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LOS REYES DEL MANDO

Por los músicos

    LA MUERTE de Montserrat Caballé ocupó gran parte de los informativos (como tema de apertura), y eso, aunque fuera por una mala noticia, ya tiene su mérito. Lo digo porque la cultura no aparece normalmente en los noticiarios hasta pasada media hora, o sea, hacia el final, y desde luego con mucho menos repique de campanas que los deportes, incluso con menos relevancia que la información meteorológica, hoy uno de los programas favoritos de todas las televisiones. Tienen que pasar cosas verdaderamente contundentes, como la muerte de alguien tan extraordinario como Montserrat Caballé, para que la cultura se abra camino en los informativos.

    Pero ya se sabe que vivimos momentos en los que todo está ocupado por el ruido, un ruido que enfanga y afea la vida, que la hace infinitamente más agobiante y espesa, aunque, por supuesto, todo responda a ciertas estrategias para la dominación de la masa. La cultura sigue desaparecida, vilipendiada, porque no interesa que intervenga de verdad el pensamiento crítico, el que no se deja pastorear ni simplificar, ni tampoco interesa, al parecer, que se despliegue como debe el espíritu de las contradicciones. Ni las ideas complejas y poliédricas. Ni el aura provocadora (siempre tan liberadora y tan necesaria) de los artistas, poco afectos a doblegarse al imperio gris de los eslóganes, a la culturilla torpe y barnizada de los amantes de la corrección política.

    Pero con la muerte de Monserrat Caballé todos han vuelto a titular, y a dedicar veinte minutos a la cultura, cumpliendo de paso con ese dicho, creo que era de Rubalcaba: que en España siempre hemos enterrado muy bien. Rara vez hablamos de escritores, de músicos o de pintores, menos aún de cineastas, pero si alcanzaron gloria y fueron grandes de verdad, como sin duda fue el caso de la Caballé, entonces nos deshacemos en elogios cuando ya no están. Somos así. La cultura de los vivos nos interesa menos, no vaya a ser que quieran contar lo suyo, no vaya a ser que agosten el ruido cotidiano de las bisagras herrumbrosas de nuestra existencia. Me lo decía el otro día, en una larga conversación que mantuvimos, el gran Carlos Núñez (que acaba de publicar ‘La hermandad de los celtas’, en Espasa), cuya perplejidad por la escasa presencia de nuestra música de raíz en el contexto nacional, frente a otras que son omnipresentes, algo que nunca se ha explicado del todo. Y lo dice otro grande, pues nadie pondrá en duda que Carlos Núñez es, por muchas razones, uno de los músicos más importantes del mundo.

    Larga vida a los músicos en el aciago día de la muerte de una de las más grandes, Montserrat Caballé. Aunque recordada siempre, y celebrada en vida (no sé si tanto como se merecía), en este día la escena más repetida en las pantallas es su emotivo ‘Barcelona’ con Freddie Mercury. Por supuesto, la Caballé fue muchísimo más. Pero reconozco que la fusión de lo clásico y lo moderno está en la esencia de la grandeza. Lo mismo que Carlos Núñez me recuerda de las músicas celtas, tan maravillosamente presentes en la música popular, tan enraizadas en la música tradicional pero también en la música antigua. Un respeto para los músicos en este día. En los pubs de Irlanda no hay nada más censurable que interrumpir una canción.

    07 oct 2018 / 00:00
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