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¿Pianistas? No, gracias, periodistas y a mucha honra

    NO ES ESTE el momento de ponernos tremendos con eso de que hacer periodismo en España es llorar, aunque sea radicalmente cierto. Tampoco es el momento de recordar a Thomas Jefferson y su legendario "prefiero periódicos sin Gobierno que gobernar sin periódicos", porque si el tercer presidente de los Estados Unidos levantase la cabeza no entendería nada de un mundo tan empachado cuan anestesiado por cientos de impactos informativos diarios, imposibles de digerir e inútiles, por lo tanto. Ni siquiera es el momento de advertir de que la debilidad del periodismo nos acerca a aquellos ominosos tiempos en los que el que llamaba al timbre a las siete de la mañana no era el lechero. Sí lo es, en el Día Mundial de la Libertad de Prensa, de hacer autocrítica, de reconocer que tenemos parte importante de culpa en el desplome del prestigio social de una profesión, la nuestra, sin la que la democracia no solo no se entiende, sino que no existiría. Hemos abdicado del ejercicio del contrapoder y nos hemos dejado seducir por los cantos de sirena, los oropeles y los dineros de todos los poderes. Nos hemos desarraigado de la sociedad, de la defensa de sus intereses más nobles y de sus valores. Y nos han cogido los años oscuros chapoteando en el pantano del compadreo a cambio de subvenciones, no porque no tengamos derecho a ellas para consolidar nuestros grupos de comunicación, pero con reglas de juego transparentes y nunca vinculadas al derecho de pernada de los poderosos. Con más de seis mil empleos perdidos en los últimos cuatro años, lo que nos convierte porcentualmente en una de las profesiones más devastadas por los zarpazos de la crisis, es la hora de mirarnos al espejo, de recuperar la dignidad y no tolerar ruedas de prensa sin preguntas, de poner en valor nuestra obligación de elaborar informaciones veraces, contrastadas y libres de servidumbres políticas y económicas. Con los líderes de la prensa mundial, el Grupo Correo Gallego enarbola hoy con más fuerza que nunca la bandera del periodismo de calidad, porque sabemos que sin periodistas bien formados, rigurosos, independientes y con salarios dignos, nuestro sistema de convivencia hará aguas en el negro mar de las tentaciones totalitarias. Defendemos que de la crisis del periodismo solo saldremos a base de más y mejor periodismo, con profesionales capaces de autentificar y contextualizar la información. Creemos en la utilidad del soporte papel, mientras la oferta digital crece y madura, y reivindicamos el oficio más hermoso y el derecho a tener un futuro tan espléndido como nuestro pasado al servicio de la sociedad. Porque, en fin, queremos decirles con orgullo a nuestras madres y a nuestros hijos que somos periodistas, no pianistas en un burdel.

    02 may 2012 / 21:07
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