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COMPOSTELA EN FORMA

Movimiento "real fooding" y el tonto del escáner

    Pregúntele a un tailandés, a un camboyano o a un vietnamita si sabe lo que es un nutricionista. Créame, es un experimento muy interesante porque todos ellos, que han vivido siempre de forma tradicional y subsistiendo a base de sus propios recursos locales, ¡¡¡no saben lo que es un nutricionista, ni para qué diablos sirve!!!No olvidemos que por allí no hay ni rastro de obesos (al menos, obesos mórbidos) pues la gente gasta lo que come y come para vivir… que no vive para comer.

    En efecto: ellos, a la hora de alimentarse y a diferencia de nosotros, se siguen valiendo de los dos recursos más útiles: el instinto y la experiencia. ​

    ¡Ah, el instinto! Esa cosa que viene de serieen los mamíferos y que les sirve de guía a la hora del yantar, ¿a que sí? Bueno, todos los mamíferos, menos nosotros–los humanos–, porque de tan listos que somos nos hemos vuelto gilipollas, a secas. ¿El instinto, para qué, si ya me lo cuentan en la tele?Claro, en los medios y las pantallitas nos están bombardeando día y noche con antiinformación y diciéndonos –pongamos por ejemplo clarividente– que las tortas de arroz inflado son estupendísimasy, claro, como el incauto consumidor verifica que estas viandas pesan poco y además tienen escasas calorías,¡¡¡pues miel sobre hojuelas!!! Y allá vamos nosotros, en tropel, encabezando la marcha las funcionarias de España y los culturistas acérrimos, que ya tenemos bien claro que la fruta engorda y provoca gases, a atiborrarnos de un “ultraprocesado modélico”, pues cumple con todos y cada uno de los requisitos para serlo: 1/elaborado a base de cereales y/o féculas; 2/saladito de más; 3/envuelto en un plástico; 4/deshidratado(seco, por lo que se necesita de mucha insalivación para poder tragarlo); 5/ se pega a los dientes cosa mala, acidificando la saliva(por lo que genera disbiosis oral y caries); y 6/ ocasiona hipoglucemia reactiva(uno de los 7 grandes males que asolan nuestra era, que allana el camino a la obesidad y diabetes)… Genial. Hurra. Yupi.​

    Y del otro componente natural e idiosincrático del que hacen gala los pueblos antediluvianos, la experiencia, tampoco gastamos mucho, los tontolabas urbanitas:pese a que la mayoría de los comistrajos que nos zampamos y bebemos (perversamente orientados por el marketingconsumista), acabamos notando que nos sientan como una verdadera patada en los hígados, ¡¡¡seguimos comiendo y bebiendo esa misma mierda una y otra vez, haciendo caso omiso de lo que nuestro cuerpo intenta advertirnos!!! Y es ya, cuando advertimos de que estamos ácidos, obesos, prediabéticos, hipertensos y que soltamos más gases que una cafetera Express, que acudimos al médico y/o nutricionista con la vacua intención de que nos dé la pastillita mágicaque cure todos nuestros males, ¿a qué sí? Pues mal vamos.​

    Por eso mismo, y antes de mofarse y señalar con el dedo a pueblos como los tailandeses o camboyanos, por ser “gentes primitivas” que comen el arroz con palillos –o con las manos–, directamente y que todavía defecan en cuclillas, párese un momento y obsérvese a usted mismo en el espejo: fíjese en ese refresco que lleva en la mano cargadito hasta los topes de edulcorantes artificialesque pervierten su flora intestinal; o ese café con leche listo para llevar que genera acidez, inflamación crónica y resistencia a la insulina; por no hablar de esa postura antifisiológica como es el defecar sentado, dado que el músculo puborrectal (que forma parte del suelo pélvico) no consigue nunca relajarse del todo y por eso mismo la evacuación es grotesca, harto complicada, y rara vez de corte limpio. ​

    Pero espérese, que en nuestro auxilio para discernir entre lo que es bueno y lo que no, llegan las nuevas hornadas de dietistas-nutricionistas (diplomatura en ristre) para ayudarnos con todos estos dilemas metafísico-existenciales. Digo más, hasta ya hay una aplicación para el móvil (sí, otra más) que funciona como un escáner el cual, tras leer el código de barras de cualquier producto del súper –¡PII!– te dice si la matraca en cuestión es A/ un ultraprocesado, B/ no lo es, o C/ segúnse mire… Genial, ¿verdad, amigos? ​

    Y allá va, el tonto con el escáner, dando la nota por el súper adelante, para cerciorarse de si sus nuevas campurrianas, elaboradas con masa madre y semillas de ajonjolí, siguen siendo un maligno ultraprocesado… o ya puede uno relajarse y masticar tranquilo. Sí, queridos amigos: ya sé que suena a algo kafkaiano pero créanme, esto es algo real y está pasando ahora mismo.​

    A ver, el que quiera andar haciendo el indio por el hipermercado adelante, está en su derecho, faltaría más, pero, coño, ¿hace falta llegar a estos extremos? Tenga presente este sencillo truco adicional, y ya verá cómo no falla: antes de decantarse por comprar un determinado producto, y ante la duda existencial de si se trata de un ultraprocesado, o no, piénsese si ese mismo producto estaba disponible en la época de sus abuelosporque, si no es así, ¡¡¡hay muchas probabilidades de que esa milonga sea un ultraprocesado!!! De facto, todo lo que no existía hace 30 ó 40 años, debería cogerse con pinzas.​

    Y ya puestos, mucho cuidadito con los lobos vestidos con piel de corderos, los ultraprocesados dietéticos para deportistas: las bebidas deportivas gasificadas, las galletas proteicas, los pudines lights,los flanes sin carbohidratos y toda esa recua de caralladas que actualmente se venden para culturistas-crossfiteros, en detrimento del consumo racional y fisiológico de frutas y verduras; ¡¡¡ojito, porque siguen siendo unos engendros de Satanás, si no peores!!! Dicho sea de paso: los polivitamínicos tradicionales, esos mismos que nos venden en las farmacias-herboristerías para andar menos alicaídos… sí, también cuentan como ultraprocesados,porque como la causa real de nuestra fatiga no es la carencia vitamínica, sino otra bien distinta, sobrecargan el hígado y los riñones y acidifican la orina. ​

    Otra cosa bien distinta sería hablar de los ultraprocesados salutíferos, pues haberlos-haylos. Por poner un ejemplo paradigmático: las proteínas en polvo del suero lácteo, que presentan altísima acción antiinflamatoria, antioxidante, regeneradora del epitelio intestinal y saciante –entre otros muchos útiles– y que deberían sustituir ipso factoa los polvos azucarados/edulcorados de cacao que le damos inocente e indolentemente a nuestra prole.

    Centrobenestarsantiago.com

    30 mar 2020 / 00:00
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