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El maná y el Cuerpo de Cristo

    ERA TRADICIONAL en los pueblos la consideración de que el pan es el alimento básico de la persona. Cierto que ahora hay sucedáneos de pan, que, a veces por pensar que saben mejor y otras por creer que engordan menos, se utilizan a menudo. Hoy ya abundan en las ciudades los niños que consideran que el pan viene del supermercado, o, en todo caso, de la panadería. Necesitamos hacerles ver que el pan es fruto de la espiga, que ha nacido y crecido por la fuerza de Dios, que da el pan para sostener la vida del hombre. Por ello, el creyente, al rezar el Padrenuestro, pide una y otra vez al todopoderoso que nos dé el pan de cada día.

    La solemnidad del Corpus Christi nos hace valorar lo que la 1ª lectura de la Misa de hoy nos indica: que el pueblo de Israel recorrió el camino del desierto hacia la tierra prometida, y que Dios salió en su ayuda. Ésta les llegó por medio del maná, algo semejante al pan, que recogían cada día para alimentarse.

    Jesús se considera el "pan vivo bajado del cielo". Se contrapone al pan que comieron los judíos en el desierto, para mantenerse vivos, pero que no les concedió la permanencia definitiva en la vida.

    El pan que ofrece Jesús, permite vivir para siempre; y ese pan, que Cristo da, es su carne, para vida del mundo. Es tan necesario comer de esa carne, que quien no la come no gozará de la vida sin fin. Por el contrario, quien la come habitará en Cristo y Cristo en él: el que come esa carne, vivirá por la fuerza de Cristo.

    El Cuerpo y la Sangre de Cristo, dice San Pablo, nos une a todos los creyentes. Esto se percibe de modo especial al considerar lo que acontece con el pan: del mismo modo que éste es uno, aunque formado de muchos granos, así también nosotros somos un solo cuerpo, a pesar de ser muchos.

    25 jun 2011 / 23:43
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