha es mayor y por lo tanto mayores y más drásticas tendrán que ser las medidas si se quiera tapar. Cuanto mayores y más drásticas, más impopulares y llegará un momento en que o se abandona o se producirá lo que dice Clausewitz sobre la continuación de la política. Y si no al tiempo.

    12 nov 2014 / 00:00
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