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martes, 02 junio 2020
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EDITORIAL

Optimismo poco fundamentado

    MUCHOS EXPERTOS de renombre insisten estos días en que la economía experimentará un rebote espectacular en cuanto el coronavirus sea derrotado y la población recupere la confianza. Bien, todos los ánimos son bienvenidos si tienen algún fundamento, pero lo cierto es que el panorama va adquiriendo cada vez un color menos esperanzador, tanto a nivel global como en el ámbito que nos toca más de cerca. Y a lo peor resulta más sensato ponerse desde ya mismo en un escenario pesimista para que luego la bofetada sea tal y como esperábamos; es decir, no edulcorada con el mensaje de que las ayudas para superar el bache serán abundantes y de tramitación muy rápida. En Santiago, por ejemplo, la cosa no pinta bien. Nada bien. ¿Para qué ocultarlo? Aquí, como en la mayoría de las ciudades que viven de cara al turismo, la temporada alta está a punto de empezar… y lo hará con todos los establecimientos del sector cerrados por orden del Gobierno y porque no tienen a nadie a quien alojar o servir. ¿Mejorará algo el panorama de cara al verano, que está ya casi a la vuelta de la esquina? Posiblemente sí, aunque es prácticamente seguro que el sector turístico se resentirá durante un largo periodo de tiempo por mucho que las restricciones de movilidad se levanten paulatinamente en los próximos meses. Las cuestiones son muchas y peliguadas. Por ejemplo, ¿alguien cree de verdad que el Camino de Santiago se llenará de repente de peregrinos procedentes de todo el mundo y que los aviones llegarán llenos de forasteros deseosos de moverse y de gastar dinerales tras el largo confinamiento? Ojalá sea así, aunque lo cierto es que muchos factores indican que durante bastante tiempo reinarán el miedo y el recelo a viajar, a compartir y a mostrarnos cercanos. Saldremos de esta, claro, pero no a base de mensajes optimistas, sino con grandes baños de realismo. Churchill, en su discurso más famoso durante la Segunda Guerra Mundial, solo prometió a los británicos sangre, sudor y lágrimas. Muchas veces es mejor hablar claro y dejar los mensajes optimistas hilvanados solo con palabrería.

    31 mar 2020 / 00:00
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