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¿Por qué no tiene ‘lobby’ Santiago?

La capital de Galicia languidece, atrapada en la tela de araña de los intereses de A Coruña y Vigo // El Consorcio está jibarizado, el Real Patronato agoniza y los empresarios van cada cual por su lado // Es la hora de aprovechar la llegada de un alcalde con el perfil idóneo para liderar un gran proyecto de ciudad // Lavacolla, AP-9 y Cidade da Cultura, tres grandes retos

El gran reto al que se enfrenta Santiago es ser, de verdad, la gran capital que impulse el desarrollo de Galicia, y que ejerza de árbitro moderador entre los distintos territorios. Soporta la ciudad la pesada carga de su imagen indolente, exacerbada por la leyenda urbana de que todo le llega hecho, de que la sociedad compostelana nunca ha tenido que pelear por nada y de que, en consecuencia, nada valora. Se non è vero, è ben trovato. En cualquier caso, es la hora de reaccionar para encarar el futuro con unidad y proyectos ilusionantes. Veamos por qué.

1 ¿Qué nos diferencia de vigueses y coruñeses? Santiago languidece, sin un lobby que la defienda, atrapada en la tela de araña de los intereses de las dos grandes metrópolis gallegas: Vigo, con casi trescientos mil habitantes, y A Coruña, con cerca de doscientos cincuenta mil, pelean con uñas y dientes por sus aeropuertos, aunque sobren; por un superpuerto que es la viva imagen del despilfarro; por captar grandes inversiones de Madrid y Bruselas; por sus medios de comunicación, a los que miman y utilizan como altavoces estratégicos para impulsar proyectos.

2 ¿Por qué languidece la capital? Por un Consorcio jibarizado, con inversiones menguantes; por un Real Patronato que duerme el sueño de los justos desde hace años; por un empresariado desaparecido y con cada cual haciendo la guerra por su cuenta; por los grandes proyectos –la Cidade da Cultura– hibernados y hasta repudiados; por las dudas con ampliación de la autopista, en el aire por un proyecto a medias que no contempla los enlaces que necesita Compostela para convertirse en la gran plataforma del transporte que necesita Galicia. Y así, hasta el infinito y más allá (si se nos permite la humorada del héroe de Toy Story) .

3 ¿Por qué Lavacolla pierde enlaces con Madrid y se desangra en una guerra estéril con Alvedro y Peinador? El aeropuerto central de Galicia podría competir con Oporto, pero la realidad es que una terminal preparada para gestionar cuatro millones de viajeros al año recibe solo dos. La errática política de subvenciones de los alcaldes Negreira y Caballero esquilma los petos de coruñeses y vigueses, desquicia al mismísimo presidente de la Xunta y empuja a los aeropuertos gallegos al precipicio de la quiebra, sin que la sociedad compostelana dé un paso al frente y, al menos, ponga el grito en el cielo.

4 ¿Por qué a cada iniciativa de mejora le nace un pequeño ejército de boicoteadores, y sectores sociales de peso son más noticia por sus líos internos que por su trabajo en positivo? El alcalde Agustín Hernández se enfrenta a protestas que intentan poner en la picota proyectos urbanísticos –Carreira do Conde y praza do Matadoiro, sin ir más lejos– que buscan humanizar y modernizar la ciudad. Pareciera que el no forma parte del ADN compostelano. Ahí están las asociaciones de comerciantes y hosteleros, enzarzadas en luchas intestinas que las distraen del objetivo de mostrar a millones de turistas una imagen de modernidad y calidad.

5 ¿Qué instituciones deberían dejar de hacer guerras por su cuenta y crear el lobby para situar Compostela en el lugar que merece en el mundo? El Concello, como representante de la ciudadanía; la Iglesia, custodio del Apóstol y la Catedral, iconos universales; la USC, por su autoritas y por ser la casa común de la ciencia y las humanidades.

6 ¿Y qué empresarios y entidades deben integrarse? Cámara de Comercio, hostelería, asociaciones del Ensanche y la zona monumental, Club Financiero, enseñanza, áreas comerciales y grandes empresas como Finsa, Urovesa, Televés, Plexus, Puentes, Pérez Rumbao, Aucasa, Santiago Sur, La Rosaleda...

7 ¿Cómo hacer operativo el proyecto? Con transparencia –basta copiar el modelo de las grandes democracias–, y con la asesoría y complicidad de profesionales de prestigio que aporten ideas y se erijan en espíritu crítico de lo que la sociedad demanda.

8 ¿Por qué hay que cuidar la política mediática? Las decisiones que adopte el lobby necesitan el apoyo del grupo periodístico de la capital de Galicia, con un equipo de excelentes profesionales que siente pasión por la defensa de los intereses de Santiago.

9 ¿Es el momento idóneo? Sin duda. Debemos aprovechar la llegada de un alcalde con el perfil idóneo para liderar un gran proyecto de ciudad. Hace décadas que Compostela no disfruta de una ocasión de oro como ésta.

10 ¿Sabremos dar el paso adelante? Quien algo quiere, algo le cuesta. Nos arriesgamos a quedar estancados, mientras las urbes del norte y el sur crecen y acaparan recursos. Sería imperdonable que Santiago dejase pasar su oportunidad, de brazos cruzados y ensimismada en sus oropeles.

Pié de foto: De izquierda a derecha y de arriba abajo: Agustín Hernández, alcalde de Santiago; Juan Viaño, rector; Julián Barrio, arzobispo; Luis Verde, gerente del CHUS; José Oreiro, Turismo; Jesús Asorey, Cámara de Comercio; Manuel Guitián, El Corte Inglés; Abraham Cano, As Cancelas; José María Fernández, Santiago Centro; José M. Bello, Compostela Monumental; Ghaleb Jaber, hostelería; Domingo Aller, Finsa; José Sierra, Urovesa; Ramón Bescan, Televés; José Luis Liñares, Aucasa; Roberto Pereira, Club Financiero; José Manuel Otero, Grupo Puentes; Emilio Pérez Nieto, Grupo Pérez Rumbao; Emilio Penas, Santiago Sur; Antonio Agrasar, Plexus; Luis Peleteiro, Colegio Peleteiro; Ubaldo Rueda, Instituto Rosalía; Rafael Silva, La Rosaleda; Salvador García Bodaño, Ateneo; Raúl López, Obradoiro; Antonio Quinteiro, SD Compostela; Simón Sabariz, comisario jefe

08 feb 2015 / 00:00
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